martes, 17 de junio de 2014

El nacimiento del sol


Besh: la nada y la luz
Baa: el sol
Inoh: la luna
Grev: la tierra
Lalra: el cielo

Lalra y Grev nacieron de la tierra, escribieron sus nombre en el lodo antes de hablar, no tenían ojos, no veían el mal, no había mal, andaban entre la tierra por que la sentían respirar. Nacieron y Baa les dio nombres, cuando la tierra dejo de moverse les dio bocas, pero aun no podían hablar, gemían y de sus gemidos formaron montañas y ríos. Cuando hubo montañas y ríos Baa les dio oídos y escucharon sus propios gemidos y formaron sonidos y canciones; entonces se creo el cielo, tuvo color y tuvo estrellas, pero sin luna ni sol. Pintaron de colores la tierra con sus canciones, pero sólo existían sus voces y Baa les preguntó, preguntó los nombres que escribieron al nacer y dijeron Lalra y Grev, y crearon las palabras, de las palabras vino el sonido y de los sonidos otros gemidos, que se transformaron en patas, en hocicos y orejas; criaturas amorfas poblaron la tierra. Todos eran ciegos, se movían por las voces, los gemidos y los sonidos de la tierra. Baa no era ciego, era el único que podía ver lo que se había creado, se sentaba en el monte más alto y veía todo, le sorprendía lo burdo y perfecto.
Baa nació de Besh, de sus lagrimas, de su semen nació Inoh, esposa de Baa. Inoh y Baa copulaban en la nada, pero no creaban nada. Copularon en la luz y crearon luz. Los pies de Besh estaban rotos, los rompió el mismo para estar a la altura en la nada y en la luz, sus partes crecieron solas y crearon la tierra. Baa e Inoh copularon en la tierra y de la luz, la tierra se movió. Baa penetró a Inoh y de su semen en la tierra que se movía, retorciéndose salieron Lalra y Grev.
Baa que veía e Inoh que sentía copulaban siempre en la luz, creando luz, el cielo se iluminaba y se partía en dos, las estrellas temblaban y tambaleaban la tierra. Pero sólo Baa lo veía, las luces se cuarteaban en miles de colores y en líneas de cristal que caían sobre la tierra, la belleza la sintió Baa por primera vez, besó el rostro de Inoh y le dio ojos y ella vio, vio lo magnifico de la luz y en el cielo quebrado en luces y colores apareció la luna, blanca como los ojos de Inoh.
En la noche perpetua sólo Baa estaba con Inoh, no existían los sexos en la vida creada, todos caminaban sin hambre, sin placer y sin pena, sin frío ni calor, ni tristeza ni alegría. Inoh que veía, vio a Lalra y Grev arrastrándose, los jalo y los paro en dos pies, los vio iguales y le pidió a Baa hacerlos como ellos, esposos. Baa dijo que si hacían eso, seguirían creando, pero ellos ya no podrían; le pidió que les diera ojos, pero Baa dijo que no se atrevía. Le dijo que sólo Besh decidiría, pero Besh se había cortado brazos y piernas y estaba a punto de no existir, dejaría la creación para sus hijos Baa e Inoh.
Inoh busco a Besh que se volvía nada y pidió vida para Lalra y Grev, para que fueran más que criaturas y crearan como ella. Crear es sólo para el que tiene voluntad, dijo él. La nada ya no la tiene, se hará con la luz y podrán seguir creando. Sus miembros se partieron y se esparcieron. Ellos no tienen voluntad - le dijo Baa a Inoh- han gemido y nada más, se han arrastrado y nada más. Les enseñaste a decir sus nombres y nacieron escribiéndolos, podes enseñarles a crear – dijo Inoh a Baa; les daré mi voluntad – agregó.
Baa e Inoh copularon y crearon una vez más; la luna se quebró, adelgazaba y se llenaba una vez más; cada vez que él la penetraba la tierra se abría y se sacudía, las criaturas entraban en ella y eran escupidas con nuevas formas, con nuevos colores. Lalra y Grev fueron tragados y esculpidos en la tierra con forma de hombre y de mujer, en la tierra que los entrego copularon también, Grev penetró a Lalra y el cielo se partió en dos, se decoloro y se atraganto en luz como aquella vez que la noche nació. Lalra y Grev conocían las palabras y crearon los sonidos y de sus sonidos nacieron los nombres, el día y la noche. Del cielo partido Baa se maravilló, les dio su lenguaje y les dio ojos, por qué ahora él no podrá crear. Lalra y Grev miraron el cielo que crearon y había sólo sol. Más tarde después de los alimentos que crecían en la tierra y la carne de los animales que ahora existían, llegó la noche y sólo la luna. Nunca vieron a sus padres, pero de noche copularon y crearon, como sería su voluntad.

domingo, 15 de junio de 2014

Una nota

Quisiera agradecer –aunque no sea necesario – tengo que hacerlo, por que llegó a tener un inmenso significado para mí que estuvieran conmigo, aunque yo sólo le dije a una persona. Verlos aparecer, a quienes no esperaba y saber que les importa por lo pasé, por lo que paso; yo agradezco infinitamente. A quienes únicamente mandaron un mensaje hermoso y alentador, quienes a pesar de la distancia expresaron su comprensión y apoyo, quienes trataron de estar presentes y no pudieron, quienes ofrecieron sus brazos para apoyarse y un hombro para llorar. Muchas gracias.

