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sábado, 3 de diciembre de 2022

¿Qué es eso de escribir una tesis?

Siento que llevo años tratando de sentarme a escribir, quería que fuera mi oficio... o eso creía. No se si nada de lo visto durante cinco años de carrera permanezca, pero llevo al menos tres años consecutivos revisando bibliografía y estructurando ideas, parafraseando, recortando, pegando, revisando citas e inventando títulos pomposos. Es satisfactorio sacar algo puramente tuyo, inventarte un índice y una dedicatoria. Demasiadas páginas atoradas y por corregir.

No solo me he puesto a escribir lo mío, me he dedicado a revisar, corregir y complementar lo de otros tesistas, los he visto pasar por exámenes de grado sin yo poder hacer lo mismo. Muy pocos se han tomado el tiempo de agradecerme, mencionar o festejar conmigo ¿voy a escribir tesis toda mi vida? ¿Debo ir pensando en un doctorado?


lunes, 27 de julio de 2020

Directorio de cosas que pasaron


1.
Llama la atención la señora gorda de la casa de la esquina que lanza improperios a las calles. Toma su desfachatez y la esparce entre los vecinos, a sus hijos, a su marido, a los que pasan cerca, al perro que se muere frente a su casa.
Sufre del inconveniente de la construcción a un lado de su casa. Las chingaderas salen a la luz en cualquier momento, que si le cayó mezcla a su coche, que si hay arena en su banqueta, que si el agua la agarran de su tinaco. Se trata de la case de persona que insulta primero y pregunta después, o solamente les menta la madre a los que estén cerca. Es justo, hay pocas cosas tan molestas que el que la gente viva su vida tan cerca de la tuya.

2.
Les gustas. Ahora que ha comenzado el verano y con ello las lluvias, nos hemos refugiado en acciones extrañas como el hacer ejercicio todos los días a las siete de la tarde. Uno se cansa, pero ha habido resultados: ahora te ves muy bien. Te cortaste el cabello y te ves bien con esa barba de tres días. Resaltan tus ojos que es lo mejor de ti, medía soñadores, medio intensos, invitantes a una platica, a un beso. Esas fotos de perfil bohemias y artísticas, parece que creas canciones en la guitarra a las dos de la mañana con una taza té humeante. Parece que les escribes poemas sobre escalar montañas y pelear con osos en nombre del amor. Son todas pretensiones, nada real, aunque lo cierto es que les gustas. Te escriben, te llaman, buscan tu atención, te los insinúan en mensajes y apodos. Te ves bien.

3.
Todo duele. Se han acumulado los ejercicios y no parecen dejar más que moretones y dolencias, que con la lluvia se intensifican más. A veces las plantas de los pies se adormecen en plena actividad física. A veces duelen demasiado las rodillas, las pantorrillas, zumban los oídos y la vista su nubla. Nos castigamos, porque tener cuerpo en sí es un castigo, comer es intolerable, los procesos que implican comer son intolerables, se esconden, los olores, los ruidos. Tenemos cuerpo y es un suplicio cargarlo todos los días; soportarlo cuando está adolorido, cuando está mallugado, cuando apesta, cuando está sucio; y es un suplicio para los demás soportar los otros cuerpos que sudan y se palpan. Estamos condenados a siempre aspirar delgadez, fuerza y belleza. Duele.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Dile que sí

Recargar una guitarra acústica en una esquina es un elemento ornamental perfecto como fondo de selfie, grabar un video o invitar a una chica linda a tu cuarto, de la misma manera que enriquecer una biblioteca con libros que nunca se han leído y que sin embargo su naturaleza canónica los vuelven una pieza imprescindible de la antes mencionada biblioteca.
Par mí, más allá de la pretensión que significa llamarte músico o lector ávido, existe otro discurso tal vez más snob, tal vez más noble, que es el aceptar tal ornamento no para presumir de lo que sabes tocar o de lo que has leído sin que ninguna de estas dos cosas sea verdad, sino hacer saber a todos que aceptas que la cultura misma es hermosa y vale la pena hacerle un pequeño altar en tu santuario que es tu cuarto o tu librero. Es decirle al mundo: “no sé tocar, pero me encanta la guitarra como objeto, me encanta la gente que sí la toca, me encanta tanto lo qué se ha hecho con ella en la música del siglo XX, que la tengo aquí en mi cuarto como emblema de todo eso, aunque nunca se halla tocado en la historia”. Por eso, creo yo, la gente recarga guitarras en la esquina de su cuarto, o cuelga Les Paul sunburst en la pared, porque es algo demasiado genial para hacerle no un monumento.
Lo mismo sucede con los libros que nunca leemos pero que curamos cuidadosamente para acompañar los que sí leímos en nuestro librero. Habla de nosotros, de lo que entendemos por literatura, por lectura, lo que esperamos leer, y lo que sabemos que nunca leeremos pero que son bellos. ¿Es todo esto una exageración y ensalzamiento del consumismo? Lo que es cierto es que los objetos cuentan historias y aquellos que elegimos con atención para adornar nuestro espacio dicen más de nosotros de lo que imaginamos. Hay que recordar que nuestro cuarto es una proyección de nuestra mente.

domingo, 6 de enero de 2019

Recuento del 2018

Me gustaron Sueño en otro idioma y Los adioses. Me gusto mucho Proyecto Florida. Me gustaron mucho más Roma y Museo.Me divertí viendo Black Panther. Me divertí mucho más con Infinity War. Venom es graciosa pero nada más.

