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miércoles, 5 de julio de 2017

De huecos pamboleros


Es algo tarde para hablar de futbol, pero el verano aún no ha terminado. Debo decir que soy aficionada al deporte, me entretiene verlo; no lo practico, pero tampoco creo que sea un cáncer creado para sacar las peores actitudes del ser humano, ni un medio de distracción para las masas (aunque a veces tenga esa función). Me gusta verlo, me emociona ver a mi equipo jugar, y lo sufro, tanto que prefiero alejarme en situaciones extremas hasta que mi presencia sea absolutamente necesaria –porque me lo demande mi afición–. Este entusiasmo por el deporte es propio de mi familia, no nos fue inculcado con horarios y programaciones, fue algo que nació de la observación, algo que mamamos del seno familiar; un ritual que permitía que cualquier rencor, enojo o preocupación desapareciera, que como familia nos salvó de oscuros momentos, que aún hoy nos da razones para reunirnos, desayunar juntos o comentar durante la sobremesa, tanto así que una de las pocas fotos familiares que existen nos muestra a todos usando el jersey de los Pumas.
Mi padre fue el primer entusiasta. Él alimento su pasión con la experiencia de las pequeñas pandillas jóvenes en la vecindad; lo llevó hasta el estadio, le permitió ver al mismísimo rey Pelé en el mundial de México 70; lo arrastro hasta las  pasionales hinchas, dónde llevó a sus hermanos y después a sus hijos. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, apoyó en todas sus disciplinas a su alma mater. Los Pumas eran su orgullo, sus desplantes de furia y de sus preocupaciones, fue justamente eso lo que nos heredó.
Ver a Chile jugar la semana pasada fue uno de esos momentos en que puedes genuinamente emocionarte por el deporte, y sufrir cada oportunidad de gol desperdiciada. Puedes ver la pasión en la cara de los jugadores, ese poderoso empuje que termina golpeándose de cara ante la imposibilidad, ante el orden tan natural de una selección como la alemana. Es el juego en su estado frío y calculador, pero al mismo tiempo en su versión más efervescente, más furiosa. Un partido digno para cualquiera de los dos, una final en la que las lágrimas no faltaron y el pasto se llevo más de un golpe.  Después el tema del análisis es el México ostentador del cuarto lugar, que se vio casi ahogado en más de una ocasión y que dejó que una poderosa Alemania le pasara por encima ¿para qué vino hasta acá? ¿por qué no puede tomar un lugar junto a los grandes o aspirar a eventos heroicos?  ¿Mejorará algún día? Yo no soy optimista.
El futbol mexicano no es motivo de orgullo. Está podrido en su núcleo y nunca se recuperará. Se alimenta de la corrupción como cualquier otro representante nacional, como el gobierno mismo que personifica. Es una mentira del mismo sistema de futbol mundial, que le hace creer que es una selección importante, poderosa, histórica y necesaria, puede que todo esto sea cierto, pero como enorme aportador de dinero, riqueza que nunca sabemos de dónde viene y termina en los bolsillos de unos pocos, a cambio de la pasión y la “esperanza” de un país. El futbol mexicano carece de identidad porque nace de un país que aún no ha superado su complejo adolescente, que le cuesta comprender su historia, que trata caricaturescamente sus símbolos nacionales, que se hunde en su propia putrefacción. Cada equipo que adoramos incondicionalmente tiene tras de sí la sombra de dos televisoras, que alimentan su poder con la afición de la población, la más humilde y honesta, así como la sombra de una federación impulsada por compadrazgos: conveniencias que terminan por truncar el talento y los sueños de los jóvenes que son desplazados para que unos cuantos sudamericanos cobren un poco más, para inflar aún más los bolsillos de quién sabe quién y consumir ese futbol mexicano que se jacta de ganar una copa de oro, que se frustra por no poderle ganar a Argentina o a Alemania, que no ha podido nunca ganar un partido de eliminación directa en un mundial. Ese es el legado del futbol mexicano, un legado de mediocridad que trae consigo millones de dólares.
La próxima vez que veamos a México jugándosela en la cancha, enredándose con sus propios pies estaremos viendo el resultado de una identidad truncada, incapacitada que da mucho poder a la hegemonía de las televisoras, que sí realza los sentimientos patrióticos empujados al fondo durante las ceremonias de honores a la bandera los lunes. Hipocresía es lo que se respira en el Estadio Azteca, tal vez el único momento en que puedan entonar el himno nacional con orgullo, tragándose ese teatro fácilmente, permitiendo esa suciedad siempre y cuando les permitan gritar: ¡Puto!

