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sábado, 3 de diciembre de 2022

¿Qué es eso de escribir una tesis?

Siento que llevo años tratando de sentarme a escribir, quería que fuera mi oficio... o eso creía. No se si nada de lo visto durante cinco años de carrera permanezca, pero llevo al menos tres años consecutivos revisando bibliografía y estructurando ideas, parafraseando, recortando, pegando, revisando citas e inventando títulos pomposos. Es satisfactorio sacar algo puramente tuyo, inventarte un índice y una dedicatoria. Demasiadas páginas atoradas y por corregir.

No solo me he puesto a escribir lo mío, me he dedicado a revisar, corregir y complementar lo de otros tesistas, los he visto pasar por exámenes de grado sin yo poder hacer lo mismo. Muy pocos se han tomado el tiempo de agradecerme, mencionar o festejar conmigo ¿voy a escribir tesis toda mi vida? ¿Debo ir pensando en un doctorado?


sábado, 2 de enero de 2021

Nuevo cinismo literario

Acabo de terminar Alta fidelidad de Nick Hornby; si bien el comienzo me agradó mucho, noté un patrón demasiado insoportable. Me obligué a terminarlo esperanzada de que al final habría un giro que le diera sentido a lo que exponía ¿Qué onda con el final cursi?

    No puedo sentir compasión por el protagonista, no es más que un niño/hombre quejumbroso y amargado que siempre le echa la culpa a sus novias por haberlo dejado por otro. Si bien muchos de sus monólogos interiores y la forma en que analizaba su vida me parecieron interesantes, siento que jamás aprendió su lección, vivió su bucle de inmadurez y al final es recompensado quedándose con la chica ¿En qué cabeza cabe ? ¿Cómo pudo aguantarlo de regreso? Si bien la reflexión final que tiene el sujeto, es que no puede seguir aburriéndose de las morras sólo porque ya no son nuevas, que ya tiene treinta y tantos, tiene que sentar cabeza. Al final vino a conformarse con "alguien que lo quiere de verdad".

    Este libro no es malo, es entretenido y divertido, sin embargo, ahora que me estoy embarcando en mis años cínicos-woke debo decir que este tipo de lecturas ya no son para mí. Ese romanticismo exacerbado del típico softboy que se la pasa "queriendo más", la constante necesidad de recordad con nostalgia no sólo relaciones y personas pasadas también está la mirada tan lapidante hacia la música; se supone que trata del amor a ésta, pero es la clásica persona que juzga a todos por sus gustos musicales y jamás se atreve a escuchar algo nuevo que lo saque de su zona de confort, (¡y además que forma de tratar a las mujeres!).

¿Soy muy injusta juzgando un libro desde la actualidad? Es justo por eso que abogo a este nuevo cinismo literario. Le exigí un poquito más a este libro y logró decepcionarme; al final mis pretensiones de puro y llano entretenimiento fueron superadas por la incomodidad de la situación. Mi experiencia lectora quedó arruinada por la persona que soy ahora, y es que le suplico a la gente que se aleje de hombres como Rob Fleming, yo misma me enredé con alguien parecido. ¿Mi experiencia de vida ha condicionando mi lectura? Definitivamente, es el gusto de no tener que hacer un estudio literario profundo ¿Le daremos una vuelta en el futuro? No. Si terminara regresando y revalorándolo significa que he caído en viejas costumbres que ahora trato de evitar, es una respuesta que no necesito.

En cambio hubo otros libros de música que si que me cautivaron y me dieron esperanza en eso de tocar en una banda.  La edición de anagrama está preciosa y se ve bien junto a otros libros de música. 


¿Neta se quedaron junto al final? 

lunes, 27 de julio de 2020

Directorio de cosas que pasaron


1.
Llama la atención la señora gorda de la casa de la esquina que lanza improperios a las calles. Toma su desfachatez y la esparce entre los vecinos, a sus hijos, a su marido, a los que pasan cerca, al perro que se muere frente a su casa.
Sufre del inconveniente de la construcción a un lado de su casa. Las chingaderas salen a la luz en cualquier momento, que si le cayó mezcla a su coche, que si hay arena en su banqueta, que si el agua la agarran de su tinaco. Se trata de la case de persona que insulta primero y pregunta después, o solamente les menta la madre a los que estén cerca. Es justo, hay pocas cosas tan molestas que el que la gente viva su vida tan cerca de la tuya.

