martes, 31 de julio de 2018

Borrador

Sec. 1 EXT. CALLE/HUMEDA NOCHE 
Los jóvenes músicos se reúnen afuera del teatro, el asfalto está húmedo por la lluvia que acaba de caer. LAURA (17) es el centro de atención, está vestida con un saco blanco que la hace parecer más madura, lleva el estuche del violín frente a sus piernas. Se le ve sonreír con una intención casi fotográfica, su rostro está detenidamente cuidado.  
TOMÁS (25) le toma el brazo que sujeta el estuche del violín, la mira como un objeto, algo que le pertenece. Es un hombre limpio, de mirada arrogante, bien vestido y de sonrisa encantadora, siempre acostumbrado a tener lo que quiere. 

TOMÁS 
Siempre es un placer oírte tocar.

LAURA 
(Sonriendo) 
Ojala pudieran escucharme los demás. No pensarás que llego a opacarme ¿o no? 

TOMÁS 
Seguramente se puede hacer algo para que todos tengan el placer de escucharte. 

LAURA 
Dicen que soy demasiado joven, para tener toda la atención. 
TOMÁS se acerca al oído de LAURA con una sonrisa en los labios. En ningún momento le suelta la mano. 

TOMÁS 
La experiencia se compensa con talento. 

LAURA 
Eso sí lo puedo alcanzar. 

Un hombre, ANTONIO (43) se acerca por la espalda de LAURA. Vestido de traje negro de corte muy caro, avanza entre la oscuridad con gran porte y elegancia, su cabello está perfectamente recortado y se nota su superioridad económica. Le toca el hombro a LAURA. Ella voltea sin perder la expresión y su característica sonrisa. 

ANTONIO 
¿Recibiste mis flores? 

LAURA 
Recibí las flores. Me encantan las rosas. 

TOMÁS 
(Sujetando el hombro de LAURA) 
Común, pero encantador.

LAURA 
Yo adoro las rosas, es clásico. Funciona muy bien conmigo. 

ANTONIO y LAURA cruzan miradas intensamente, él la mira como si ella le invitara a adentrarse en su vida, sin perder la suave sonrisa de los labios. En ningún momento TOMÁS le suelta el hombro, tratando de proteger lo que cree que es suyo. 
Los músicos que se agrupaban fuera del teatro llaman a TOMÁS intensamente, se dirigen a un bar, no es algo que suelen hacer. TOMÁS voltea con preocupación, su nuevo juguete se escapa de sus manos. 
TOMÁS 
¿Vienes con nosotros? ¿te llevo a tu casa? 

ANTONIO 
Yo la llevo. No debes hacerlos esperar. 
TOMÁS la mira detenidamente, espera ansiosamente que ella lo escoja a él. 

LAURA 
Tú ve. La próxima vez los acompaño. 

Ella se aleja de TOMÁS, le regala una última sonrisa y camina junto a ANTONIO, considerablemente cerca. TOMÁS la ve una última vez y alcanza a los demás. 
Caminando ANTONIO intenta acercarse a LAURA. Voltea a verla de vez en cuando, esforzándose para no tomarle de la mano. 

ANTONIO 
Déjame ayudarte. 
Trata de tomar el estuche. Ella lo aparta. 

LAURA 
No es necesario, si yo no cargo mi propio instrumento, cómo podría mejorar. 

ANTONIO 
Pero sí ya eres la mejor. Se nota al verte tocar, al escucharte. 

LAURA 
¿Me has visto tocar? ¿Puedes verme en medio de tantas personas? 

ANTONIO 
Deberías ser solista. Te imagino en el centro de la sala, con una sola luz iluminándote.

LAURA 
¿Me imaginas?

ANTONIO 
Al verte tocar sé que debes tener toda la atención. 

LAURA 
Yo sé que todos lo piensan. O casi todos, los que pueden darme ese lugar sólo me ven como una niña. 

ANTONIO le toma el brazo. Ambos se detienen, la sonrisa que con tanto orgullo mostraba LAURA desaparece en una profunda mirada, que hacía notar su edad, dándole chispazos de inocencia. Ella nota que él se acerca, tiene la intención de decirle algo, colocándose frente a ella. 

LAURA 
Ya debo irme. 