lunes, 8 de mayo de 2017

La vida después de septiembre

Ahora que está de moda el tema High School y el bullying debido a cierta serie de televisión, que a mí parecer es una suerte de receta de cocina que sirve para dejar muy en claro una moraleja: “Sé bueno con todos, porque lo poco que haces también es bullying y afecta a todas las personas”, les voy a contar mi triste historia, simplemente por tener la oportunidad, no porque sirva de algo.
Cuando yo estaba en la secundaria y preparatoria la palabra bullying no era tan común. La escuchabas de vez en cuando en algún reportaje de las diez de la noche para hablar de algún tiroteo, algún suicidio, que siempre sucedían en Estados Unidos. Tal vez algún comentario con varios psicólogos en esos programas de revista matutinos que tanto disfrutan las mamás; pero en ese entonces no había series de televisión especializadas o documentales desgarradores, ni siquiera platicas en los salones de clase. Ya no soy esa clase de estudiante, así que no sé a ciencia cierta, si en verdad esas cosas pasan.
Nunca me consideré victima de acoso, puesto que no existía ese termino, pero es verdad que en la primaria la pasé muy mal. Fui objeto de burlas, de humillaciones, llegué a sentirme aislada en el salón de clase. Tenía pocos amigos y los que tenía no me trataban muy bien. Se puede decir que siempre he sido la rara. Había días en los que quería desaparecer, en que no quería salir de mi cama, todo esto era muy contradictorio, porque me gustaba la escuela, me gustaba aprender, pero no soportaba tener que relacionarme con esos niños. No cargo conmigo rencores, ni siquiera puedo recordar la situaciones claramente, sólo puedo recordar cómo me sentía. Un gran choque de realidad para mí fue ver la película Harriet, le espía. Ver como aislaban y acosaban a esa niña simplemente por tener aspiraciones, claro, era cruel en sus juicios, pero no eran verdaderos, ni eran para ser leídos. No me detendré a explicar la trama, pero principalmente me frustraba mucho ver como sus padres no se molestaban en comprenderla, como los profesores incitaban el mismo acoso. Tal vez sea el testimonio con el cual puedo sentirme más identificada en cuanto al acoso escolar como tal, no porque lo haya vivido de forma similar, sino porque empaticé con Harriet.
A pesar de lo difícil que fue para mí relacionarme con las personas, entendí al final que el mundo no se acaba ahí. A pesar de que me sintiera sola en la escuela, no podían quitarme mis libros, mi música, no dejaba de ser yo. Sí, eso significa ser rara, pero pude vivir con ello.
Hace poco tiempo recordé una situación, a la que en su momento yo no le puse demasiada atención, que de hecho había casi olvidado. No es material para una serie de televisión, puede que ni siquiera se lleve unas líneas en mis memorias, además de las que estoy escribiendo ahora: Mi amiga y yo nos relacionábamos mucho con dos muchachos durante la prepa, vaya éramos un grupo grande de amigos por así decirlo, pero por alguna razón nosotros cuatro siempre terminábamos en el mismo equipo, haciendo proyectos, tareas, experimentos. Basta decir que yo tenía un crush con uno de ellos, y supongo que mi amiga tenía su crush correspondiente.
A cierta edad es muy común crear esta relación de Amigovios con algunos chicos, yo diría que esa era la relación que tenía ella con aquel chico. Se la pasaban todo el día abrazados, agarrados de la mano, hablándose bonito, pero no eran novios y al parecer no tenían la intención de serlo. A pesar de mi torpeza me llevaba bien con el chico que me gustaba. Sin embargo, la cuestión es que el amigovio de mi amiga (que era el mejor amigo del chico que me gustaba) nunca tuvo un trato cordial hacía mí; nada porque hacer alboroto, te gusta mi amiga –o algo así– no necesariamente tienes que ser mi amigo, podemos vivir con eso; pero ese trato, no amigable, era pasivo agresivo, de alguna manera. Él desprestigiaba todo lo que yo decía, difícilmente recuerdo algún comentario bueno. Aprovechaba cada situación posible para hacerme sentir mal, con respecto a mi aspecto, a mi personalidad, si desperté con ojeras, si no me he depilado las piernas -porque Dios me perdone, llevo medias-, no me peiné hoy, tengo el pelo sucio, mi suéter está roto. De verdad era bueno para hacer relucir mis inseguridades.
Nunca un hombre me ha hablado igual. Es normal que las chicas sean crueles entre ellas: tu blusa está sucia, tu falda está manchada, tienes una espinilla; pero que un hombre me lo diga, sólo me ha pasado en esa época de la vida. Realmente él me hacía sentir muy mal, con muy poca autoestima, y lo hacía de una forma tan sutil, tal vez estaba muy automatizado el trato porque éramos nosotros cuatro, porque era el amigovio de mi amiga, porque es tan común, estamos tan acostumbrados a que juzguen nuestra apariencia, nuestra personalidad. Y hasta ahora puedo reflexionar y decir: Wow! Yo creía que era mi amigo y nunca lo fue, no me dedico más que amargura. Me hizo sentir tan poca cosa. Eso es algo con lo que tendré que cargar: el sentirme tan pequeña; pero no es su culpa que yo me sienta así, si yo me siento pequeña, la gente lo nota y lo aprovechan, se dedican a recordarlo, pero no porque sea inevitable.
La situación se tornó complicada, porque los amigovios suelen terminar de forma impositiva, ya sea que se convierta en una relación como tal o sean los celos los que terminen arrancando la amistad del “noviazgo”. En este caso fue la segunda opción, los dos pasaron por muchas personas solamente para lastimar al otro. Ahora queda como un retrato amargo en la historia sentimental de mi amiga, felizmente casada y con un niño de apenas unos meses. Aquel chico que me gustaba y yo, aún somos buenos amigos, hablamos y salimos de vez en cuando; y ellos dos aún son buenos amigos. No he vuelto a estar en contacto con él, pero parece ser una persona más fría de lo que recuerdo. Hay quienes son incapaces de relacionarse armónicamente con las mujeres, no me aventuraría a decir porqué.
Todavía me queda ese recuerdo extraño, aunque piense en él cada dos años. Lo menciono no porque sea relevante para la historia de la humanidad. Lo que aprendí de esa reflexión es que alguien puede estar tratándote muy mal y tú ni cuenta te das. Eso no significa que esté a favor de la condescendencia absoluta y la buena ondez injustificada, simplemente se trata de encontrar tu propia fortaleza dentro de todas estas debilidades, y si suena tan cursi es porque creo que así debe de sonar. Fue difícil para mí encajar. Y cuando finalmente encuentras un grupo de amigos, está esa única persona que se dedica a bajonearte, pero sobrevives, porque de eso se trata.