Agradezco a quienes estuvieron conmigo un momento, ahí de pie, donde todo se derrumbaba, y especialmente a quienes se quedaron hasta el final. A los que me sorprendieron, y aquellos que simplemente dijeron te quiero. De manera especial aprecio el confort que me dieron mis profesores, aunque sea sólo comprendiendo y posponiendo deberes, a los que me desearon resignación y me dieron tranquilidad, a la directora que estuvo al pendiente y expreso su apoyo. Aprecio a mis compañeros, a toda la escuela, que siempre fue la mejor parte de mi día, desde que me levantaba hasta pasar todo el día en el hospital; un momento en  que los problemas se desvanecían, que no existían los doctores, los exámenes, los resultados, los tratamientos, las medicinas y el miedo, un momento en el que podíamos hablar de poesía, de palabras, de historias, siempre acompañados de buenas ideas.

Agradezco por que estuve a punto de romperme y gracias a todos no lo hice; por que me sentía sola y abandonada, y gracias a todos no fue así. Yo sé que a mi mamá le hubiera encantado verlos a todos y a conocerlos, ella siempre tuvo una facilidad para llevarse bien con la gente y siempre se ganó fácilmente el cariño de quienes la rodeaban; a ella le hubiera encantado principalmente saber que estuvieron conmigo. 

La nada

si hay algunos cielos mi madre tendrá (todo para ella)
uno. No será un cielo de pensamientos o
un frágil cielo de lirios del valle sino
un cielo de rosas rojinegras

- E. E. Cummings


Anteriormente, cuando hablé de evacuaciones y como el sexo y defecar son procesos e instintos que se omiten con la intención de negar la animalidad del hombre, olvidé mencionar la muerte. Morir no es un instinto, pero sí es un proceso, uno que comienza desde que se nace, que como los anteriores empujan al individuo hacia la masa, lo aparta de su personalidad; y en el momento en que el corazón deja de latir, te vuelve en un concepto, estando ahí en una plancha fría en un ataúd, no eres lo que fue, eres el recuerdo, la idea de quién fuiste,  por qué ya no eres.
El morir como defecar es algo de lo que nadie se salva y la razón por que el instinto del humano como especie superior es vencer a la muerte es la necesidad de crear, en contra de la naturaleza que te empuja a la muerte; crear por ti mismo como lo hizo Dios, negar lo bajo, mundano y común, por lo divino y elevado, como si lo mereciéramos. Incluso aún cuando te has convertido en nada, queda la huella, en un cementerio, en una cripta, en una urna; aún cuando los que te conocieron también han muerto, queda tu nombre aferrándose a una supuesta eternidad.
Cuando uno se encuentra de frente con la muerte tiene un sinfín de preguntas, un mar de dudas; uno es acosado por los pensamientos, por los recuerdos y es lo que hace mucho más difícil respirar. Y sin embargo allá afuera todo sigue como si nada, la gente camina, las rutinas siguen y los días no terminan, sigue saliendo el sol; y en vez de ser egoísta y querer que todo pare, uno cae en cuenta que es la belleza de la vida, que en realidad no termina; todos siguen sus procesos, sus caminos y los ciclos vuelven a repetirse. Pero la vida se estira, se desgasta, y tiene que terminar; en esa situación uno no piensa en el destino, en el más allá, en el paraíso que fue prometido, piensa en que todo sigue, es un pensamiento alentador y hermoso.
Todos los rituales, las palabras basadas en una ideología, en una religión son dolorosas es cierto, pero no podemos negarles las esperanzas a quién la desea, en cierta forma todos necesitan algo a que asirse, un pensamiento que los reconforte, es un deseo tan grande que desaparezcan todas esas dudas y que todas esas promesas sean reales. Que si existe un cielo, que exista para ella, aunque los demás no lo merezcamos.

jueves, 12 de junio de 2014

El hombre que produce mierda

*Trabajo académico presentado para la clase Hermenéutica, del sexto semestre de la Licenciatura en Letras, en la Universidad Autónoma de Zacatecas.