Me encantó The Marvelous Mrs. Maisel, todo el mundo debería estar viéndola y hablando de ella. Lloré con Mad Men, porque tiene muchos capítulos de año nuevo. Lloré de nuevo con Gilmore Girls. 

Principalmente leí no-ficción. Mención especial para Misterios de la sala oscura de Fernanda Solórzano y La chica de la banda, autobiografía de Kim Gordon. 

St. Vincent sigue siendo genial. Screaming Females súper genial. La canción del año es Myth de Beach House, me llegó tarde es cierto. No más rock progresivo ni metal, aunque Tool está bien. Primus, es fuera de serie. Expresiones burdas para hablar de cosas grandiosas. 

Magic es muy divertido y complejo, vale la pena seguir jugando. Hay juegos de mesa que son realmente divertidos: Las siete maravillas, Love Letter y Ticket to Ride. 

Tocar en un escenario es la cosa más genial del mundo. Hay una batería en mi sala y un amplificador siempre conectado.

Volví a hacer flan. Me dejaron plantada. Me llamaron de sorpresa. Fui a un festival de música local. Me subi a cantar en un bar, no me volvieron a llamar. Conocí a varias personas vegetarianas, amo la carne. Fui a varias entrevistas de trabajo, me dijeron que no en una Sex Shop. Nunca seré maestra de primaria. No sé porque pasan las cosas que pasan. Nunca maduramos. 26 años.

viernes, 28 de diciembre de 2018

El ser

Dejé mi ejemplar de La insoportable levedad del ser sobre el buró junto a la cama durante casi un mes, quería desmenuzarlo, dejar sobre él la huella de mi lectura; ya hace un año de eso. Paso algo curioso con aquel ejemplar: lo regalé; lo tomé de mi librero y se lo di, lo tenía decidido hace tiempo y quería que ese regalo fuera más un pedazo de mí que un simple libro. Dejé su hueco en mi librero, como un recordatorio de esa parte de mí que ya no me pertenece, curiosamente ahora forma parte de una colección de regalos empolvándose con tantos otros, me recuerda lo inútiles que son los regalos. Desde ese día hemos estado intercambiando libros, yo se los compro, le doy de los míos y él supone que debe corresponder con alguno de los suyos, pero nunca ha sido esa mi intención. No sé porqué, parece que lo mío ya no me pertenece, que es una extensión de mis sentimientos por él, porque yo estoy en los objetos, esos que he conseguido a lo largo de mi vida, cada uno tiene su historia y por fácil o complejo que sea separarse de ellos, algo significan. Yo estoy en los objetos, y aquel día que dejé ese hueco en mi librero, yo fui suya.
Debajo de la escalera encontré un tocadiscos, ochentero, con radio, cassette y sin bocinas. De nuevo tomé un pedacito de mi historia para regalar. Ese tocadiscos fue decorado de mi cuarto mientras crecía, pues no tenían dónde más ponerlo. Mis muñecas posaron junto a él y le pegué toda clase de cosas extrañas. En algún punto terminó bajo la escalera juntando polvo, no se había prendido en años, pero él lo hizo encender, lo hizo sonar de nuevo y discos que llevaban meses sin escucharse volvieron a sonar.  No sé lo que es pero mi inutilidad en esta temporada de dar regalos se ha convertido en dar pedacitos de mí, y no sé si al final de todo quede algo para mí misma.

