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domingo, 6 de enero de 2019

Recuento del 2018

Me gustaron Sueño en otro idioma y Los adioses. Me gusto mucho Proyecto Florida. Me gustaron mucho más Roma y Museo.Me divertí viendo Black Panther. Me divertí mucho más con Infinity War. Venom es graciosa pero nada más.

Me encantó The Marvelous Mrs. Maisel, todo el mundo debería estar viéndola y hablando de ella. Lloré con Mad Men, porque tiene muchos capítulos de año nuevo. Lloré de nuevo con Gilmore Girls. 

Principalmente leí no-ficción. Mención especial para Misterios de la sala oscura de Fernanda Solórzano y La chica de la banda, autobiografía de Kim Gordon. 

St. Vincent sigue siendo genial. Screaming Females súper genial. La canción del año es Myth de Beach House, me llegó tarde es cierto. No más rock progresivo ni metal, aunque Tool está bien. Primus, es fuera de serie. Expresiones burdas para hablar de cosas grandiosas. 

Magic es muy divertido y complejo, vale la pena seguir jugando. Hay juegos de mesa que son realmente divertidos: Las siete maravillas, Love Letter y Ticket to Ride. 

Tocar en un escenario es la cosa más genial del mundo. Hay una batería en mi sala y un amplificador siempre conectado.

Volví a hacer flan. Me dejaron plantada. Me llamaron de sorpresa. Fui a un festival de música local. Me subi a cantar en un bar, no me volvieron a llamar. Conocí a varias personas vegetarianas, amo la carne. Fui a varias entrevistas de trabajo, me dijeron que no en una Sex Shop. Nunca seré maestra de primaria. No sé porque pasan las cosas que pasan. Nunca maduramos. 26 años.

viernes, 28 de diciembre de 2018

El ser

Dejé mi ejemplar de La insoportable levedad del ser sobre el buró junto a la cama durante casi un mes, quería desmenuzarlo, dejar sobre él la huella de mi lectura; ya hace un año de eso. Paso algo curioso con aquel ejemplar: lo regalé; lo tomé de mi librero y se lo di, lo tenía decidido hace tiempo y quería que ese regalo fuera más un pedazo de mí que un simple libro. Dejé su hueco en mi librero, como un recordatorio de esa parte de mí que ya no me pertenece, curiosamente ahora forma parte de una colección de regalos empolvándose con tantos otros, me recuerda lo inútiles que son los regalos. Desde ese día hemos estado intercambiando libros, yo se los compro, le doy de los míos y él supone que debe corresponder con alguno de los suyos, pero nunca ha sido esa mi intención. No sé porqué, parece que lo mío ya no me pertenece, que es una extensión de mis sentimientos por él, porque yo estoy en los objetos, esos que he conseguido a lo largo de mi vida, cada uno tiene su historia y por fácil o complejo que sea separarse de ellos, algo significan. Yo estoy en los objetos, y aquel día que dejé ese hueco en mi librero, yo fui suya.
Debajo de la escalera encontré un tocadiscos, ochentero, con radio, cassette y sin bocinas. De nuevo tomé un pedacito de mi historia para regalar. Ese tocadiscos fue decorado de mi cuarto mientras crecía, pues no tenían dónde más ponerlo. Mis muñecas posaron junto a él y le pegué toda clase de cosas extrañas. En algún punto terminó bajo la escalera juntando polvo, no se había prendido en años, pero él lo hizo encender, lo hizo sonar de nuevo y discos que llevaban meses sin escucharse volvieron a sonar.  No sé lo que es pero mi inutilidad en esta temporada de dar regalos se ha convertido en dar pedacitos de mí, y no sé si al final de todo quede algo para mí misma.

