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lunes, 27 de julio de 2020

Nadie te lee

No es necesario recitar los índices de lectura del país. El mundo sabe que México no lee, y si lee, no son cosas de provecho. Hay una campaña silenciosa y muy poco útil para atraer a los más jóvenes a la lectura. En el instituto en el que trabajaba llevábamos un programa de lectura: tres libros al año, con actividades de identificar situaciones, personajes, reportes de lectura, lectura en voz alta y comentarios. Tiempo perdido, creo yo. Está bien si quieres evaluar compresión lectora, es importante, pero eso no va a dejar ningún lector. Todo fue más frenético cuando yo elegí para los alumnos de segundo de secundaria una antología de autores mexicanos contemporáneos, que yo sabía que estaban insertos en la literatura juvenil: Raquel Castro, Jaime Alfonso Sandoval, Alberto Chimal… Resultó que estaban demasiado subidos de todo para ellos. Escogí los libros que a mí me interesarían, no los que reflejaran valores ni ofrecieran moralejas. A mí me interesan esos autores, esos temas, y es literatura mexicana, que parece ignorada por los jóvenes e incluso por mí. No es mi culpa que criaran alumnos apapachados, que se divierten mandando mensajes sin sentido a sus maestro, o que se sobre excitan asustando a los maestros con temas sobre sexualidad o drogas. Es tan fácil manipular a los adultos.
Dejar lectores en México es difícil, sin embargo, escritores no lo es tanto. Todos escriben, pero no hay quien los lea; los lectores que tengan serán sólo para criticarlos. La pretensión del escritor que inunda facultades de Letras en el país, alimentada por apoyos gubernamentales para escribir, publicar o dar talleres literarios. Puede llegar cualquier ama de casa con sangre en sus venas para desahogar su vida monótona, escribirá, será leída por los talleristas y será criticada. Circulo interminable. Por eso muchos no se atreven a escribir: presienten la saña natural de otros escritores, le temen y huyen, no se les puede juzgar.
¿Quién inició esa tradición? ¿A que vacas sagradas hay que remontarse para saber ese ritual de crítica publica? Aun así existen las revistas literarias, fanzines, blogs y demás. Se publican, se comparten, se tragan un poco del erario publico, engordan semblanzas con vanidades que nadie va a contradecir. Pero ¿Se dice algo?
Si tienes el gusto por el oficio ¿quién soy yo para decirte que no lo hagas? Eso aplica para ti mismo, que desprecias lo que escribes apenas presionas el ultimo enter en la computadora. Que le reclamas al indiferente vacío de internet no retroalimentarte, o que cargas los traumas de las negativas editoriales. No te sientas el infante despreciado por su padre ausente, mejor crea algo, aunque no valga la pena, aunque a nadie le llegue, aunque parezca poco interesante. Si es honesto, vale más que cualquier beca. Los valores literarios de aquello que se produce en este instante no le corresponden a los contemporáneos sino a la critica del tiempo, al análisis futuro (siempre y cuando las licenciaturas en Letras se despojen de los geniecillos herederos de Cortázar que siempre han pululado) Es imposible saber lo que la teoría y la critica digan en el futuro, pero pensar en ello es inútil y no generará nada. Ya no tiene sentido pensar en ese lector modelo, porque puede que ni siquiera exista un lector para empezar.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Rock de chicas

"Women aren’t interested in music. Women don’t make music. Women don’t buy music…”[1]