El único responsable de la mierda es aquel que creó al hombre.
-Milan Kundera,
La insoportable levedad del ser


Cuando uno se encuentra en los límites de la enfermedad, cuando se encuentra vulnerable y desproporcionado, ese momento en el que debe resignarse y ubicarse en un ambiente controlado y estéril, donde la evacuaciones y los procesos se vuelven importantes. En un hospital las regulaciones y los cuidados, siempre referentes al cuerpo humano y sus funciones, fluctúan entre el asco y la desesperación, y es que hace falta un estomago fuerte para soportar la cantidad de cosas que se liberan cuando existen riesgos y enfermedades. Aquellos que se dedican a las limpiezas, las manifestaciones del cuerpo y la revisión de los fluidos que se forman durante el proceso, el proceso de una persona que se encuentra, vulnerable, desnuda y enferma; por que es claro que si algo se ve en un hospital son culos. Este es un trabajo de mierda, referente a la mierda.
Pero no existe la definición de mierda solamente en los sitios vulnerables, donde el ser humano se vuelve uno de los demás, dónde pierde su individualidad, donde sus procesos y fluidos son expuestos para la práctica médica; dentro de este edificio no existe la desnudez como motivo de vergüenza, y es perturbador pensar en aquello que con tanto ahínco tratamos de disimular y ocultar para protegernos de los demás, es exhibido de la manera más normal y simple frente a los demás que deben dedicarse a la mierda día con día. No se trata de que ellos no vivan entre sus desechos en la cotidianidad, pero el hombre se ha esforzado demasiado para ocultarla, para alejarla del pensamiento público, de lo políticamente correcto; y sin embargo, todos cagan.
La sospecha en este caso, se trata de como se ha convertido lo simple y común del mundo a algo inestable y sensible, para transportarlo del lado del pudor creando una mala imagen del mismo ser humano como ser humano, con procesos corporales y órganos internos, incluyendo sus formas, fluidos.  Nietzsche, habla en La genealogía de la moral sobre como las definiciones del bien y del mal cambian de acuerdo a las condiciones sociales, la visión de los buenos y los malos las crean los ganadores, desplazando a los vencidos que tienen su propia interpretación de los buenos y los malos. “Cuando la manera noble de valorar se equivoca y peca contra la realidad, esto ocurre con relación a la esfera que no le es suficientemente conocida, […] no comprende a veces la esfera despreciada por ella, la esfera del hombre vulgar del pueblo bajo; […]el efecto del desprecio, del mirar de arriba abajo, del mirar con superioridad, aun presuponiendo que falsee la imagen de lo despreciado…”[1]  es justamente esa falsificación del hombre, por sí mismo negando; ésta es la primera pista para tener la creencia de que aquello que es mal visto o se considera bajo o vulgar no lo es en sí, “De hecho en el desprecio se mezclan demasiada negligencia, demasiada ligereza, demasiado apartamiento de la vista y demasiada impaciencia, e incluso demasiado júbilo en sí mismo, como para estar en condiciones de transformar su objeto en una auténtica caricatura y en un espantajo.”[2] 
Negar los procesos básicos del ser humano en un intento de alejarnos de las muerte, siempre implorando esa vida estéril  que permita llevar la vida a la ciencia, por que el raciocinio, la estructura, el método y la experimentación han mermado la vida que se esfuerza por vivir, éstos se han filtrado inseparablemente a la vida moderna, empujándonos a ser útil; provocando un extrañamiento hacia sí mismo, como cuando se encuentra desnudo frente a los demás.
Cuando Teresa se soñaba marchando desnuda frente a Tomás, se siente desplazada, perdida entre las demás, sin nada que ofrecer, una des individualización de ella misma a simplemente como una mujer. Ella siempre encontró ese problema en su cuerpo, y en lo genérico que significa la desnudez: “Cuando vivía [teresa] en casa de su madre no la dejaban cerrar con llave la puerta del cuarto de baño. De ese modo, la madre quería decirle: «Tu cuerpo es como los demás cuerpos; no tienes derecho alguno a la vergüenza; no tienes motivo alguno para ocultar algo que se repite en decenas de millones de ejemplares».” Pareciera que el hombre tendría que alejarse, para encontrarse como individuo, qué carga de personalidad puede tener defenderse de la sociedad sirviendo a la sociedad misma.
Nuevamente en el tratado sobre la moral Nietzsche, expresa la mala conciencia como ese brote de los rechazos del moral hacia los diferentes valores: “…la mala conciencia es la profunda dolencia a que tenía que sucumbir el hombre bajo la presión de aquella modificación, la más radical de todas las experimentadas por él, -de aquella modificación ocurrida cuando se encontró […] encerrado en el sortilegio de la sociedad y la paz.” En este caso se trata de la negación de los instintos, sin rechazarlos puramente, sino escondiéndolos, apartándolos  de los valores que ahora se consideran buenos, como es el caso del acto sexual y el acto de defecar, ambos en el mismo nivel mundano y común, que se práctica a puerta cerrada, que se omite y con el cual se habla en eufemismos.
Pero esos instintos que se reprimen, dice Nietzsche: “Yo creo que no ha habido nunca en la tierra tal sentimiento de miseria, tal plúmbeo malestar, -¡y, además aquellos viejos instintos no habían dejado, de golpe, de reclamar sus exigencias! Sólo que resultaba difícil, y pocas veces posible, darles satisfacción”[3] ésta emerge por distintas zonas y se expresa en otras formas, se desahogan en lo subterráneo “-esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre: únicamente con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denomina su ‘alma’.”[4] Aunque yo me refiero únicamente a estos dos actos, son todos los instintos reprimidos moralmente los que se interiorizan. La mala conciencia se forma en la vergüenza de la desnudez de Teresa, pero también en la que siente aquel que debe defecar y no se siente con la confianza de hacerlo; vuelve a este proceso en algo personal e intimo y hacerlo fuera de su espacio personal significa inseguridad y vulnerabilidad; como Teresa que habla sobre poner llave a la puerta del baño, y ocultarse de hacer algo que todos hacen en cualquier momento; por que eso es rebajar al hombre, como el hombre que come y caga: “el sufrimiento del hombre por el hombre, por sí mismo, resultado de una separación violenta de su pasado de animal, resultado de un salto y una caída […]en nuevas situaciones y en nuevas condiciones de existencia, resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos”[5]