lunes, 30 de julio de 2018

Lo que me queda


Hoy es mi día libre. Quiero quedarme todo el día en cama, todo el día en el sofá, todo el día escuchando música. Hace dos años esa era mi rutina. Cambié todo eso por viajes en autobús, trasnochadas semanas malcomiendo. Más que todo eso, dejé de escribir, dejé de leer, dejé de escuchar música. Estoy agotada, agotada por mi propia conciencia, por mis propios pensamientos que se acumulan como en una torre muy alta que va a colapsar en cualquier momento. Ya se ha escrito mucho al respecto, pero hay un vacío en medio de todo esto, es eso que hace que todo se sienta tan frágil, a punto de derrumbarse.
El viernes en la madrugada me dio por llorar. Algo me despertó en la ventana, en la cama y mi cabeza se llenó de ideas. Eso me pasaba muy seguido cuando era niña, cuando no era feliz, porque todo eran reclamos y un sentimiento de soledad constante. Así me siento ahora; en una cama que no era la mía, durmiendo en una casa que no era la mía. Durmiendo junto a alguien, alguien que me moría de ganas de abrazar, de que me rodeara en sus brazos y me perdiera en su respiración, en sus latidos. Lo tenía ahí a mí lado y lo sentía tan lejano, que pensé que esa era la verdadera ausencia, la verdadera soledad. Estar tan cerca de alguien y no poderlo alcanzar.
Lo soñé en un estacionamiento. Hace ya tanto de eso. Estaba ahí rodeada de gente, rodeada de desesperación, le gritaba pero sólo se alejaba, sólo lo veía alejarse. Siempre se va en mis sueños. Aunque esté ahí durmiendo en sus brazos. Una cadena de anhelos incumplidos.
En el sofá me le quedaba viendo. Tratando de reconocer ese rostro y sintiéndome bien por eso. Te veo, porque a pesar de los enfados, de los reproches, de las amarguras todavía reconozco al hombre del que estoy enamorada. Todavía lo veo claramente en los gestos, en las risas. Es lo único que siento ahora, es lo que me permite seguir, lo que me entristece. Lo que me queda.
Algo está muy mal conmigo. Lo vi ahí consintiendo a su cachorro y me dieron ganas de darle un hijo. Como si lo único que me quedará es ofrecerle cosas. Una traición de mi útero. Al final en qué lugar me dejaría. Parecía perfecto, tan dispuesto a cuidar, a querer, a proteger, tan capaz de construir algo –¡sí! Yo quiero construir contigo–. Son esos sentimientos, esas ideas las que me hicieron llorar. Empecé a hablar en voz alta, ahí en la oscuridad de la madrugada, con las piernas enredadas bajo las cobijas. No sé si me escuchó, no sé si le dio sentido a mis palabras. No sé si lo olvidó entre sueños. Es lo que me queda: una confesión nocturna, una felación matutina.

miércoles, 25 de abril de 2018

Felación


El domingo por la tarde, un poco atormentados por el calor, notamos que en la plaza frente al trabajo se asentaba un señor vendedor con su carretilla llena de tradicionales Helados del Nilo. Helados de vainilla o nuez famosos por su forma fálica y los cuales deben consumirse en el momento en que se compran. Fabi y yo nos aventuramos a comprar tres y regresamos dispuestas a chupar el dulce helado de vainilla. Por el calor es natura que comiencen a derretirse un poco, por lo que deben devorarse rápidamente. Batallando un poco en su consumo, Fabi me pregunta: ¡Ay! ¿Cómo se come esto?; pues cómo se come un pito. Le respondí.

lunes, 24 de octubre de 2016

Crisis de identidad II

Ayer me sentía muy triste. Me senté a llorar comiendo pasta mientras veía Antes de la Medianoche, nada parecía ser lo suficiente, es uno de esos momentos en que estas sola y todo se siente extrañamente pesado. Recién había terminado de leer el libro y todo se volvió gloomy las canciones con la que acompañaba la lectura me empujaban hacía ese profundo abismo de soledad. Por supuesto que exagero la descripción, pero en verdad tuve un pequeño empujón a la depresión. Quería seguir en ese mundo de fiestas, excesos y rock and roll, quería volver a las anécdotas de pretensión artística en la música urbana popular. Me sentía como si me hubieran abandonado en la estación de autobuses y los hubiera visto marcharse sin mí.


Playlist:
The Stooges - T.V. Eye
New York Dolls - Personality Crisis
Iggy Pop - The Passenger
The Velvet Underground - I’m waiting for the men