jueves, 23 de marzo de 2017

Escribí mi primera autobiografía con comic sans: sobre la creatividad y la presión


Yo no creo en el llamado de la página en blanco. Creo fervientemente en la fecha límite como ese ente revelador que exprime cada palabra con violencia. Una desesperación y frustración que ata la cabeza a la computadora y se esfuerza, de forma descomunal por unir frases, oraciones, párrafos e ideas en una obligada coherencia. Más aún llega el momento en que nos ponemos frente a los demás a leer en voz alta aquello que nos atrevimos a escribir con el dolor subsecuente de la fecha límite; así toda critica buena y mala, constructiva o no flota en la habitación cuando uno se muere de ganas de decir: ¡puta! ¡Escribí todo esto hace unas horas, que todo valga verga! Lo principal es trabajar con aquel vomito de frases y oraciones que con nada. Es el dulce sentimiento de la producción desmedida. Heredero natural de la sociedad occidental actual, del imaginario nacional: dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.

¿De dónde viene la creatividad? ¿De las musas? ¿De los rayos metálicos nocturnos o son los alaridos demenciales de aquellas múltiples voces? Debería venir de la jodidez. Sólo los oscuros rincones de la miseria humana son capaces de producir algo revelador sobre la condición humana. Ese llamado momento de lucidez, elude a quienes se gobiernan por el ocio. La inspiración, si es que existe, puede ser sólo en los momentos en que el alma humana se halle apretada, pequeña, cansada y herida Es pretender recurrir a los demonios que transforman la materia en arte y las palabras en armas brutales. Porque recurrir a los demonios, en los fondos inacabados de la desesperación, es un grito al vacío en busca de inmortalidad ya que somos comunes y repetibles. Los grandes pilares que sostienen a la humanidad se ven tan lejanos. Ahora sé que todo lo que necesito decir ya se ha dicho.

Que cabrones los golpes que se dan al ego de los efebos cuando llegan a la cátedra. Muchos fueron ensalzados en los hombros frágiles de estudiantes con pocas aspiraciones y maestros fundidos en su proyección. Los estudiantes tienen de dos: aceptar sus virtudes, sus limitaciones y aspirar a crecer, o ser devorados por los monstruosos del narcicismo. Mientras tanto, en la pálida sombra que proyectan los ególatras, unos pocos interesados por mejorar son disminuidos por la poca atención de sus contemporáneos. Los grandes saberes académicos vuelcan sus ojos, no a las cloacas de la sociedad, sino a los rascacielos desbordados de cultura y sentencias sobre historia y literatura. Los vivos, en las inmundas calles se complacen con trabajar para tener y tener nada.