Finalmente aquellas necesidades fisiológicas, que se intuye psicoanalíticamente, representan un despertar sexual en la etapa infantil, de modo que los dos instintos a los que yo hago referencia están íntimamente relacionados “… el erotismo anal va ligado a la evacuación, y la pulsión sádica a la destrucción del objeto; en la segunda fase, el erotismo anal va ligado a la retención, y la pulsión sádica al control posesivo.”[6] Finalmente es ese control, lo que vuelve a Teresa Insegura, de sus procesos y de su cuerpo desnudo. Del psicoanálisis rescatamos la parte más natural del ser humano que trae consigo el defecar, implica la imagen del inconsciente que está presente en esos procesos instintivos inevitables, y que efectivamente se exteriorizan en otras cuestiones, pero también se vuelven interiores en una personalidad y claramente posee una carga simbólica que se hace notar en la misma sociedad que la rechaza, ya que le da valor : “En la fase anal, se unen a la actividad de la defecación los valores simbólicos del don y del rechazo; dentro de esta perspectiva, Freud puso en evidencia la equivalencia simbólica: heces = regalo = dinero”[7].
Exteriorizar tales instintos sin tener en cuenta los valores morales imperantes puede ser contraproducente “…contra los viejos instintos de la libertad […] hicieron que todos aquellos instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, […] La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresividad, en el cambio, en la destrucción -todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos”[8]. De hecho estos actos bajos y vulgares ya que poseen esta carga simbólica, no sólo se encuentran de lado de la vergüenza y el pudor, es ésta misma la que puede crear una carga positiva y las alusiones escatológicas, valiéndose de la exageración, la hipérbole y la imagen grotesca; para expresarlo nos detendremos en un pequeño pasaje de Gargantúa y Pantagruel de François Rebelais, el fragmento sobre el gigante Gargantúa ha encontrado la manera perfecta de limpiarse el culo: “Pues, veras; no hay necesidad de limpiarse el culo sino cuando se tiene sucio. No se puede tener sucio si no se ha cagado. Lo primero y lo mejor es, pues, para limpiarse el culo haber cagado bien”[9];  está imagen que se toma para hablar de la evacuación y sus procesos de una forma más libre, Mijaíl Bajtín lo expresa como la exageración de la imagen corporal[10], como serían los órganos corporales y la virilidad, y así reformándolo en una imagen positiva del mismo cuerpo. Rabelais se mueve en la risa transformando algo moralmente mal visto, hablando de defecar como algo normal y satisfactorio.
El placer por la sola existencia de éste, fuera de velos y disimulos, de ese tipo que el mismo Nietzsche expresa como Dionisiaco: “…ese placer no debemos buscarlo en las apariencias, sino detrás de ellas. […] nos vemos forzados a penetrar con la mirada en los horrores de la existencia individual”[11]  aceptar y formar parte de lo que se negó anteriormente, pero dentro de un punto de embriaguez y en este caso de la risa. La contraparte del mundo formal y moralmente aceptado, y el embriagante universo de la risa en el que esa visión es aceptada, reconfortada “… esos dos instintos artísticos están constreñidos a desarrollar sus fuerzas en una rigurosa proporción recíproca, según la ley de la eterna justicia”[12] Un constante vaivén de los valores y la trasfiguración que Nietzsche propone.
Anteriormente hablábamos de Tomás y Teresa, cuya historia de amor es el móvil principal en la novela La insoportable levedad del ser, del checo Milan Kundera que en mil novecientos ochenta y cuatro reserva un espacio corto hablando de mierda. Y es que el ser, compuesto también por lo mundano, lo bajo y vulgar está nutrido por el cuerpo que inquietaba a Teresa.
Hablando de mierda como característica del ser humano, que caga y sin embargo el hombre no se ha creado por sí mismo, parte de la imaginación de algo más grande “… veía a Dios ahí en una nube […] y yo me decía si tenia boca, debe comer. Y si come, también tenía que tener tripas…”[13] Por que todo lo bueno viene de Dios, aunque el defecar no es malo, no debería provenir de Dios, pues la mierda es dónde están los hombres, es el deshecho de los hombres, no obstante “… el hombre fue creado a semejanza de Dios y entonces dios tiene tripas…”[14] Cuál es la semejanza, si el hombre caga, fornica y sufre; esa comparación pone en evidencia lo imperfecto del hombre, por qué Dios es lo elevado y la mierda es lo mundano, lo natural y grotesco a lo que estamos atados; y al final es lo que ata nuestro placeres lo que los vuelve humanos –aunque se rechacen a sí mismo– por que “Sin mierda (en sentido literal y figurado) no existiría el amor sexual…”[15] ambas básicas pulsiones instintivas del hombre que manipula y le da sentido a nuestra existencia en la tierra, pero también marca lo morboso y lo irritante: “Mientras se le permitió al hombre permanecer en el Paraíso, o bien […] no defecaba o, lo cual parece mas probable, la mierda no se entendía como algo asqueroso. Cuando Dios expulsó al hombre del Paraíso, hizo que conociera el asco.”[16] Está ultima cita reconoce que lo que nos impide hablar de la mierda, los procesos, la evacuación y la retención es por el conocimiento, aquel por el cual el hombre fue rechazado del Paraíso.
Reitero el concepto de la sospecha, aquel que ha llevado toda mi interpretación de los procesos y la evacuación; en la que a modo de conclusión, la mierda como elemento fundamental de la vida, no se excluye moralmente sino que se omite, esa es la verdad que estaba escondida vislumbrada últimamente por los valores morales a los que se enfrenta Nietzsche; es el instinto primario –junto con la relación sexual– que no queda aparte en las manifestaciones artísticas (literarias en este caso) y cotidianas. El mismo Freud que la falta o la masiva gratificación anal traerá consigo practicas que los acompañaran toda la vida. Termino con Paul Ricoeur, que dice: “…la ‘revelación’ del sentido, que su articulación dentro de un método único de desmitificación.”[17] En este caso la desmitificación del hombre que no evacua, por que aún produce mierda.