lunes, 29 de agosto de 2016

El agotamiento


Estoy al borde de las escaleras pensando: “Soy una asesina y voy a ir al infierno”. Todo lo demás parece irrelevante. Puedo encontrar una mirada hueca en esta pantalla negra, sin lágrimas ni arrepentimiento. No me llamo a mí misma descuidada, más bien desesperada, por saber de qué se trata en realidad. Una promesa para el futuro.
Realmente no lo comprendo ¿por qué se atan las personas a procrear? ¿cuál es la mística en eso? Es un juego divino, un engaño vacío. La especie está preservada, no le hace falta un nuevo ser para salvar al mundo; así como el resto de la gente juega con ello, la idea de poder y responsabilidad sobre la existencia de alguien más ¿quién les da el derecho?
Yo no pedí nacer, pero en su arrogancia decidieron que querían una vida a su cargo, la alimentaron, la cuidaron, pero cuando se volvió independiente no lo toleraron. No soportaron la idea de que tomará mis propias decisiones sobre aquello que eligieron darme, que creían de su propiedad. Tomé una decisión sobre mi vida, decidí que no quiero darla, ni compartirla; sin embargo, me llamaron asesina y me condenaron al infierno. Bajo sus condiciones y sus juicios he matado, cruelmente como quien arranca un flor, sin conciencia, sin malicia y sin perdón. No van a ganar nada de mi sacrificio, no puedo vivir bajo esa arrogancia, no hay un alma que vaya a salvar esta noche.
“¿Y qué derecho tienes tú?”, Me dice una voz detrás de la nuca. No tengo nada, estoy condenada.. No sé quién soy, eso lo tengo claro. He sacrificado mi alma y no me reconozco en este espejo. No me reconozco en estas manos, no las siento como mías, son una ilusión, un invento de este sueño que no comprendo, del que nunca fui parte. Desde que aprendí mi propio nombre lo siento como el de una extraña.
Me he arrastrado por consultorios médicos, he recorrido las paredes manchadas de la ciudad y me encuentro agotada en estas escaleras fingiendo que lo comprendo, porque tengo la impresión de que todo sucede al mismo tiempo, me desmorono y me vuelvo a armar con cada respiración; pero no soy más que una compilación de pretensiones, el invento de una madre, la extensión de un nombre sin significado, un cuerpo sin substancia. Yo no soy en realidad. No puedo dar vida yo misma, no puedo intentar siquiera compartirla. Deseo dejar de existir, sin tristeza ni pena, como si nunca hubiera estado aquí, porque este mundo no es real, cuando me vaya se irá conmigo y no quedará recuerdo. Estas no son las palabras de un alma arrepentida. Lo único que me queda es saber que no soy una asesina y no iré al infierno.

sábado, 31 de octubre de 2015

El sueño y la muerte son hermanos


 
"La muerte no llama a la puerta. Está ahí, presente en la mañana cuando te despiertas. ¿Te has cortado alguna vez las uñas o el pelo? Entonces ya tienes la experiencia de la muerte."
-Bob Dylan