Es sumamente difícil atreverse a escribir dudando de cada frase y cada coma, por eso nos movemos con la esperanza de enfrentarnos a la palabra hasta las últimas consecuencias y finalmente dar nacimiento a algo, a pesar de la angustia y la falta de talento. Yo les reclamo a los jóvenes poetas, ganadores de certámenes, patrocinados por programas gubernamentales, su tibieza, su falta de fondo, ese temor que tienen al abismo insoportable, esa necesidad que tienen de parpadear.

sábado, 2 de mayo de 2015

Encontrándose en la traducción: perspectivas del doblaje de voz



*Trabajo académico presentado para la materia de Sociolingüística, del octavo semestre de la Licenciatura en Letras, en la Universidad Autónoma de Zacatecas.




1. El ataque
“Hashtag contra la intolerancia” es el grito de guerra que cierto noticiero matutino expresó al dar a conocer las declaraciones de un tanto conocido actor hollywoodense hacia cierto director de nacionalidad mexicana recientemente ganador de un premio de particular renombre. Para parafrasear la situación, el mencionado actor manifestó que el que alguien cuya lengua nativa fuese el español, pudiera reunir dos palabras como “genocidio cultural” en inglés, ya demostraba una resaltante inteligencia. Claramente los comentarios al respecto se volvieron violentos, si se puede decir; el término racista no se alejó de las manifestaciones en contra de tal actor y en contra de la industria que representa; la defensa natural de la patria, la nación, de la identidad y hasta del idioma llenaron los espacios electrónicos dedicados a la manifestación de nuestras opiniones pasionales y subjetivas ¿acaso arremeter contra nuestro idioma no es arremeter contra nosotros? ¿no es algo natural aquella reacción? Porque más allá de lo que aquel director cinematográfico pudiera argumentar, la afrenta era para todos nosotros, los hablantes nativos del español, algo que va mucho más allá de la nacionalidad del hombre al que se respondía, incluía a gran parte del continente, a una cantidad considerable de la población mundial; y más aún si se resalta el hecho de que las palabras “genocidio cultural” no se escuchan muy diferente entre el inglés y el español.

2. Alguna que otra terquedad
Tal vez aquellos comentaristas que expresaron su opinión al respecto, que llamaron racista al enunciador de tal comentario, no lo hicieron en la clara manifestación de su orgullo lingüístico, no pensaron en los millones de hablantes que englobaba y la identidad lingüística que despreciaba ¿no es éste acaso el mejor ejemplo de prejuicio lingüístico? Y ahora ¿qué sucede cuando esos millones de hablantes llenan de prejuicios su propia lengua?
Claro, está el roce entre las lenguas y los hablantes de estas, en la creencia de que existen algunas mejores que otras, con sus respectivas razones –si es que las hay– y sin embargo los hablantes pueden, dentro de su misma lengua, ser prejuiciosos entre ellos, así al defender su lengua de los ataques extranjeros, la mutilan, la excluyen de sus variantes y estereotipan a las mismas; porque el hablante nativo del español al que se hacía referencia no era aquel de la Patagonia, era el mexicano o así nos lo quisieron hacer ver; justamente ahí está la exclusión, el hombre de Valencia, España, no lo sintió personal, ni el ejecutivo de Buenos Aires, pero sí fue así para el estudiante de ingeniería del Estado de México, para los tuiteros del D.F. o los blogeros de Cuernavaca. ¿Cómo podemos negarnos a la convivencia, a la inclusión si negamos como integrador aquello que más nos identifica: La lengua?