2.
Les gustas. Ahora que ha comenzado el verano y con ello las lluvias, nos hemos refugiado en acciones extrañas como el hacer ejercicio todos los días a las siete de la tarde. Uno se cansa, pero ha habido resultados: ahora te ves muy bien. Te cortaste el cabello y te ves bien con esa barba de tres días. Resaltan tus ojos que es lo mejor de ti, medía soñadores, medio intensos, invitantes a una platica, a un beso. Esas fotos de perfil bohemias y artísticas, parece que creas canciones en la guitarra a las dos de la mañana con una taza té humeante. Parece que les escribes poemas sobre escalar montañas y pelear con osos en nombre del amor. Son todas pretensiones, nada real, aunque lo cierto es que les gustas. Te escriben, te llaman, buscan tu atención, te los insinúan en mensajes y apodos. Te ves bien.

3.
Todo duele. Se han acumulado los ejercicios y no parecen dejar más que moretones y dolencias, que con la lluvia se intensifican más. A veces las plantas de los pies se adormecen en plena actividad física. A veces duelen demasiado las rodillas, las pantorrillas, zumban los oídos y la vista su nubla. Nos castigamos, porque tener cuerpo en sí es un castigo, comer es intolerable, los procesos que implican comer son intolerables, se esconden, los olores, los ruidos. Tenemos cuerpo y es un suplicio cargarlo todos los días; soportarlo cuando está adolorido, cuando está mallugado, cuando apesta, cuando está sucio; y es un suplicio para los demás soportar los otros cuerpos que sudan y se palpan. Estamos condenados a siempre aspirar delgadez, fuerza y belleza. Duele.

domingo, 6 de enero de 2019

Recuento del 2018

Me gustaron Sueño en otro idioma y Los adioses. Me gusto mucho Proyecto Florida. Me gustaron mucho más Roma y Museo.Me divertí viendo Black Panther. Me divertí mucho más con Infinity War. Venom es graciosa pero nada más.

Me encantó The Marvelous Mrs. Maisel, todo el mundo debería estar viéndola y hablando de ella. Lloré con Mad Men, porque tiene muchos capítulos de año nuevo. Lloré de nuevo con Gilmore Girls. 

Principalmente leí no-ficción. Mención especial para Misterios de la sala oscura de Fernanda Solórzano y La chica de la banda, autobiografía de Kim Gordon. 

St. Vincent sigue siendo genial. Screaming Females súper genial. La canción del año es Myth de Beach House, me llegó tarde es cierto. No más rock progresivo ni metal, aunque Tool está bien. Primus, es fuera de serie. Expresiones burdas para hablar de cosas grandiosas. 

Magic es muy divertido y complejo, vale la pena seguir jugando. Hay juegos de mesa que son realmente divertidos: Las siete maravillas, Love Letter y Ticket to Ride. 

Tocar en un escenario es la cosa más genial del mundo. Hay una batería en mi sala y un amplificador siempre conectado.

Volví a hacer flan. Me dejaron plantada. Me llamaron de sorpresa. Fui a un festival de música local. Me subi a cantar en un bar, no me volvieron a llamar. Conocí a varias personas vegetarianas, amo la carne. Fui a varias entrevistas de trabajo, me dijeron que no en una Sex Shop. Nunca seré maestra de primaria. No sé porque pasan las cosas que pasan. Nunca maduramos. 26 años.

lunes, 24 de septiembre de 2018

#NoEstásSolo

No puedes menospreciar el dolor de los demás sólo porque consideras que tus razones son más válidas para sentir dolor. Si el umbral de sufrimiento de todos fuera tu propio dolor entonces nadie en la tierra tendría que quejarse por sentir nada porque tú sentirías dolor por todos nosotros. Si el chiste es martirizarse hasta tal punto entonces ¿de qué demonios vamos a hablar?
Si digo en voz alta que me duele la espalda, por lo menos me duele lo suficiente como para decirlo en voz alta, no para sentirme estúpida por atreverme a hablar porque alguien más lo está pasando peor que yo. Siempre hay alguien que lo esta pasando peor, y si eso es suficiente para que yo no tenga derecho a sentir algo, mejor nos callamos todos de una buena vez.