Los amplificadores se callaron. Los murmullos del publico llenan el espacio con un ruido sordo y amorfo. Llegó el momento de que otra agrupación suba al escenario, cinco chicas armadas con nada más que sus instrumentos, se enredan entre cables, toman posiciones, suben volúmenes, hay unos pocos golpes a la batería. De entre las voces fusionadas del público, se distingue una que grita arrogante: “¡mucha ropa!”.
Esa ha sido la única falta de respeto que hemos experimentado. Nos unimos nerviosas, imaginando toda clase de improperios por el hecho de ser mujeres, por el hecho de atrevernos a tocar rock; meternos a cuevas repletas de violencia y testosterona, exponiéndonos al escrutinio de los hombres que creen que tienen el derecho de gritar lo que les de la gana, convertirnos en objetos para su entretenimiento, nuestro lugar está entre sus piernas y no en un escenario. Sin embargo nos encontramos con una situación muy diferente, el público siempre nos ha tratado con respeto, siempre recibimos apoyo y una agradable energía. Levantamos la cabeza, pues nos hemos atrevido a pararnos frente a todos y hacernos sonar.
Desde el primer momento, la banda recibió numerosas invitaciones y oportunidad para presentarnos en distintos foros. Ganamos un poco de reconocimiento y actualmente somos de las pocas banda de chicas activas en el estado. Parecía que algunos habían encontrado una mascota que presumir frente a todos, la novedad extraña que estuvo de moda ¿no es una forma también de represión? No hay nada de malo con todo esto, siempre y cuando se pueda capitalizar en verdaderas oportunidades, se pueda sacar provecho a toda esa visibilidad, porque contrario a lo que la experiencia nos ha enseñado, la visibilidad es el principal problema de las mujeres en el rock.
No hay una forma correcta de nombrarlo ¿rock femenino? ¿rock de mujeres? Como si hubiera una distinción entre lo que una banda convencional, formada por hombres y una formada por mujeres es capaz de hacer. Es sólo música, no importa el sexo. Nunca se sintió diferente, desde el principio no éramos más que cinco personas reunidas para tocar canciones que les gustaban, no hay un esfera aparte, ni un umbral indescifrable simplemente un gusto por la música.
No son pocas las mujeres que han deseado dejar su mensaje, de hacerse escuchar; liberar todas sus opiniones, frustraciones y experiencias con ayuda de distorsiones y un volumen alto; sin embargo han tenido poca oportunidad de darse a conocer puesto que la industria nunca se ha visto capaz de tomarlas en serio. Mucho de esto se debe a la creencia de que el carácter masculino del género musical es lo que le da identidad.
La relación de las mujeres y el rock n’roll es complicada. Se trata de un medio sexista dominado por hombres en que las mujeres no son más que objetos que se desechan e intercambian fácilmente, y sin embargo son una presencia constante; donde haya una banda, allí habrá una chica, tal vez más. Las groupies no nacieron siendo las que se acuestan con los músicos, comenzaron queriendo estar ahí por y para la música, buscar y entregarse completamente a una agrupación, y amar tanto una pieza musical que vivían su vida en ello.
Nos han inculcado que nosotras no nos paramos frente a una multitud a gritar nuestras inquietudes, a expresar nuestras posturas. Pero ¿quién dice que las mujeres no lo hacen? Van por el mundo expresando sus ideas, relegadas en los espacios donde los hombres quieren verlas; y los hombres no las quieren ver en bandas de Rock, no las quieren tomar en serio como músicos ni como interpretes, sin embargo hay una lista (no tan larga como debería) de mujeres que se impusieron ante ese pensamiento, que a pesar de lo adverso se pararon frente a una multitud a gritar: ¡jódanse! Y vale la pena admirar a cada una de ellas, y desear compartir con ellas ese valor, de tomar una guitarra o lo que les de la gana, una pluma, un megáfono y decir lo que se tenga que decir. Ahora tenemos la oportunidad de que nos tomen en serio, y por eso debemos aprovechar cada espacio para hacer todo el ruido posible. Nosotras que nos atrevimos a tomar un instrumento, a subirle al volumen, a buscar a otras como nosotras y hacer ese dulce Rock n’ Roll.