3. La voz ajena como identidad
Hay un pequeño rincón dentro de la nueva cultura occidental, el cual se encuentra entre nuestras diferencias, que hasta hace algunos años estuvo alejado de tales mutilaciones; un pequeño detalle dentro de la industria y la distribución cinematográfica-imperialista que ha sido olvidado por estudiosos y observadores, que se ha retomado por la nueva horda de fanáticos durante los últimos años; aquella expresión artística y rama de la actuación que si bien lo identificamos como algo cien porciento mexicano, también dotó de una identidad particular a todos los hablantes del español durante un periodo de la historia, incluso a aquellos cruzando el Atlántico: hablo de la transferencia lingüística sincronizada, un nombre bastante elegante y técnico para el comúnmente conocido como “Doblaje de voz”.
Aquello que llama mi atención sobre este acto es lo inclusivo que fue durante mucho tiempo con las diferentes variantes del español, gracias a la existencia del doblaje llegó a hablarse de un “español neutro” de una lengua propiamente reconocible para todos sus hablantes, que dejaba de lado los localismos, los acentos y proponía la unificación de nuestra lengua, sin embargo el gran problema de este proyecto era el producto que estaba unificando y el por qué.
El hablar por otros no es algo nuevo en la humanidad, pero aquello a lo que hoy en día se le presta voz es producto manufacturado creado para el consumo masivo, el producto audiovisual, su venta y distribución. La identidad que se defendía líneas atrás no existe propiamente si aquello que se integra por la última versión en español es un producto de otro contexto, de otra idiosincrasia, de otra visión de mundo, la cual manifiesta en el uso de la lengua en el que fue creado. Hace más de medio siglo Jorge Luis Borges hablaba con desprecio de este joven fenómeno:
El arte de combinar no es infinito, pero suele ser espantoso. […] ahora la cinematografía acaba de enriquecer ese vano museo con “el doblaje”, un artificio maligno que combina las facciones de Greta Garbo con la voz de cualquier dulcinea española. ¿Cómo no quejarnos ante ese prodigio penoso, ante esas anomalías fonético-visuales?[1]

Es de esmera curiosidad que una mente tan brillante ponga tal atención a algo tan nuevo y quizá hasta banal. Eso que yo considero atrevido y sano para nuestra lengua, Borges lo encontraba aberrante, pero no por lo que significaba para el español sino aquello que le hacía a la “obra de arte”; es un argumento que aún defienden muchos detractores del doblaje de voz, lo mutilante que puede ser con la obra. Para mí siempre significó un producto diferente, independiente de cualquier juicio estético anterior.
Algún argumento tajante para justificar al doblaje dice que si no se deben doblar películas, no se deben traducir libros, esa defensa ya fue refutada por el mismo Borges: “Quienes defienden el doblaje razonarán que lo mismo se le puede objetar a cualquier otro ejemplo de traducción. Ese argumento desconoce, o elude, el defecto central: el injerto arbitrario de otra voz y de otro lenguaje”[2]. Sin embargo la idea de injerto, aunque no equivocada, escapa de una mucho más amplia que define esta práctica. Después de todo ese hecho que daba entrada a los apasionantes comentarios del autor significaba una industria creciente pero no falta de orgullo, que justo en esa época veía su etapa más prolifica y de más alto estandar en nuestro país. Salvador Najar, actor de doblaje, conocido por ser la voz de la rana antes llamada René y del eufórico tigre Toño, en su libro Doblaje de Voz: Orígenes, personajes y empresas en México, defiende su profesión del anterior comentario:   

Sin embargo, si se observa el asunto con mayor detenimiento, se encontrará que el doblaje a otros idiomas es un fenómeno multifacético y que en él se hallarán todos los aspectos simples y complejos, propios de cada civilización, ya que, igual que la traducción de libros (y debido al universo temático y de influencia que ambas formas de transferencia representan), el doblaje puede ser visto como un fenómeno artístico, ideológico, cultural, social, político, científico, histórico, comercial, religioso, lingüístico, laboral, entre otros.[3]

4. La voz para vender
El doblaje de voz ya se ha utilizado como una herramienta de identidad nacional, cuando en algunos países como la Italia fascista, estaba prohibida la proyección de cintas en otro idioma que no fuera el italiano. Antes de eso como un método de comercialización y distribución  cinematográfico, “útil herramienta cotidiana recuperó para Hollywood el control de la universalidad perdida con el cine hablado”[4], el verter cualquier película a otro idioma, lo cual, aunque relativamente nuevo lleva con nosotros de manera formal casi un siglo. “Ya para 1929 surge la aplicación práctica del doblaje de la voz como transferencia lingüística sincronizada”[5], cuyo propósito en su forma más básica es simplemente dar mayor alcance a un producto. Como ejemplo, hasta hace poco era ilegal que películas animadas se proyectaran en inglés, por la crencia del carácter infantil de éstas.
A pesar de tratarse de una práctica tan común y tan natural, no sólo en un sentido económico, constantemente se aludía al doblaje hecho en México como el mejor del mundo, y aunque la calidad no se encuentra deficiente actualmente, la apertura de otras industrias pone en duda tal afirmación. Desde los años treinta hasta mediados de los años noventa, la excelencia era insuperable. El doblaje orgullosamente mexicano –como se conoce en la industria –hizo gala de la peculiaridad propia de la nación y de su identidad para apropiarse de los títulos producidos en Estados Unidos, convirtió a los Flinstones en los Picapiedra, a Top Cat en Don Gato por poner algunos ejemplos.
Haciendo uso de coloquialismos, localismos y la idiosincrasia propia de la región, convirtió el entendimiento de las obras en algo latinoamericano; así esa habla mexicana pasó a una universalidad irrepetible, convirtió el acento “neutro” en el reconocido para todos los hispanohablantes. Durante un momento todos los hablantes nativos del español reconocían las mismas palabras, los mismas ideas y a los mismos personajes.
Antes de los años noventa no había un doblaje particular y exclusivo para España, muchas de las cosas que se doblaban aquí, en Puerto Rico o en Los Ángeles llegaban intactas a este país, claro que esa forma tan diferente de su lengua terminó por separar más aun los continentes, crea la aún más notoria diferencia entre el “español latino” y el “español de España”. Los latinos defendían la neutralidad de su doblaje y los españoles reprochaban la falsedad de éste; aún ahora es tema de fuertes discusiones en la internet, defender su identidad nacional a partir de su lengua y ésta a partir de su doblaje de voz.