Alza la mano para detener un taxi, se mueve lentamente con una gracia peculiar, cada movimiento es pensado para ocultar su juventud y mostrar a una mujer experimentada y elegante, camina con facilidad y recupera la sonrisa en su rostro. 

ANTONIO 
¿En taxi? Yo te llevo. 

LAURA 
Todos los días me voy en taxi. Yo se cuidarme sola. 

Ella se para de alza en sus puntas para darle un suave beso en la mejilla. ANTONIO inhala el caro perfume de LAURA, se detiene lo más posible en ese momento. 
ANTONIO 
Ya te veré. 

LAURA 
Me verás.

Le da una última sonrisa, una mirada coqueta y segura. Se desliza dentro del taxi y se aleja. 


Sec. 2 INT. COMEDOR DÍA 
LAURA está sentada en la cabecera de la mesa durante el desayuno, hay fruta, pan tostado y jugo sobre la mesa. Su madre, ANA, está sentada frente a ella con una tabla de anotaciones en la mano, la ve con unos lentes gruesos y un bolígrafo entre los dedos. Es una mujer calculadora, que organiza eventos para distraerse, nunca descansa, y menos en el desayuno. En la mesa se enfría un plato que ella no preparó. 
LAURA 
¿No te encantan los momentos familiares?

ANA 
No siempre se puede que desayunemos todos juntos. 

LAURA 
Eso supongo. Todos están muy ocupados en esta casa. No recuerdo la última vez que alguien esté sentado leyendo sin hacer nada, pasar el tiempo sin ocupaciones. 

ANA 
¿Decías algo? 

LAURA 
¿Algo? 

ANA 
¿Cuándo podré escucharte? Ya casi no tocas aquí ¿Debo comprar un boleto para escuchar a mi hija tocar? 

LAURA 
Podrías ir a los ensayos. No. Es mejor que vayas y me veas cuando toda la atención sea para mí. 

ANA 
Aún faltan unos años para eso. Sé que llevas mucho tiempo en esto, pero el trabajo duro siempre trae recompensas. 

LAURA 
Claro que sí.

Sonríe, pero no de la misma manera. Estando en casa su personaje desaparece, aunque mantiene los mismos gestos siempre pensados en parecer mayor. 


Sec. 3 INT. SALON DE ENSAYO DÍA 
LAURA está sentada en una silla plegable mirando intensamente hacia el vacío. Anoche no pudo descansar, pero siempre mantiene la posición erguida y confiada. El salón de ensayo es inmenso y abrumador, con una oscuridad sofocante que termina en tenues luces sobre el centro, iluminado claramente tres sillas más. Nadie más va a llegar, pero LAURA actúa a la expectativa. El estuche del violín está junto a ella, como siempre, permanece cerca. 

TOMÁS 
(O. S.) 
¿No te encanta la soledad? 
LAURA voltea suavemente buscando la voz entre el eco. Inmediatamente muestra su característica sonrisa y una mirada suave. 

LAURA 
No me dijeron que ibas a estar aquí. 

TOMÁS 
Pregunte por ti y me dieron está indicación. 

LAURA 
Ya me iba.

TOMÁS 
No vas a tocar para mí. 

LAURA 
Eso será mejor en otra ocasión. 

TOMÁS 
Ayer parecías más segura. 

LAURA 
(Sonriendo) 
Yo siempre parezco segura. Por qué así es. 

TOMÁS 
No respondiste mi pregunta ¿no te encanta? 

LAURA 
Más de lo que crees. 