[1] NIETZSCHE, Friedrich, La Genealogía de la Moral, Trad. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, p. 6
[2] Ibídem
[3] Ibíd, p. 10
[4] ibídem
[5] Ibídem
[6] LAPLANCE, Jean, Diccionario de psicoanálisis, Paídos, Buenos Aires, 2004, p. 146
[7] Ibídem
[8] Nietzsche, Friedrich, Óp. Cit., p. 10
[9] RABELAIS, François, Gargantúa y Pantagruel, Editorial Porrúa “Sepan Cuantos…” 6ta edición, México, 2013, p. 31
[10] Cfr. BAJTIN, Mijaíl, La cultura popular en la edad media y en el renacimiento, el contexto de François rabiláis, Alianza Editorial, España, 2007
[11] Nietzsche, Friedrich, El nacimiento de la tragedia, Versión en línea, 2014, p. 12
[12] Ibíd. 15
[13] KUNDERA, Milan, La insoportable levedad del ser, Tusquets Editores, México, 2013, p. 257
[14] Ibídem
[15] Ibíd., 259
[16] Ibíd., 259
[17] RICOEUR, Paul, Freud: una interpretaciónde la cultura, Siglo Veintiún editores, México, 1990, p. 32

miércoles, 11 de junio de 2014

Procrastinación



Días para terminar, pero te ha vencido, lo sabes.


Ruegas a Dios un milagro, pero eso sólo pasa en la tele, lo sabes.



Tienes tu milagro ¿por qué no lo aprovechas? 