5. La identidad y el doblaje de voz
Retomando a los productos estadounidenses apropiados ideológicamente por la lengua el más claro ejemplo es la serie de televisión Los Simpson, un producto puramente americano, que expresa los valores de aquella sociedad, los critica y los trasgrede; y aún así es Latinoamérica la región del mundo que más consume y disfruta esta creación. Es esa apropiación que define la sociedad mexicana pero que la identifica con el resto del continente. Son sociedades muy diferentes las que conforman Latinoamérica, no obstante encuentran unión en el hablar neutro de los personajes, que no son de ellos y que no responden a ninguna de sus necesidades.
Tratar ese idioma particular que sólo se habla en el doblaje es un punto interesante ¿realmente es posible que esta rama de la actuación en su afán de alcanzar más público creara su propia variante de la lengua? De ser una variante más del español, existen ahí un sinfín de posibilidades por analizar. Salvador Najar explica que este fenómeno no es propio de doblaje hecho en México, es un acontecimiento que responde a cualquier lengua con una gran variedad de acentos. Lo describe: 
    
El concepto de acento neutro es fácilmente confundible con otra norma de la misma época, el castellano neutro, que no se refiere al acento de los actores sino al lenguaje utilizado por ellos, al uso de un idioma castellano pretendidamente universal, que selecciona las palabras y nombres más comprensibles para todos o para la mayoría de los países en los que se habla dicha lengua.[6]

Este concepto acarrea la idea de que aquí en México como se realiza ese español “neutro”, son los mexicanos quienes de hecho hablan el español definitivo y correcto. Sin embargo Salvador Najar esclarece que este nuevo “dialecto”, no tiene nada que ver con la nacionalidad que lo produce sino como una necesidad del distribuidor para todos los hablantes del español:

En cambio, ese otro lenguaje raro, ha terminado por ser un dialecto particular, propio solo del doblaje de transferencia lingüística; un fenómeno general de traducción devaluada que se manifiesta en todo el mundo y no únicamente en el doblaje a nuestra lengua […] Con respecto al buen uso del idioma -el mal llamado e inexistente español neutro-, es innegable la gran dificultad que representa el traducir bien y adaptar en un castellano erudito y, a la vez, popular.[7]

Este fenómeno de la traducción sucede de una lengua extranjera a la nuestra y a causa del amplio mercado al que se refiere: Latinoamérica, pero el verter el español en cualquier producción implica mucho más que el simple traslado entre idiomas, la adaptación de conceptos, pero eso incluye la adaptación a la actuación, al ritmo, la respiración, la intención y el movimiento de los labios, así como también exigencias propias del medio como “la pronunciación perfecta de las palabras y de los nombres extranjeros, pero no dichos como suena su escritura en español, sino en la forma como se pronuncian en su nación de origen”[8], todos esos elementos que convierten al doblaje de voz en el injerto mencionado anteriormente pero que también condiciona la elección lingüística que la diferencia del habla común y corriente.

6. Para finalizar
Hace algunos años la actriz María Rojo en su periodo como senadora del PRD tuvo la obtusa idea de proponer la ilegalidad del doblaje de voz, con el argumento de que esa “viciosa” práctica quitaba público y valor al cine mexicano hecho en español, sobra decir que esa exagerada idea no dio frutos, pero puso en consideración de sindicatos y asociaciones el valor de este producto orgullosamente mexicano que sirve de representante de nuestra lengua y su variante “neutral” en el resto del mundo hispánico. Lo que es claro es que el doblaje en español se produce y consume en todo el continente y sin embargo las otras industrias no logran deslindarse de su acento, no logran apropiarse de los productos identificando a toda Latinoamérica, con sus claras excepciones.
Manifiesto aquí mi propia predilección por el doblaje hecho en este país, el cual aún considero el mejor del mundo y que defiendo en cualquier oportunidad como creador de identidad lingüística y representante de una muy válida profesión que solo obtiene cariño y admiración en su representación en español.