jueves, 11 de mayo de 2017

La belleza y lo sublime del tacto en El Rubí de Rubén Darío


El tacto y la sensualidad de las palabras en la narrativa, entrecortadas por las descripciones de vivas tonalidades que inundan los enunciados y las construcciones, en el centro de la imagen está cada uno de los colores. El modernismo en su primera y más pura expresión descarga sus atenciones a la universalidad de las formas bellas, en esos estratos es natural tomar entre sus extravagancias palabras de particular goce, sencillo de encontrar en su orden y cuidadoso uso de ellas.
Rubén Darío máximo exponente del modernismo, contuvo en sus poesía el llano uso de las palabras, ahora, se trata de un cuento el que llama la atención de este análisis. Si existiera un color para la poesía ese sería el azul, del libro del mismo nombre se desprende El Rubí, una historia cuasi fantástica bañada entre formas y colores que desprenden vida y sensualidad como es difícil encontrar en otras narraciones. La poesía es el principal cultivo de aquellos autores hispanoamericanos  y entre destellos poéticos revelan al cuento como una nueva forma de creación literaria, el cuento en cuestión no peca de lagunas narrativas pues se trata de un trabajo corto y conciso, hambriento de descripciones tan materiales como la imagen, tema que se desmenuzara a continuación.
La belleza no es un tema de sencillo tratamiento, está tocado por la filosofía, la estética y puede que hasta la psicología; alcanza, incluso, tratarse de un tema de corte subjetivo, está claro que el contexto y la convención marcan su camino, sin embargo hay más allá de la sociedad una experiencia y estructuras que por sí misma dentro de la psique humana puede considerar algo bello fuera de las convenciones sociales.
Sería pretencioso que a partir de aquí se tratara de explicar la belleza en tan pocas palabras, es sin embargo la intención tratar de asirla a partir de las dinámicas y vistosas descripciones de Darío en el cuento antes mencionado. En este caso, como es natural, sobresalen los colores. No existe textura en el color, pero a partir de la vista se pueden crear sensaciones capaces de atrapar el tacto mismo. En este sentido la armonía no actua como conductor de la descripción, sino que desborda en un sinfín de detalles tangibles:

A aquellos resplandores, podía verse la maravillosa mansión en todo su esplendor. En los muros, sobre pedazos de plata y oro, entre venas de lapislázuli, formaban caprichosos dibujos, como los arabescos de una mezquita, gran muchedumbre de piedras preciosas. Los diamantes, blancos y limpios como gotas de agua, emergían los iris de sus cristalizaciones[1]

El contexto subterráneo ofrece a la imaginación la posibilidad de la inventiva de cientos de posibilidades, en este caso los gnomos y sus actividades mineras, aquí se juega con la luz de los diamante y demás piedras preciosas, pero también el eco y los sonidos: “brotaba de trecho en trecho un hilo de agua, que caía con una dulzura musical, a gotas armónicas, como las de una flauta metálica soplada muy levemente.”[2].
El tacto es el sentido más antiguo y el más urgente, permite medir presión, temperatura, aspereza, suavidad o dureza, se trata del contacto directo del ser con el mundo, le permite materializarlo, confrontarlo y convivir con él, “Los sentidos no se limitan a darle sentido a la vida mediante a actos sutiles o violentos de claridad: desgarran en tajadas vibrantes y las reacomodan a un nuevo complejo significativo.”[3]
            En este caso convierte alcanzable el sentir en las palabras, centrándose en las texturas a partir de las texturas. En el cuento se narra la creación de los rubíes a partir de la mezcla de la bella sangre con el diamante. La sangre es bella pues se desprende de una bella figura. Cuando Darío convierte la descripción en sensación y permite el toque en la narración es con la descripción de la figura femenina: “Brazos, espaldas, senos desnudos, azucenas, rosas, panecillos de marfil coronados de cerezas; ecos de risas áureas, festivas; y allá, entre las espumas, entre las linfas rotas, bajo las verdes ramas...”[4]
La sensación del cuerpo es exterior, casi sensible pero siempre a través de la mirada. Se trata de aquel choque de un universo con otro, la concentración del placer por medio de la vista y concretización de la sensibilidad en algo descrito como puramente tangible. Darío vuelve a establecer la sensualidad en las palabras al describir el toque que conjuntan los amantes, pues la mujer estando en cautiverio mantiene amoríos con un hombre sin siquiera tocarlo:

Ella amaba a un hombre, y desde su prisión le enviaba sus suspiros. Éstos pasaban los poros de la corteza terrestre y llegaban a él; y él, amándola también, besaba las rosas de cierto jardín; y ella, la enamorada, tenía -yo lo notaba- convulsiones súbitas en que estiraba sus labios rosados y frescos como pétalos de centifolia. ¿Cómo ambos así se sentían? Con ser quien soy, no lo sé.