Me desesperan mucho quienes sólo hablan de sí mismos. En ese caso no hace falta que yo diga nada porque es obvio que prefieres oír el sonido de tu propia voz. No hace falta que le haga saber a nadie qué es lo que pasa en mi vida porque no es nada extraordinario, ni mis opiniones nada relevantes. Todos son importantes, todos son talentosos, todos tienen que ser escuchados.

lunes, 30 de julio de 2018

Lo que me queda


Hoy es mi día libre. Quiero quedarme todo el día en cama, todo el día en el sofá, todo el día escuchando música. Hace dos años esa era mi rutina. Cambié todo eso por viajes en autobús, trasnochadas semanas malcomiendo. Más que todo eso, dejé de escribir, dejé de leer, dejé de escuchar música. Estoy agotada, agotada por mi propia conciencia, por mis propios pensamientos que se acumulan como en una torre muy alta que va a colapsar en cualquier momento. Ya se ha escrito mucho al respecto, pero hay un vacío en medio de todo esto, es eso que hace que todo se sienta tan frágil, a punto de derrumbarse.
El viernes en la madrugada me dio por llorar. Algo me despertó en la ventana, en la cama y mi cabeza se llenó de ideas. Eso me pasaba muy seguido cuando era niña, cuando no era feliz, porque todo eran reclamos y un sentimiento de soledad constante. Así me siento ahora; en una cama que no era la mía, durmiendo en una casa que no era la mía. Durmiendo junto a alguien, alguien que me moría de ganas de abrazar, de que me rodeara en sus brazos y me perdiera en su respiración, en sus latidos. Lo tenía ahí a mí lado y lo sentía tan lejano, que pensé que esa era la verdadera ausencia, la verdadera soledad. Estar tan cerca de alguien y no poderlo alcanzar.
Lo soñé en un estacionamiento. Hace ya tanto de eso. Estaba ahí rodeada de gente, rodeada de desesperación, le gritaba pero sólo se alejaba, sólo lo veía alejarse. Siempre se va en mis sueños. Aunque esté ahí durmiendo en sus brazos. Una cadena de anhelos incumplidos.
En el sofá me le quedaba viendo. Tratando de reconocer ese rostro y sintiéndome bien por eso. Te veo, porque a pesar de los enfados, de los reproches, de las amarguras todavía reconozco al hombre del que estoy enamorada. Todavía lo veo claramente en los gestos, en las risas. Es lo único que siento ahora, es lo que me permite seguir, lo que me entristece. Lo que me queda.
Algo está muy mal conmigo. Lo vi ahí consintiendo a su cachorro y me dieron ganas de darle un hijo. Como si lo único que me quedará es ofrecerle cosas. Una traición de mi útero. Al final en qué lugar me dejaría. Parecía perfecto, tan dispuesto a cuidar, a querer, a proteger, tan capaz de construir algo –¡sí! Yo quiero construir contigo–. Son esos sentimientos, esas ideas las que me hicieron llorar. Empecé a hablar en voz alta, ahí en la oscuridad de la madrugada, con las piernas enredadas bajo las cobijas. No sé si me escuchó, no sé si le dio sentido a mis palabras. No sé si lo olvidó entre sueños. Es lo que me queda: una confesión nocturna, una felación matutina.

miércoles, 25 de abril de 2018

Felación


El domingo por la tarde, un poco atormentados por el calor, notamos que en la plaza frente al trabajo se asentaba un señor vendedor con su carretilla llena de tradicionales Helados del Nilo. Helados de vainilla o nuez famosos por su forma fálica y los cuales deben consumirse en el momento en que se compran. Fabi y yo nos aventuramos a comprar tres y regresamos dispuestas a chupar el dulce helado de vainilla. Por el calor es natura que comiencen a derretirse un poco, por lo que deben devorarse rápidamente. Batallando un poco en su consumo, Fabi me pregunta: ¡Ay! ¿Cómo se come esto?; pues cómo se come un pito. Le respondí.