lunes, 30 de julio de 2018

Lo que me queda


Hoy es mi día libre. Quiero quedarme todo el día en cama, todo el día en el sofá, todo el día escuchando música. Hace dos años esa era mi rutina. Cambié todo eso por viajes en autobús, trasnochadas semanas malcomiendo. Más que todo eso, dejé de escribir, dejé de leer, dejé de escuchar música. Estoy agotada, agotada por mi propia conciencia, por mis propios pensamientos que se acumulan como en una torre muy alta que va a colapsar en cualquier momento. Ya se ha escrito mucho al respecto, pero hay un vacío en medio de todo esto, es eso que hace que todo se sienta tan frágil, a punto de derrumbarse.
El viernes en la madrugada me dio por llorar. Algo me despertó en la ventana, en la cama y mi cabeza se llenó de ideas. Eso me pasaba muy seguido cuando era niña, cuando no era feliz, porque todo eran reclamos y un sentimiento de soledad constante. Así me siento ahora; en una cama que no era la mía, durmiendo en una casa que no era la mía. Durmiendo junto a alguien, alguien que me moría de ganas de abrazar, de que me rodeara en sus brazos y me perdiera en su respiración, en sus latidos. Lo tenía ahí a mí lado y lo sentía tan lejano, que pensé que esa era la verdadera ausencia, la verdadera soledad. Estar tan cerca de alguien y no poderlo alcanzar.
Lo soñé en un estacionamiento. Hace ya tanto de eso. Estaba ahí rodeada de gente, rodeada de desesperación, le gritaba pero sólo se alejaba, sólo lo veía alejarse. Siempre se va en mis sueños. Aunque esté ahí durmiendo en sus brazos. Una cadena de anhelos incumplidos.
En el sofá me le quedaba viendo. Tratando de reconocer ese rostro y sintiéndome bien por eso. Te veo, porque a pesar de los enfados, de los reproches, de las amarguras todavía reconozco al hombre del que estoy enamorada. Todavía lo veo claramente en los gestos, en las risas. Es lo único que siento ahora, es lo que me permite seguir, lo que me entristece. Lo que me queda.
Algo está muy mal conmigo. Lo vi ahí consintiendo a su cachorro y me dieron ganas de darle un hijo. Como si lo único que me quedará es ofrecerle cosas. Una traición de mi útero. Al final en qué lugar me dejaría. Parecía perfecto, tan dispuesto a cuidar, a querer, a proteger, tan capaz de construir algo –¡sí! Yo quiero construir contigo–. Son esos sentimientos, esas ideas las que me hicieron llorar. Empecé a hablar en voz alta, ahí en la oscuridad de la madrugada, con las piernas enredadas bajo las cobijas. No sé si me escuchó, no sé si le dio sentido a mis palabras. No sé si lo olvidó entre sueños. Es lo que me queda: una confesión nocturna, una felación matutina.

miércoles, 25 de abril de 2018

Felación


El domingo por la tarde, un poco atormentados por el calor, notamos que en la plaza frente al trabajo se asentaba un señor vendedor con su carretilla llena de tradicionales Helados del Nilo. Helados de vainilla o nuez famosos por su forma fálica y los cuales deben consumirse en el momento en que se compran. Fabi y yo nos aventuramos a comprar tres y regresamos dispuestas a chupar el dulce helado de vainilla. Por el calor es natura que comiencen a derretirse un poco, por lo que deben devorarse rápidamente. Batallando un poco en su consumo, Fabi me pregunta: ¡Ay! ¿Cómo se come esto?; pues cómo se come un pito. Le respondí.

martes, 31 de octubre de 2017

Dormir fuera de casa

dejé mi cabello en tu cepillo
mi sudor en tu almohada
mi sed embarrada en tu cocina

dejé mucho de mí en tu baño
dejé mi sangre en tu regadera

me tropecé en las escaleras de tu casa
me caí frente a tu puerta
corté mi piel con tu ventana
torcí mis dedos en ese instrumento

ya me has quebrado varias veces

¿y qué fue de mis lágrimas?
¿qué fue de las frutas de dejé en tu casa?

te caí encima porque me gustaba ser un mueble más en tu recamara

Crisis de identidad III

He recibido constantes solicitudes de amistad en los últimos meses, algo bastante fuera de lo común para la actividad a la que estoy acostumbrada en Facebook. Me llama la atención como la idea de mí, que es lo qué vendo en un perfil de Facebook, puede atraer a tantas personas. Quiere decir que hay quién se molesta en buscarme, o hay quién se toma muy en serio las recomendaciones de amistad que te suelta un algoritmo. Tenemos un par de amigos en común ¿eso significa que tenemos que relacionarnos? Esto me asusta sobremanera puesto que la persona que publica ahí no es real, no es más que una foto de perfil, cuidadosamente escogida, con uno o varios filtros. Todo lo que dice ese perfil fue pensado y elegido a conciencia, las fotos que se muestran, las descripciones que se hacen, algún apodo, nombre de usuario, situación sentimental, dónde estudio, dónde vivo, todo eso está perfectamente controlado ¿Cómo alguien que no me conoce puede elegir interesarse en mí por lo poco que decido mostrar? Fácilmente puedo ser categorizada: la que estudió tal cosa, la que hace tales cosas, la que toca tal instrumento ¿Dónde queda todo lo demás?
Ahora bajo esa idea sólo puedo pensar en cierta frase que me dijo cierta persona la primera vez que se puso en contacto conmigo: “me llamo la atención tu foto de perfil”. Aunque agradezco que esa persona se haya puesto en contacto conmigo, parece que ahora lucho constantemente con esa idea. Lucho con la bella y vacía promesa que esa selfie cuidadosamente escogida, retocada hasta el infinito ofrece; la vacía promesa de alguien interesante o incluso atractivo, contra mí, la persona imperfecta que escribe estas palabras, que vista en vivo luce, probablemente, diferente; que despliega sus errores e inseguridades a la mínima oportunidad, que se ha quebrado más de una vez, que es sumamente frágil ¿puedes ver eso en un perfil de Facebook? ¿Me eliges a mí o a mi foto de perfil?