Aquí establece un contacto entre los sentidos. Dos seres que se sienten cerca de pensar de su lejanía y motivados sólo por la idea del otro. Verbos como “besar” se vuelven en extremo físicos; ciertas imágenes como “enviar suspiros” o aquellas “convulsiones súbitas” ayudan a este hecho, vuelven la sensación tangible y aunque este párrafo no esta exento de colores es la sensualidad del evento aquel que mueve la descripción.
Dolor, es la siguiente sensación marcada. Del desgarramiento de la piel nace la coloratura que enrojece al rubí, y el sufrimiento que conlleva trae consigo la belleza antes mencionada. Esos vidrios rojos que lleva consigo Puck, aquellos hechos de la mano del hombre y no a partir del dolor son desdeñados por los gnomos mineros. La historia de la creación del rubí se mueve de la innegable belleza de la mujer atrapada, observada, amada y amante de alguien hacia el dolor que implica el escape. La mujer es arrastrada hacia fuera por sus ilusiones y castigada por su belleza.

¡Ay! Y queriendo huir por el agujero abierto por mi masa de granito, desnuda y bella, destrozó su cuerpo blanco y suave como de azahar y mármol y rosa, en los filos de los diamantes rotos. Heridos sus costados, chorreaba la sangre; los quejidos eran conmovedores hasta las lágrimas. ¡Oh, dolor![5]

El hecho de destrozar su cuerpo, aquellas mismas palabras conllevan una carga semántica la cual hace gran diferencia de cualquier otra elección que pueda traernos el mismo efecto. La piel nos escuda del mundo, el abrirla significa un acto de violencia, cual puede ser fascinante en especial en la creación de belleza, como un choque, algo que va más allá de nuestra explicación. Tal belleza en vez de eludir las palabras se esconde de tras adjetivos impresionantes y vivos con cualquier puntuación, pues “La lengua está sembrada de metáforas que aluden al tacto. Las emociones nos “tocan” muy de cerca.”[6] Vuelve así, el autor, la lengua en su arma, poderosa y hambrienta de expresión, convierte el tacto en sublime y la violencia en belleza en forma de una piedra, un rubí.





[1] DARÍO, Rubén, El Rubí, consultado en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/dario/el_rubi.htm
[2] Ibidem.
[3] ACKERMAN, Diane, Una historia natural de los sentidos, Anagrama, España, 1992, p. 15
[4] DARÍO, Rubén, Op. Cit.,
[5] Ibidem.
[6] ACKERMAN, Diane, Op. Cit., p. 93

jueves, 23 de marzo de 2017

Escribí mi primera autobiografía con comic sans: sobre la creatividad y la presión


Yo no creo en el llamado de la página en blanco. Creo fervientemente en la fecha límite como ese ente revelador que exprime cada palabra con violencia. Una desesperación y frustración que ata la cabeza a la computadora y se esfuerza, de forma descomunal por unir frases, oraciones, párrafos e ideas en una obligada coherencia. Más aún llega el momento en que nos ponemos frente a los demás a leer en voz alta aquello que nos atrevimos a escribir con el dolor subsecuente de la fecha límite; así toda critica buena y mala, constructiva o no flota en la habitación cuando uno se muere de ganas de decir: ¡puta! ¡Escribí todo esto hace unas horas, que todo valga verga! Lo principal es trabajar con aquel vomito de frases y oraciones que con nada. Es el dulce sentimiento de la producción desmedida. Heredero natural de la sociedad occidental actual, del imaginario nacional: dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.