Desde el desbaratamiento

He compartido en este espacio mi paso por la universidad, lo que ha costado y lo que se ha ganada, aunque tal vez no de manera abierta o muy obvia pero ahí está. Lo que convierte a este espacio en uno muy personal sin serlo realmente, no imagino como alguien se podría enganchar de él, pero lo dije, puede que algún día se me ocurran cosas buenas.
Después de soportar lo que se puede soportar, y pasar temerosa por cada semestre ayer finalmente me quebré. Y que terrible confesarlo pero supliqué, supliqué por una prorroga, molesté a quién no debía en la noche y dejé quebrar mi voz para quienes no debían escucharlo. Muy alejado de mí. Pero llegué a ese punto en que es mucho más fácil rendirse, por qué -me cansé de decirlo-  estoy agotada, virtual y mentalmente deshecha, tanto así que mi mente se vació y ya no puedo pensar, ya no puedo hacer las cosas que hace unas semanas se supone que hacía bien, mi caminó se torció.
Suena muy dramático, pero así debe sonar por que acaba de suceder, por que acabo de romperme y aún no sé como reconstruir todo nuevamente. Podría desbaratarme más cruelmente, pero queda tiempo para eso; mientras tanto sé que hay que reiniciar reboot y ver que tal sale. Hoy, lo que queda de la semana es la prueba de fuego, para ver si sirves de algo, tú, la que escribe.
Después de todo sigo aquí por que quiero terminar, por impulsarse hacia delante y todas esas cosas sacadas de los seminarios de autoayuda; pero eso lo dejaremos para otro momento. 

Atte. Yo, desde el desbaratamiento.

jueves, 22 de mayo de 2014

Noche de esfuerzo y reflexión

Llaman al siguiente mi mejor trabajo, y no pretendo objetar esa afirmación; sí existe esa posibilidad de que hayan visto en mi trabajo cosas que yo no vi, cosas buenas, por que yo no veo más que error tras error, la imagen que creé de mi investigación nunca es alcanzada, yo nunca cumplo mis propias expectativas. Es muy bueno recibir apoyo, es muy bueno que vean que mejoro, que encuentro algo de que asirme, y es muy bueno que reconozcan tu trabajo y tu esfuerzo. 
Debo admitir que casi todo lo que escribo nace orgánicamente, de ideas que saltan durante la lectura y que no me dejan en paz; es la parte más divertida de la investigación, instaurar una verdad, notar que hay mucho que ya se ha dicho sobre esos pequeños detalles. Parece tan emocionante, comprobar tu propia hipótesis y darle un sustento a tus propias ideas. 
Nada es definitivo, pero hay tanto que decir. Es la parte maravillosa de la literatura y de estudiar literatura. Y es una de las partes maravillosas de esta carrera, escribir para ser leído, aunque sean nuestros compañeros de clase, es una forma de comenzar, pero sí quiero más, lo quiero todo.
Espero haber aprendido algo de este día, de como tomaron un trabajo que no me gustó, que me parece suelto y caótico y encontraron la maravilla de trabajar con una teoría científicamente; hay tanto que decir. Espero algún día me guste algo de lo que escribo, por que debo admitir que me divierto escribiéndolo.

La infinita mirada hacia la inmensidad

*Trabajo académico presentado para la clase Literatura europea moderna, del sexto semestre de la Licenciatura en Letras, en la Universidad Autónoma de Zacatecas.


¿No evoca el vértigo abisal de las grandes profundidades, la llamada de una infinitud abierta dispuesta a devorarnos y a la cual nos sometemos como a una fatalidad? ¡Qué agradable sería poder morir arrojándose al vacío absoluto!
-E. M. Cioran,
En las cimas de la desesperación