 El grito del silencio es aterrador. Es insoportable aquel conflicto con la realidad cuando el concepto se torna en algo tangible. Cuando a los pies se ve apagarse la vida, lenta y dolorosamente. Cada respiración se sufre, el aliento se va. El corazón se detiene, el pulso desaparece, el cuerpo se enfría, la mirada se pierde. Aquella mirada lucida que de tantas ocasiones se recuerda, ha oscurecido. El cuerpo se desmorona. La desesperación aparece. Se vacía la conciencia y el llanto exasperado brota enganchado a la vida que se extingue. Para mí eso es morir.
Los seres humanos están condenados. Atraviesan el mundo con una visón velada en un valle de lágrimas. Se trata del abismo y la angustia de la existencia truncada. La vida vacía sus significados, se convierte en una referencia eterna a (no) ser. Lo que no llegamos a comprender: lo desconocido, lo enfrentamos en nuestro dormitar, entramos a las profundidades del alma, ahí donde la visión se nubla y la luz escapa. Recordar a los hermanos que se durmieron significa enfrentar la resignación, la tristeza y la añoranza de la pérdida; porque ver morir es cada vez más doloroso en su recuerdo, cuando se vive con esa ausencia en todo momento.
Enfrentarse a lo oculto motivó el arte con la intención de tratar de comprenderlo. Referir a la muerte, alegórica, simbólicamente se convirtió en tema recurrente dentro de la creación literaria, tema de tragedias y poemas malditos por el tiempo. Yo lo refiero a la épica de la destrucción, la agonía insaciable del nacer y de la creación. La destrucción busca ser digno amante de la muerte. Hermano, amante o precursor, su dependencia se define por el tiempo ya que Muerte es más vieja que el universo y en su manto encierra la vida, la creación, envuelve al destino. La destrucción es la antecesora de la muerte y su llamado es el cambio, permite que la juventud envejezca, así como el que las flores se sequen y marchiten, finalmente en la juramento de la nada.
La vida, los sueños y los corazones se rompen con facilidad, son frágiles por naturaleza. Aquella débilmente dibujada línea de vida respira y palpita en las manos de los hombres. En el poema La Danza de las Hadas, Neil Gaiman expresa cómo los corazones jóvenes, hambrientos de aventuras, inconscientes por sí mismos, se ven rodeados por sueños: “caminaría mi alma por / angostos caminos y tortuosos senderos”[1]. No son sólo tratados de juventud, también de ignorancia: “De joven fui inconsciente. Envolvedme pues / en sueños y muerte”[2] Relacionar el dormir con morir, en ciertos casos trata de hacer más soportable el encuentro entre estos significados.
El sueño y su correspondencia con la muerte, es tema que impregna las imágenes en la creación literaria del autor británico. Su imaginario, productor magnifico de historias, ha llenado páginas en la literatura grafica, viñetas que esclarecen tormentos de la mente sacados de pesadillas de muerte. De su imaginación han salido increíbles creaciones de corte maravilloso y fantástico, la editorial Vertigo Comics, brote de la enorme DC Comics, trajo a los lectores el monumental trabajo The Sandman, historia de volátiles ilusiones que relata la travesía de Morfeo, representación antropomórfica del sueño: el arenero, cuyos dominios oníricos son tan antiguos como el tiempo; así mismo introduce a sus hermanos, los eternos: Destino, Muerte, Sueño, Destrucción, Deseo, Desespero y Delirio.
Morfeo es el contador de historias, vive atrapado por setenta años condenando al mundo a vivir sin sueño y aquellos que duermen jamás despiertan, envejecen en un eterno vaivén de cuadros ilusorios. Gaiman convierte al sueño en un estado de vulnerabilidad, la mente se vuelve quebradiza y la pesadilla es su personificación.  La hermana mayor de Morfeo, Muerte, es representada como una mujer joven, de cuyo cuello cuelga el símbolo egipcio Anj, que significa vida. Ella camina con naturalidad y ligereza entre el mundo de los eternos y el de los mortales, pertenece a la fragilidad de universos. Muerte siempre es superior a Sueño.
Los hombres aterrados al dormir, entran a los dominios de Morfeo con cautela y cabizbajos. Lo temores de la mente se abren ante la impotencia del no despertar. La vigilia por su parte ejemplifica el cansancio. La muerte en cambio es tan natural como el vivir, da un respiro de tranquilidad a la angustia, significa la promesa eterna a entender aquello que se nos niega como seres conscientes de su existencia. Es esa consciencia la que ejemplifica el temor, la muerte y la vida, se trata del acercamiento al conocimiento, pues el velo de duda se crea en la experiencia que rodea la ignorancia del ser.
El sueño y la muerte están íntimamente relacionados en ese lazo de significados que rodean las dudas sobre lo desconocido, convierten en parte primordial del mundo de los sueños a la vigilia, pero crea también el aterrador halo de pesadillas en que el señor de las arenas vive. Muerte camina entre los vivos, los conoce profundamente expresa su reino en la delgada línea, así como en el sueño y lo eterno
Muerte, conoce a sus allegados, como vieja amiga, sabe todo: nombres, pasiones, miedos y lo más importante, dudas. Cualquiera arrojado al mundo ve sus minutos contados en saber de la joven. Ella toma en sus brazos a un bebé, reclama su aliento y lo lleva a la sombra de lo inefable con naturalidad, pues en su paso por el mundo promete la calma. Es como dormitando, entregarse lentamente a la oscuridad, la cotidianidad del dormir y no despertar. El batir de las alas del tiempo, en el camino desesperado de entre los seres que viven, promete, no miedo a lo desconocido, sino una nueva consciencia: “Ahora que has muerto es que lo sabrás” [3]. Al igual que existen mentiras de tristeza, porque morir es un choque de tiempo, un detenimiento de la vía que fluye, ese espacio vacío crea reclamos de quien piensa, que pudo hacer tanto con tan sólo unos cuantos años más, que las promesas de amor eran más grandes que la autoridad de quien viene y exige la vida.
Saber que se ha prometido un paraíso de ensoñaciones apacigua el sufrimiento de quienes se van y de quienes se quedan. Finalmente un halo de tormento llama a la desesperación antes mencionada. Para la representación antropomórfica de la muerte se trata de un respiro de paz, aún en la más violenta de la situaciones; sin embargo para los mortales implica dolor pues se vive ignorante del acto real que plantea el morir. Se ha llamado en el sueño el despertar del desespero.
La voz de los sueños, que internamente llama y desangra a un alma que muere un poco cada noche. La arena del sueño desmorona en la mirada vacía, flagrante de vida, un angustioso respiro.  De los párpados cerrados, cae la esencia del ser en millares de granos de arena hasta que no queda nada, ni consciencia, ni vida, ni alma. Jamás se despierta. El sueño de la muerte es la desesperación de verte cayendo y no lograr exhalar. La pesadilla interminable de saberse inexistente, para mí eso es morir.




[1] GAIMAN, Neil, Objetos Frágiles, Roca Editorial, Segunda Edición, Barcelona, 2014, pp. 63-64.
[2] Ibidem.
[3] GAIMAN Neil (escritor), Sam Kieth (arte), The Sandman. Preludios y nocturnos, Editorial Televisa, 2014, p. s/n