¿De dónde viene la creatividad? ¿De las musas? ¿De los rayos metálicos nocturnos o son los alaridos demenciales de aquellas múltiples voces? Debería venir de la jodidez. Sólo los oscuros rincones de la miseria humana son capaces de producir algo revelador sobre la condición humana. Ese llamado momento de lucidez, elude a quienes se gobiernan por el ocio. La inspiración, si es que existe, puede ser sólo en los momentos en que el alma humana se halle apretada, pequeña, cansada y herida Es pretender recurrir a los demonios que transforman la materia en arte y las palabras en armas brutales. Porque recurrir a los demonios, en los fondos inacabados de la desesperación, es un grito al vacío en busca de inmortalidad ya que somos comunes y repetibles. Los grandes pilares que sostienen a la humanidad se ven tan lejanos. Ahora sé que todo lo que necesito decir ya se ha dicho.

Que cabrones los golpes que se dan al ego de los efebos cuando llegan a la cátedra. Muchos fueron ensalzados en los hombros frágiles de estudiantes con pocas aspiraciones y maestros fundidos en su proyección. Los estudiantes tienen de dos: aceptar sus virtudes, sus limitaciones y aspirar a crecer, o ser devorados por los monstruosos del narcicismo. Mientras tanto, en la pálida sombra que proyectan los ególatras, unos pocos interesados por mejorar son disminuidos por la poca atención de sus contemporáneos. Los grandes saberes académicos vuelcan sus ojos, no a las cloacas de la sociedad, sino a los rascacielos desbordados de cultura y sentencias sobre historia y literatura. Los vivos, en las inmundas calles se complacen con trabajar para tener y tener nada.

Es sumamente difícil atreverse a escribir dudando de cada frase y cada coma, por eso nos movemos con la esperanza de enfrentarnos a la palabra hasta las últimas consecuencias y finalmente dar nacimiento a algo, a pesar de la angustia y la falta de talento. Yo les reclamo a los jóvenes poetas, ganadores de certámenes, patrocinados por programas gubernamentales, su tibieza, su falta de fondo, ese temor que tienen al abismo insoportable, esa necesidad que tienen de parpadear.

jueves, 17 de marzo de 2016

El tuit: respiración lingüística de la instantaneidad


*Trabajo académico presentado para la clase de Filosofía del lenguaje  del noveno semestre de la Licenciatura en Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas

La respiración como hecho de vida, trae consigo ciertos significados, los cuales pueden ser de buena o mala salud; la respiración puede implicar un cambio en los procesos del tórax, una reacción al peligro, al miedo o a la felicidad.  No sólo se trata de la experiencia de la vida, sino de la actividad. Así mismo el hecho de comunicar no se haya exento de todos los asuntos del ser humano. La humanidad encuentra su significado, tal vez, en su constante deseo de comunicar, no sólo de manera natural, instintiva o corporal, el ser humano expresa su interioridad.
La interioridad del pensamiento, que de la oscuridad de lo desconocido es articulado en ideas, en palabras, es el fin propio del lenguaje humano: “La realidad inmediata (realidad de pensamiento y de experiencia), la única a partir de la cual pueden emerger estas disciplinas y este pensamiento.”[1]  aunque no alejado de ese sistema de signos interpretables, implica de igual manera una serie de abstracciones aún no completamente comprensibles para el conocimiento humano. El hecho simple de conocer es tan extraño por sí mismo, a estas alturas no podría atreverme a tratar de esclarecer su significado.
Hablar de términos abstractos como el conocimiento ata al lenguaje mismo y su acción a la redundancia, y se es redundante cuando se intenta rescatar las formas propias de la conciencia, convertirla a palabras, simples palabras que en su uso cotidiano comunican mensajes tan simples y mundanos, como complicadas ramificaciones del pensamiento. Sentarse a escribir se convierte en un acto suicida cuando se agrede a las palabras, al lenguaje por su propia forma.
1.    acto de habla, acto de escritura
Pero decir es mucho más complejo de lo que se aparenta. El decir por sí mismo se encuentra también en el omitir, en el silencio, el espacio, el tiempo que se guarda. Incluso más que sólo el esperar comunicar expresando en voz alta contempla la posibilidad de fijarlo en el tiempo, en el papel y la tinta. Es muy diferente hablar de voces, de oralidad no escrita que de las palabras formadas entre grafías y códigos mucho más específicos como lo es un idioma, una normatividad como lo es la ortografía, en un miedo como puede ser un muro.
Con el paso del tiempo, el significado de las palabras cambia, la practicidad de las cosas se modifica. Las teclas de un teléfono celular hace unos años escribían mensajes de texto, se ocupaban más que sólo marcar números enviaban ideas cortas y directas. Poder enviar pensamientos en todo pensamiento y en todo lugar era la nueva forma de comunicación que modificaba y estandarizaba las relaciones. Actualmente el tweet es su correspondencia.