lunes, 30 de julio de 2018

Lo que me queda


Hoy es mi día libre. Quiero quedarme todo el día en cama, todo el día en el sofá, todo el día escuchando música. Hace dos años esa era mi rutina. Cambié todo eso por viajes en autobús, trasnochadas semanas malcomiendo. Más que todo eso, dejé de escribir, dejé de leer, dejé de escuchar música. Estoy agotada, agotada por mi propia conciencia, por mis propios pensamientos que se acumulan como en una torre muy alta que va a colapsar en cualquier momento. Ya se ha escrito mucho al respecto, pero hay un vacío en medio de todo esto, es eso que hace que todo se sienta tan frágil, a punto de derrumbarse.
El viernes en la madrugada me dio por llorar. Algo me despertó en la ventana, en la cama y mi cabeza se llenó de ideas. Eso me pasaba muy seguido cuando era niña, cuando no era feliz, porque todo eran reclamos y un sentimiento de soledad constante. Así me siento ahora; en una cama que no era la mía, durmiendo en una casa que no era la mía. Durmiendo junto a alguien, alguien que me moría de ganas de abrazar, de que me rodeara en sus brazos y me perdiera en su respiración, en sus latidos. Lo tenía ahí a mí lado y lo sentía tan lejano, que pensé que esa era la verdadera ausencia, la verdadera soledad. Estar tan cerca de alguien y no poderlo alcanzar.
Lo soñé en un estacionamiento. Hace ya tanto de eso. Estaba ahí rodeada de gente, rodeada de desesperación, le gritaba pero sólo se alejaba, sólo lo veía alejarse. Siempre se va en mis sueños. Aunque esté ahí durmiendo en sus brazos. Una cadena de anhelos incumplidos.
En el sofá me le quedaba viendo. Tratando de reconocer ese rostro y sintiéndome bien por eso. Te veo, porque a pesar de los enfados, de los reproches, de las amarguras todavía reconozco al hombre del que estoy enamorada. Todavía lo veo claramente en los gestos, en las risas. Es lo único que siento ahora, es lo que me permite seguir, lo que me entristece. Lo que me queda.
Algo está muy mal conmigo. Lo vi ahí consintiendo a su cachorro y me dieron ganas de darle un hijo. Como si lo único que me quedará es ofrecerle cosas. Una traición de mi útero. Al final en qué lugar me dejaría. Parecía perfecto, tan dispuesto a cuidar, a querer, a proteger, tan capaz de construir algo –¡sí! Yo quiero construir contigo–. Son esos sentimientos, esas ideas las que me hicieron llorar. Empecé a hablar en voz alta, ahí en la oscuridad de la madrugada, con las piernas enredadas bajo las cobijas. No sé si me escuchó, no sé si le dio sentido a mis palabras. No sé si lo olvidó entre sueños. Es lo que me queda: una confesión nocturna, una felación matutina.

miércoles, 25 de abril de 2018

Felación


El domingo por la tarde, un poco atormentados por el calor, notamos que en la plaza frente al trabajo se asentaba un señor vendedor con su carretilla llena de tradicionales Helados del Nilo. Helados de vainilla o nuez famosos por su forma fálica y los cuales deben consumirse en el momento en que se compran. Fabi y yo nos aventuramos a comprar tres y regresamos dispuestas a chupar el dulce helado de vainilla. Por el calor es natura que comiencen a derretirse un poco, por lo que deben devorarse rápidamente. Batallando un poco en su consumo, Fabi me pregunta: ¡Ay! ¿Cómo se come esto?; pues cómo se come un pito. Le respondí.

martes, 31 de octubre de 2017

Crisis de identidad III

He recibido constantes solicitudes de amistad en los últimos meses, algo bastante fuera de lo común para la actividad a la que estoy acostumbrada en Facebook. Me llama la atención como la idea de mí, que es lo qué vendo en un perfil de Facebook, puede atraer a tantas personas. Quiere decir que hay quién se molesta en buscarme, o hay quién se toma muy en serio las recomendaciones de amistad que te suelta un algoritmo. Tenemos un par de amigos en común ¿eso significa que tenemos que relacionarnos? Esto me asusta sobremanera puesto que la persona que publica ahí no es real, no es más que una foto de perfil, cuidadosamente escogida, con uno o varios filtros. Todo lo que dice ese perfil fue pensado y elegido a conciencia, las fotos que se muestran, las descripciones que se hacen, algún apodo, nombre de usuario, situación sentimental, dónde estudio, dónde vivo, todo eso está perfectamente controlado ¿Cómo alguien que no me conoce puede elegir interesarse en mí por lo poco que decido mostrar? Fácilmente puedo ser categorizada: la que estudió tal cosa, la que hace tales cosas, la que toca tal instrumento ¿Dónde queda todo lo demás?
Ahora bajo esa idea sólo puedo pensar en cierta frase que me dijo cierta persona la primera vez que se puso en contacto conmigo: “me llamo la atención tu foto de perfil”. Aunque agradezco que esa persona se haya puesto en contacto conmigo, parece que ahora lucho constantemente con esa idea. Lucho con la bella y vacía promesa que esa selfie cuidadosamente escogida, retocada hasta el infinito ofrece; la vacía promesa de alguien interesante o incluso atractivo, contra mí, la persona imperfecta que escribe estas palabras, que vista en vivo luce, probablemente, diferente; que despliega sus errores e inseguridades a la mínima oportunidad, que se ha quebrado más de una vez, que es sumamente frágil ¿puedes ver eso en un perfil de Facebook? ¿Me eliges a mí o a mi foto de perfil?