[1] Alguien, Borges sobre el doblaje cinematográfico, revisado en http://algundiaenalgunaparte.com/2009/01/25/borges-sobre-el-doblaje-cinematografico/
[2] Ibídem.,
[3] NAJAR Salvador, El doblaje de voz: Orígenes, personajes y empresas en México, 2008, Versión en línea, p. 29
[4] Ídem, p. 108
[5] NAJAR Salvador, El doblaje de voz: Orígenes, personajes y empresas en México, 2008, Versión en línea, p. 28
[6] Ídem, p. 152
[7] Ibídem.,
[8] Ídem, p.154

martes, 5 de agosto de 2014

Grafomanía tuitera

Twitter se describe como el patio trasero del internet, ese espacio donde todos hablan de todo y uno puede enterarse de cada chisme. Mini-blogear, ciento cuarenta caracteres para acomodar los pensamientos más vacíos y espontáneos que puedas tener; es tan fácil tuitear, liberar esos pensamientos al aire como si cada movimiento de tu cerebro fuera tan brillante que mereciera ser compartido con los demás. Les parezcas o no interesante, ahí están, tus reflexiones sobre la vida, la moda, la gente que nunca conocerás, la gente que conoces, tus movimientos más triviales y tus ideas más infantiles; hay de todo, deportistas, reporteros, músicos, socialités, escritores y la gente común. Así me he enterado de muertes, de terremotos, tragedias, acciones vacías, romances famosos; hemos aprendido un poco más sobre la ortografía, la literatura, los pensamientos que nacen del alcohol de los pensadores y editores. Ahí están, en el instante. Puede que se guarden pero si no lo lees en el momento en que se escribe es difícil que llegara a ti. 
De vez en cuando yo tuiteo líneas interesantes, líneas que mis pocos seguidores marcan, que comparten entre los suyos, pero es algo raro, porque mis pensamientos no están hechos para compartirse o entenderse y sin embargo es tan catártico escribir, sólo para expresar algo, porque todos nacen con esa inquietud, de hablar de sí mismos y ser escuchados, de escribir sus ideas, lanzarlas al mundo y no esperar retroalimentación.
Si Milan Kundera dice que existe un escritor en los más profundo del alma humana no es que todos lo expresen y de manera válida, quién nos puede negar que los grandes nombres de la literatura no comenzaron como nosotros, hablando de sí mismos, de lo que conocen de la manera más simple y trivial, quién nos asegura que el taxista que escribe sus memorias no merezca tal reconocimiento, quién dice que el actor que escribe cuentos no lo hace de manera ejemplar, que el blogero que ha escrito cinco novelas que probablemente nunca se leerán no haga un ejercicio puramente literario.
Yo sé que existe una diferencia ¿acaso no nos dedicamos a estudiar eso? Nos llamamos expertos en literatura y no podemos definirla, No podemos notar la diferencia entre la experiencia en palabras y el ejercicio poético. Nosotros que estudiamos obras de teatro como si fuera una novela, que académicamente despreciamos la literatura gráfica, pero estudiamos los caligramas de Apollinaire. Hablan de tuiter-literatura pero no la comprendemos, tachamos de ignorantes a quienes se expresan en Facebook pero compartimos nuestros odios y cotidianidades en las redes sociales. Estudiamos grandes obras, estudiamos formas y sintaxis, despreciamos a nuestros contemporáneos, nos burlamos y destrozamos sus creaciones y nos ofendemos cuando nos hacen lo mismo.
Vivimos en el tiempo de la sordera, es el tiempo en que la soledad es más pesada que el entendimiento, y como estamos sordos y solos cada quien expresa un tema, lo grita y lo vacía al internet esperando ser alabado por eso, no hay quien lea por que los demás esperan ser leídos y no leer. Ya los resultados de esa necesidad de escribir no se pueden criticar, cualquier cantante escribe un libro y cualquier historia de amor insulsa se convierte en Best-Seller; no se produce arte, porque todos son artistas y nadie lo es.
Que bueno que nos queda el internet para expresar lo que se nos de la gana, pensamientos y experiencias vacías sin relevancia alguna para recordarnos nuestra propia inclinación egocéntrica. Es el superpoder de ser anónimo, de criticar sin haber leído, de hablar de lo que no se sabe y expresar nuestro odio sin limitaciones.