martes, 31 de octubre de 2017

Crisis de identidad III

He recibido constantes solicitudes de amistad en los últimos meses, algo bastante fuera de lo común para la actividad a la que estoy acostumbrada en Facebook. Me llama la atención como la idea de mí, que es lo qué vendo en un perfil de Facebook, puede atraer a tantas personas. Quiere decir que hay quién se molesta en buscarme, o hay quién se toma muy en serio las recomendaciones de amistad que te suelta un algoritmo. Tenemos un par de amigos en común ¿eso significa que tenemos que relacionarnos? Esto me asusta sobremanera puesto que la persona que publica ahí no es real, no es más que una foto de perfil, cuidadosamente escogida, con uno o varios filtros. Todo lo que dice ese perfil fue pensado y elegido a conciencia, las fotos que se muestran, las descripciones que se hacen, algún apodo, nombre de usuario, situación sentimental, dónde estudio, dónde vivo, todo eso está perfectamente controlado ¿Cómo alguien que no me conoce puede elegir interesarse en mí por lo poco que decido mostrar? Fácilmente puedo ser categorizada: la que estudió tal cosa, la que hace tales cosas, la que toca tal instrumento ¿Dónde queda todo lo demás?
Ahora bajo esa idea sólo puedo pensar en cierta frase que me dijo cierta persona la primera vez que se puso en contacto conmigo: “me llamo la atención tu foto de perfil”. Aunque agradezco que esa persona se haya puesto en contacto conmigo, parece que ahora lucho constantemente con esa idea. Lucho con la bella y vacía promesa que esa selfie cuidadosamente escogida, retocada hasta el infinito ofrece; la vacía promesa de alguien interesante o incluso atractivo, contra mí, la persona imperfecta que escribe estas palabras, que vista en vivo luce, probablemente, diferente; que despliega sus errores e inseguridades a la mínima oportunidad, que se ha quebrado más de una vez, que es sumamente frágil ¿puedes ver eso en un perfil de Facebook? ¿Me eliges a mí o a mi foto de perfil?

lunes, 16 de octubre de 2017

thebleuvelvet en todas mis redes


Soy Vanessa (Paola Vanessa). Soy huérfana. Nací en Zacatecas el dos de febrero de 1992. Estudié letras, estoy escribiendo una tesis. Toco el bajo en una banda de chicas. Me gustan las películas francesas, pero también el cine de superhéroes. Mi trabajo de ensueño es ser periodista de rock. Me gusta la pasta. Odio el apio y las naranjas. Suelo vestir de negro, casi siempre uso converse. Le temo a las arañas. Parezco muy distraída pero realmente pongo atención a todo y lo recuerdo todo. Hablo sola. Detesto la condescendencia. Detesto que se me trate como tonta, que den por hecho que no sé algo sin preguntarme al respecto. En una época de mi vida consideré estudiar cine. Desde los quince años mi sueño fue ser actriz de doblaje. Se cantar, y canto bien. Me encanta contemplar la vida de las personas. Mi baja autoestima me obliga a tomarme varias selfies diarias. Disfruto mucho cocinar, en especial cocinar para alguien. A veces se me olvida comer. Mis bandas favoritas son The Stooges y The Donnas. Nunca ha sido mi sueño ser músico. Mi bajista favorita es Melissa Auf de Maur, aunque creo que Les Claypool es el mejor que ha existido. Mi autor favorito es Milan Kundera. Los libros que considero han influido más en mi vida son El libro de la risa y el olvido de Milan Kundera y Por favor Mátame de Legs McNeil y Guilian McCain. Nunca fui una lectora empedernida pero siempre lo disfruté. Escuche a The Beatles por primera vez a los once años en un acetato que tenía mi padre. Me encanta la Coca-Cola y colecciono botellas y latas de ésta. Dibujo por placer, pero sin técnica. A los nueve años escribía cuentos. A los veinticinco empecé a escribir poesía. Mis poemas son malos. Quedé en cuarto lugar en dos concursos de ensayo. Nunca he ganado nada en mi vida.  La mayoría de mis escritos tienen una perspectiva femenina. A veces dejo libros sin terminar porque me gusta tenerlos ahí como una promesa que se alarga, un final que posterga. Me encantan los juegos de mesa, nunca tengo con quién jugar. Jugaba a las damas chinas con mi madre.  Solía coleccionar la revista Cine Premiere, pero ahora ya no; la compré durante diez años. Hay como cinco voces de hombres que me encantan. Me enamoré de un profesor de canto que tuve (he tenido varios). No tuve sexo hasta después de los veinte años. Nunca he llevado el cabello corto. Hay varias mujeres que me encanta ver: Anna Karina, Isabella Rossellini, Audrey Hepburn, Vivien Leigh e Irène Jacob. La primera película que recuerdo haber visto es El Mago de Oz. Mi película favorita es Lo que el viento se llevó. Soy mala para limpiar y no tengo orden. Suelo guardar cosas sin sentido. Cuando alguien me da un dulce, una golosina o un chocolate no me lo como, lo guardo. Me encantan las palomitas en casi todas sus presentaciones. Duermo y despierto tarde. Me encanta reacomodar mis libros a las dos de la mañana. Colecciono llaveros. Me encanta la sensación de bañarme después de varios días de no hacerlo. Me encantaría vivir en un musical y cantar por cualquier razón. No soporto el silencio. Casi siempre duermo con música. Me gusta tomar el transporte público. Pocas veces he salido a caminar con la intención de perderme pero ha sucedido un par de veces. Disfruto mucho del café. No fumo pero de vez en cuando se me antoja un cigarro. Prefiero la cerveza a cualquier licor. No sé tomar vino. No me gusta el tequila, prefiero el vodka. Nunca he tenido una relación seria. Me cuesta mucho abrirme con la gente. Odio indiscriminadamente. Me saca de quicio la gente más joven que yo (hay excepciones). No me gustan los mariscos ni el pescado (hay excepciones). Me choca lavar trastes. No me gusta el rock progresivo, ni la literatura pretenciosa, aunque todo arte conlleva pretensión. Quiero morir en Nueva York. Aún guardo todos los ensayos que mis compañeros presentaron durante toda la carrera. No sé porque soy @thebleuvelvet. Me llevo bien con mis hermanos pero no me conocen mucho. No creo que mis padres me hayan conocido realmente. Soy muy crítica e intolerante. Dicen que contradigo todo lo que me dicen, pero no es cierto. Es muy fácil hacerme llorar. Suelo llorar más de coraje e impotencia que de tristeza. El año pasado internet me convenció de que estaba deprimida. Siempre he sentido cierta fascinación por la sangre. No me da asco la sangre menstrual. Me fascinan los procesos corporales como la digestión, y el cagar o la mierda no me incomodan, igual me fascinan todos fluidos corporales. La primera vez que vi sangre que no era mía me desmayé. Odio los hospitales. Me gusta la playa pero prefiero el frío. No podría sentirme atraída por alguien a quien no admire de alguna manera. Me callo muchas cosas para evitar el conflicto. Sé que si digo lo que pienso me pondré a llorar. Hay días en que pesa mucho estar sola, hay días que se disfruta enormemente.
Él me gusta mucho, se lo dije, pero no se lo he dicho de forma honesta y directa. Justo ahora lo extraño, espero se me pase. Justo ahora estoy aterrada.