Toda empresa tiene su elixir, esa puesta a prueba de la vida entre los peligros y la desesperación para conseguir algo que no puede venir de otra fuente. La idea de una luz cálida para la humanidad tenía un costo más allá de sólo encender la lámpara, ya fuese del petróleo que luego dominaría el mercado, había un elemento aún más preciado que era arrancado de la vida misma de la naturaleza. Las monumentales bestias que surcaban las heladas aguas del océano llevaban consigo el preciado aceite que proveía de luz cualquier morada. Arrancado de la vida de una ballena, todo se aprovechaba, tomaban su semilla, para ver lo que resta entre el agua salada y la sangre del animal; la vida del barco entre viseras y restos de cetáceos.
Pero más allá de los fines industriales que significaban estos animales, estaban las vidas de aquellos que cargaban un arpón, listos para penetrar la gruesa piel de los mamíferos; esas vidas de cientos de hombre que pasaban sus día en el mar, alejados de las reglas sociales, sumergidos en la enormidad sin más compañía que ellos mismos, sin más entretenimiento que lo que el barco era capaz de ofrecer, y atados siempre al capricho inclemente de la naturaleza. Es entonces cuanto tu vida es reducida a la practicidad de la industria, es consumida por la necesidad de otros miles.
Moby Dick, la obra que nos atañe, cuenta distintos viajes; una visión desde la proa del Pequod; e Ismael, el narrador y único sobreviviente de la monumental travesía, es la visión, la experiencia de un sólo hombre frente a la venganza, la desesperación, la naturaleza y la ballena o “el mal absoluto”. Está la aventura de este hombre que es consumido por el mar, que busca el sentido de su vida entre la extensión total en medio del viaje del Capitán que sintió las mandíbulas de la monstruosa Moby Dick. Se trata de un descendimiento del personaje, el momento cuando el temperamento es puesta a prueba por algo mucho más grande, que devorará lo que puede. Es bajar al infierno, y en la mayoría de las historias épicas es fundamental para finalizar cualquier viaje, cualquier entendimiento del yo.
El hombre, Ismael vive sin ataduras en tierra firme, lo poco que conocemos de su vida, en las primeras líneas deja claro lo que significa la sustancia de la tierra: “Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí”[1]; el dinero no tiene más valor que pagar la supervivencia de un día más, no hay familia ni más sueños que pueda buscar, es entonces que el mar lo llama, cómo lo hace normalmente, como cualquiera que siente que no puede más con la población se aleja a la soledad absoluta, tiene esa decepción de la tierra firme, la sobrepoblación, la industria, la despersonalización de la ciudad de Nueva York, y dice:
…cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda[2]
La soledad que prometen las aguas, el nuevo compañerismo y hermandad que nace de los hombres que arriesgan su vida día con día, hace pensar que en tierra todo es falso, todo crea preocupaciones. Pero en ese mundo oceánico, se abren las fauces que devoran al hombre que no es estable; ya en el interior de sí mismo puede que encuentre algo que lo obligue a verse diferente, que lo obligue a caminar por distintos pasos
Porque la felicidad de las moradas profundas no ha de ser abandonada con ligereza, en favor de la dispersión del yo que priva en el individuo cuando está despierto. […] ¿Quién que haya abandonado el mundo —leemos— desearía regresar de nuevo? [..] Sin embargo, en tanto que vive, la vida lo llama.[3]
Éste es el vientre de la ballena que Joseph Campbell define como adentrarse y ser asimilado por una fuerza más grande y titánica; es una referencia constante a convertirse en el alimento, ser la energía que consumir; como ya se dijo se trata del mismo mar que reclama al alma inquieta, pero las posibilidades son caprichosas e inestables. “Ya estamos atrevidamente lanzados sobre la profundidad, pero pronto nos perderemos en sus inmensidades sin orillas ni puertos”.[4]
La mayoría de los viajes, sí existen por la búsqueda de un elixir,  el conocimiento colectivo de una comunidad; muchas veces los peligros que se encuentran van más allá de la madurez y el bien común, se trata de algo que poner en segundo plano sus intereses para sacrificarse por aquello de mayor importancia. Cuando hablamos de descender al infierno, es descender a tus propios miedos e inseguridades, es una interiorización, una experiencia puramente personal.
La caverna más profunda, ese espacio en el que se acepta su propio lado oscuro; encontrar y definir la personalidad dentro de la inmensidad que te come. El hombre que debe enfrentarse a sí mismo, para alcanzar su sentido como personaje, su razón de existir, por que alejado de todo “...deja su hogar y familia, vive mucho tiempo solo, mira demasiado profundamente en el espejo oscuro, entonces el tremendo suceso del encuentro puede caer sobre él.”[5], ahora dentro de la misma otredad, el sujeto experimenta un cambio de las percepciones del su mundo. Una transformación de los valores de la vida cotidiana, lo que era de importancia desaparece en el cosmos desconocido en el cual ahora se encuentra, a partir de experiencias, umbrales y desafíos:
El individuo, por medio de prolongadas disciplinas psicológicas, renuncia completamente a todo su apego a sus limitaciones personales, idiosincrasias, esperanzas y temores, ya no resiste a la aniquilación de sí mismo que es el prerrequisito al renacimiento en la realización de la verdad y así madura, al final, para la gran reconciliación.[6]