Si el silencio es como la soledad, la representación actual de ambos términos son las interacciones dentro de  internet. Las redes sociales como fenómeno tuvo un auge mediático de análisis y discusión social. Hasta hace poco, las teorías y practicas lingüísticas se dedicaron a estudiar estas nuevas formas de información.
Se habla de oralidad perdida en los últimos años, pero la instantaneidad del habla existe en la información que se comparte en la internet. El ejemplo claro existe al mirar la página principal Twitter, donde cada nuevo mensaje remplaza al anterior con segundos de diferencia, donde cada segundo significa miles de mensajes que se envían al mismo tiempo, como un millón de personas gritando al mismo tiempo.

El tuit (tweet) como el mensaje de texto, debe ser corto y directo. Debes expresar toda tu interioridad tan sólo en ciento cuarenta caracteres. Y cada mensaje debe representar una llamada de atención para el usuario, que le escandalice y le encante tanto para seguir leyendo, para expresar su gusto o compartirlo como propio. En tanto que la enunciación de cualquier oración, aunque sólo tenga una palabra, puede jamás repetirse: siempre es una nueva enunciación. El texto, en su instantaneidad, como corta expresión de una idea es autónomo y separado de cualquier texto anterior, porque cada palabra adquiere una significación diferente con cada uno de sus usos, el acto concreto del lenguaje situado en la enunciación. El texto como enunciado corto, individualmente está incluido en un discurso mucho mayor que es la página de inicio del sitio web, así cada tema, cada mención está siendo explicado por los millones de participantes.

            El acto de habla como toda acción que involucra al lenguaje, acción que implica una sentencia dentro de una convención transforma las relaciones entre los interlocutores de la comunicación. El hecho comunicativo implica el intercambio de información. El tuit puede ejemplificar el acto de habla dentro del contexto informático, pues trata de establecer un enunciado, un núcleo de significado independiente, una expresión. Austin declara: “expresar las palabras es, sin duda, por lo común, un episodio principal, si no el episodio principal, en la realización del acto (de apostar o de lo que sea), cuya realización es también la finalidad que persigue la expresión.“[2]
El ejemplo del acto de habla bajo la definición de Austin se haya en hacer una promesa, un juramente como en la enunciación que hace válido un matrimonio. Puede que no exista mucha comparación en cuanto a tuitear lo que sea como parte de la cotidianidad de cualquier persona “es necesario que las circunstancias en que las palabras se expresan sean apropiadas, de alguna manera o maneras”[3]. En cuanto a tuits específicos, como la agresión a cualquier persona publica, el hablar de algún tema inmediato de carácter mundial.
De acuerdo a esto los mensaje que constantemente se refirman en las redes sociales ejemplificarían la idea del acto, la promesa hecha entre los seguidores, quienes leen y quienes escriben. Las reglas que definen el acto de habla  de acuerdo a Austin son:
A.1) Tiene que haber un procedimiento convencional aceptado, que posea cierto efecto convencional; dicho procedimiento debe incluir la emisión de ciertas palabras por parte de ciertas personas en ciertas circunstancias. Además,
A.2) en un caso dado, las personas y circunstancias particulares deben ser las apropiadas para recurrir al procedimiento particular que se emplea,
B.1) El procedimiento debe llevarse a cabo por todos los participantes en forma correcta, y B.2) en todos sus pasos,
G.1) En aquellos casos en que, como sucede a menudo, el procedimiento requiere que quienes lo usan tengan ciertos pensamientos o sentimientos, o está dirigido a que sobrevenga cierta conducta correspondiente de algún participante, entonces quien participa en él y recurre así al procedimiento debe tener en los hechos tales pensamientos o sentimientos, o los participantes deben estar animados por el propósito de conducirse de la manera adecuada […]
Ahora bien, sí violamos una (o más) de estas seis reglas, nuestra expresión realizativa será (de un modo u otro) infortunada. De más está decir que hay diferencias considerables entre estas “formas” de ser infortunadas.[4]