Y ya estando sordos, pueden seguirme en Twitter

sábado, 8 de septiembre de 2012

Regresiones

Sé que todos esperan el patriotismo en estas épocas; perdónenme sí no puedo ser patriota cuando estás los continuos bombardeos de mexicanismo por todas partes. Hay banderas y canciones, pseudo orgullo mexicano en cada individuo insignificante. Hablan de lo mal que se encuentra el país con elecciones compradas y situaciones fraudulentas, aunque a mi parecer no entienden realmente que es lo que se supone que defienden.
Yo nunca he expresado esa personalidad, no puedo decir que en algún momento lloré al escuchar el himno nacional en algún juego de futbol oficial, o sentí inmenso orgullo al ver la bandera ondearse al viendo. Cómo puedo sentir eso, si me imponen esos sentimientos, casi fascistas. No puedes ofender a la bandera, no puedes usarla de mala manera, no tienes ni la libertad de quemarla. Parecen pensamientos anarquistas, y no es que lo vaya a hacer, es sólo que creo que los ideales que tanto creen defender, realmente nunca existieron; ahora están siendo deformados por grupos extremistas y personas vacías. Está bien tener esos sentimientos  pero con conciencia, hay que pensar bien las cosas antes de actuar; yo no sé si lo estoy pensando de la forma correcta, pero tampoco hago manifestaciones ni huelgas de hambre. No soy nihilista, no es que desee lo peor para este país; claro que yo quiero un mundo mejor para el que lo merezca, pero perdónenme si no me muevo tanto como ustedes; trato de colaborar en lo que me toca.
Lamento no pertenecer a cierto numero, lamento no sentir orgullo este 15 de septiembre, pero eso no me hace una terrorista que le hace mal a todos. Así como yo trato de entender a las personas de este país, pido que entiendan por qué no puedo compartir sus ideales. Recuerden que gran parte es hacer lo que nos toca.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Fiestas

Me pregunto: ¿Por qué deseamos una feliz navidad? No es que tenga nada de malo, pero me parece curioso que deseemos felicidad un día en especifico. Sólo ese día en especial deben valer las felicitaciones. Nadie te desea un feliz 15 de septiembre, o un feliz día de los muertos, pero si una feliz navidad, que es únicamente el 25 de diciembre; claro que ahora se alargan hasta el 2 de febrero, dicen algunos, para la mayoría termina el 26 de diciembre y el año nuevo, es simplemente el año nuevo, nada que ver con el nacimiento de nadie, pero el 6 de diciembre y el 2 de febrero sí. La navidad es un fenómeno extraño, aun no logro entenderlo por completo, pero la disfruto de la misma manera, por la simple razón de estar con la familia que al menos un día se comporten de la manera mas cordial con ellos mismos. Sólo por eso la disfruto y la espero, pero no por 365 días.

martes, 5 de abril de 2011

Hablemos de igualdad

Detesto a las mujeres que le dan su bolsa a sus novios ¿Que acaso el hecho de tener novio les impide cargar su propia bolsa? Es tu bolsa, cargarla tu, el no esta ahí solo para eso. Claro que un hombre no es menos hombre por querer ayudar a su novia, pero una cosa es cargar una mochila muy pesada repleta de libros y otra cosa muy diferente cargar una bolsa, que no es demaciado pesada y que es para uso personal ¿Acaso ahora que tienes novio va a hacer que se te caiga el brazo o algo?
Las mujeres no buscan igualdad buscan preferencia. En incluso en un mundo que pretende ser mas justo con las mujeres siempre las tendrán en un lugar preferente. Un hombre en cambio debe rebajarse para una mujer debe ayudarla con todo lo posible y hacerle las cosas mas fáciles, son mas débiles, y por lo tanto merecen ayuda con todo.
Realmente una mujer no busca ser tratada igual que un hombre, busca ser tratada con respeto es cierto, pero siempre vista de una manera diferente ¿Por que las mujeres no se esfuerzan para obtener los mismos trabajos de un hombre? ¿No se esfuerzan por terminar con los esteriotipos? ¿No se esfuerzan por cambiar lo que el hombre les impone? ¿Por tratarlos con la misma dignidad que buscan? ¿Por que una mujer puede ser celosa, posesiva, mandona?
No digo que los hombre sean las victimas, el mundo les pertenece y esa es una ventaja. Pero una mujer no puede hablar de ser tratada diferente, si ellas mismas no tratan diferente a las mismas mujeres, no tratan de cambiar lo que estamos acostumbradas a ser, para un hombre, para la sociedad.
¿Como podemos hablar de igualdad, si no la aplicamos para nosotras?