martes, 4 de julio de 2017

Fuera de ti

Me da miedo verme al espejo y ver a mi madre. Ese hecho es tan aterrador, como ver tu cuerpo proyectado en otra parte ¿no es justamente un tipo de laceración del alma mirarte al espejo? Tratar de conciliar la imagen con la forma, con la experiencia, es inútil, no sucede con naturalidad, es un golpe en el pecho que justamente ansiará doblarte para que no seas consciente de lo que pasa. Consigo pararme frente al espejo, estiro los dedos para tocarme y sólo siento en frío del cristal. Me aterra mirarme a los ojos, verme reflejada a mí misma, no saber dónde estoy.

Es insoportable ver algunas fotos y ver a mi madre en mí misma, como una extensión de ella. Mis manos, mi rostro, mi semblante, no me pertenecen, fueron robados de madre a hija. Eso soy solamente una extensión de un cuerpo, de un nombre, el invento de alguien más ¿dónde estoy yo si no existo fuera de ella? Ver a alguien fallecido en mi reflejo me aterra. Yo soy el fantasma, la sombra que camina, el recuerdo de alguien que se fue; por eso sus hermanas no pueden verme sin romper en llanto, y me lo repiten constantemente. No pueden comprender que yo quiero ser sin esas ataduras, quiero ser fuera de su nombre, de su apellido y de su imagen. En su momento no se me permitió cometer sus mismos errores. A mí edad ella ya estaba casada, con un hijo; yo me resisto a ser madre, no sería capaz de condenar a otro ser a esta miseria, a atarlo a mí, convertirlo en una versión mejorada de mí: más alta, mas esbelta, con más éxito ¿quién soy yo para decidir la existencia de alguien? ¿Quién soy yo para atreverme a decirlo en voz alta, si ni siquiera puedo verme al espejo?