2.     
Este acto, esa promese que se le hace a la nada es el grito en el espacio vacío que marca las relaciones personales. Se entablan conversaciones, se construyen relaciones y se crea una red de información tal vez entrecortada entre los eventos reales y el instante en que suceden que magnifica la experiencia comunitaria, convencional del habla, convierte al acto de la escritura en una oralidad artificial y las sustituye.  El tuit como evento lingüístico es como hablar del aliento que comunica entre los seres humanos.  Convierte al material desconocido de la mente en las palabras.
Freud repetía: Dilo en voz alta, esto porque la exteriozación del ser es la clave de la terapia que liberaría las patologías de la psique. La persona, el ser humano, se habla a sí mismo constantemente, así en voz alta, en los gritos que se esconden en la mente porque la incapacidad para reconocer y expresar los sentimientos es lo que lleva a la neurosis. Hablar sin parar para y de nosotros mismos, trasmitimos información constantemente, nos hacemos preguntas, buscamos respuestas. Nuestra conciencia es el interlocutor de las palabras. Escribir y lanzar un mensaje a la red de información es siempre por y para nosotros. Los enunciados creados en ese medio son una forma de exteriorizar el pensamiento, un único momento en que hablar la vida se vuelve valioso aunque sea en lo críptico del mensaje. Aunque no existe círculo comunicativo, la promesa que se ha hecho al grito comunitario.
Una avalancha de comentarios hedonistas cuya intención es únicamente desacreditar el comentario anterior llena las notificaciones de los usuarios. Cualquier noticia o tema de actualidad, por el simple hecho de ser publico parece darle la libertad a los interlocutores de expresar cualquier pensamiento por vacío que se considere por lo demás. Una simple frase entonces acarrea una serie de interpretaciones alejadas del contexto necesario para hacerse de un significado adecuado. El valor de la mayor parte de los comentarios, como se ha dicho antes es la agresión, otro ejemplo de estudio pertinente al acto; cuando se dice: es equivocado lo que dices, expresa el hecho de negar todas las sentencias anteriores, por obvio que parezca el narcicismo que expresa el acto es que la autoridad de quien desacredita todos los comentarios anteriores.
Una nueva forma de comunicación se crea constantemente con las nuevas creaciones tecnológicas, claramente implica una serie insinuaciones en las que el momento es el nuevo valor de las relaciones humanas que se crean constantemente. Las imágenes y las figuras remplazan poco a poco a las palabras, remplazan a las conversaciones, es la soledad y el silencio propio el que impera las formas en que los hombres, actualmente comparten la información. De esa forma el grito en el que participan los usuarios, los aísla, aunque el lenguaje comunica, de la misma manera los obliga a apartarse. Hablar de la interacción entre los hombres, también se vuelve redundante cuando el hecho comunicar se vuelve el tema principal del lenguaje que se alimenta y se explica.






[1] BAJTIN, Mijaíl, Estética de la creación verbal, Siglo XXI, México, 1999, p.294
[2] AUSTIN, John L., Cómo hacer cosas con palabras, Edición electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCI, p.7
[3] ibídem.
[4] Ídem., pp. 10-11