Se busca alejar de sus limitaciones y desesperaciones, para obtener el conocimiento, encontrándose en el proceso. Este viaje interior no es por la redención de una sociedad, sino la supremacía del ser humano frente a la naturaleza, no para adaptarse a ella, más bien se trata de la unificación.
Carl Jung propone al árbol contrastado al bosque; la totalidad frene a lo individual, dice: “el bosque, como sitio oscuro y opaco, es, como la profundidad del agua y el mar, lugar propicio para lo desconocido y lo misterioso”[7] esto significa que en este caso el mar engulle al individuo perdiéndose en este, debe identificar claramente su propia personalidad para no sumirse en la inmensidad del océano; los arboles como los peces y ahora un hombre, es un ser individual que debe persistir a pesar de la profundidad y lo desconocido; el sujeto se enfrenta a sí mismo para extraer un conocimiento que libere del tormento al pensamiento.
El ser humano que presupone ese sentido de individualidad, constantemente debe enfrentarse a su propia insignificancia. La existencia cargada de penas y dudas plantea ante cualquier ser un vacío. Nada que lo ate al mundo, nada que pone a prueba la sustancia individual, ya que es un instrumento para un propósito mucho más grande, un solo hombre en una embarcación mecánica y precisa, en la que cada uno tiene una función específica y nada más; convierte a los sujetos en una parte más del mar, en peces, esperando a ser consumidos por lo desconocido, los despersonaliza; se trata de lo mortal en contraste frente a lo inmortal, lo insignificante frente a lo inmenso.
Algo tan simple como una luz de noche  representa el riesgo de cientos de individuos que sin nada más que sobrevivir, se enfrentan a los más bello y aterrador del mar, esa imagen infinita en la que lo desconocido está alrededor, y afuera está la bestia, que es el más grande de los peligros y dentro, el preciado elixir: “Y no era tanto su insólito tamaño, ni su sorprendente color, ni tampoco su deformada mandíbula inferior lo que revestía a la ballena de terror natural, cuanto esa inteligente malignidad […] que había evidenciado una vez y otra en sus ataques.”[8], la omnipresencia del animal, ésta nunca se pierde en la inmensidad, más bien juega con ella y la usa para su beneficio; no hay personaje más definido, ni más grande misterio para el hombre. Moby Dick es la presa, la última finalidad, pero también es la ballena esperando devorarte.
Es natural que el cazador se desdoble en su presa, que busque acabar con su propio lado oscuro, con sus perturbaciones, pero el capitán Ahab se pierde dentro de ellas; busca su venganza, pero su motivación es su único medio de vida; aniquilar no es la condición para enfrentársele, pues termina matándose a sí mismo. Aquello que le impulsaba a seguir es la agonía de sobrevivir al impacto del ese (su) mundo.
Ahab fue devorado, “Y entonces fue cuando, pasándole de repente por debajo su mandíbula inferior, en forma de hoz, Moby Dick había segado la pierna de Ahab, como corta un segador una brizna de hierba en el campo.”[9] Pero su personalidad fue consumida por su lado oscuro, fue asimilado por el odio y la desesperación, “— ¡Ah, Ahab! —Gritó Starbuck—, no es demasiado tarde, incluso ahora, el tercer día, para desistir. ¡Mira! Moby Dick no te busca. ¡Eres tú, eres tú el que locamente la buscas!”[10] y se demuestra en sus últimos momentos. Él trata de encontrar la verdad absoluta, que es se presenta evasiva y poderosa allá dónde el horizonte no parece terminar; por eso al alcanzarla debe ser destruido con ella y consumido totalmente.
Sin embargo hay vida después del caos, “Así, flotando al margen de la escena sucesiva […], cuando me alcanzó la succión semiextinguida del barco, fui atraído entonces, pero despacio, hacia el abismo que se cerraba.”[11] Vomitado del agua, desde la desesperación de un hombre aparece un único sobreviviente, un huérfano de esa resurrección prometida a la esencia capaz de ver al abismo directamente y no perderse; es cuando:
Después de disolver totalmente todas sus ambiciones personales, ya no trata de vivir, sino que se entrega voluntariamente a lo que haya de pasarle; o sea que se convierte en anónimo. La Ley vive en él con su consentimiento sin reservas.[12]
El individuo dentro se su propia insignificancia encontrará su personalidad, pues ha vivido, ha obtenido el conocimiento prometido, que finalmente nos lega a nosotros. Aquel a quien llamamos Ismael.
Herman Melville colocó su conocimiento enciclopédico del mar que lo acogió por años, le dio un modo de vida e historias que contar; él mismo penetro en las bestias en busca del elixir, finalmente moriría en la ciudad, olvidado pero dejándonos este monstruo. Moby Dick no es una obra fácil de tratar, es un demonio repleto de detalles, en la que impera el simbolismo y adentrarse por sí mismo representa un enfrentamiento ante las obsesiones, las inseguridades, la inmensidad y el miedo a perderse entre dolor que cargan consigo las palabras y todo lo que aquel neoyorquino fue capaz de vislumbrar.





[1] MELVILE, Herman, Moby Dick o La Ballena, Universidad Autónoma de México, México, 1984, p. 19
[2] Ibídem.
[3] CAMPBELL, Joseph, El héroe de las mil caras, Fondo de cultura Económica, México, 1959, p. 120
[4] MELVILE, Herman, Óp. Cit., p. 103
[5] CAMPBELL, Joseph, Óp. Cit., p. 118
[6] Ibíd., p. 136
[7] JUNG, Carl Gustave, Simbología del espíritu, Fondo de cultura Económica, México, 2001, p, 60
[8] MELVILE, Herman, Óp. Cit., p. 134
[9] Ibid., p. 135
[10] Ibid., p. 385
[11] Ibid., p. 389
[12] CAMPBELL, Óp. Cit., p.136