lunes, 16 de octubre de 2017

thebleuvelvet en todas mis redes


Soy Vanessa (Paola Vanessa). Soy huérfana. Nací en Zacatecas el dos de febrero de 1992. Estudié letras, estoy escribiendo una tesis. Toco el bajo en una banda de chicas. Me gustan las películas francesas, pero también el cine de superhéroes. Mi trabajo de ensueño es ser periodista de rock. Me gusta la pasta. Odio el apio y las naranjas. Suelo vestir de negro, casi siempre uso converse. Le temo a las arañas. Parezco muy distraída pero realmente pongo atención a todo y lo recuerdo todo. Hablo sola. Detesto la condescendencia. Detesto que se me trate como tonta, que den por hecho que no sé algo sin preguntarme al respecto. En una época de mi vida consideré estudiar cine. Desde los quince años mi sueño fue ser actriz de doblaje. Se cantar, y canto bien. Me encanta contemplar la vida de las personas. Mi baja autoestima me obliga a tomarme varias selfies diarias. Disfruto mucho cocinar, en especial cocinar para alguien. A veces se me olvida comer. Mis bandas favoritas son The Stooges y The Donnas. Nunca ha sido mi sueño ser músico. Mi bajista favorita es Melissa Auf de Maur, aunque creo que Les Claypool es el mejor que ha existido. Mi autor favorito es Milan Kundera. Los libros que considero han influido más en mi vida son El libro de la risa y el olvido de Milan Kundera y Por favor Mátame de Legs McNeil y Guilian McCain. Nunca fui una lectora empedernida pero siempre lo disfruté. Escuche a The Beatles por primera vez a los once años en un acetato que tenía mi padre. Me encanta la Coca-Cola y colecciono botellas y latas de ésta. Dibujo por placer, pero sin técnica. A los nueve años escribía cuentos. A los veinticinco empecé a escribir poesía. Mis poemas son malos. Quedé en cuarto lugar en dos concursos de ensayo. Nunca he ganado nada en mi vida.  La mayoría de mis escritos tienen una perspectiva femenina. A veces dejo libros sin terminar porque me gusta tenerlos ahí como una promesa que se alarga, un final que posterga. Me encantan los juegos de mesa, nunca tengo con quién jugar. Jugaba a las damas chinas con mi madre.  Solía coleccionar la revista Cine Premiere, pero ahora ya no; la compré durante diez años. Hay como cinco voces de hombres que me encantan. Me enamoré de un profesor de canto que tuve (he tenido varios). No tuve sexo hasta después de los veinte años. Nunca he llevado el cabello corto. Hay varias mujeres que me encanta ver: Anna Karina, Isabella Rossellini, Audrey Hepburn, Vivien Leigh e Irène Jacob. La primera película que recuerdo haber visto es El Mago de Oz. Mi película favorita es Lo que el viento se llevó. Soy mala para limpiar y no tengo orden. Suelo guardar cosas sin sentido. Cuando alguien me da un dulce, una golosina o un chocolate no me lo como, lo guardo. Me encantan las palomitas en casi todas sus presentaciones. Duermo y despierto tarde. Me encanta reacomodar mis libros a las dos de la mañana. Colecciono llaveros. Me encanta la sensación de bañarme después de varios días de no hacerlo. Me encantaría vivir en un musical y cantar por cualquier razón. No soporto el silencio. Casi siempre duermo con música. Me gusta tomar el transporte público. Pocas veces he salido a caminar con la intención de perderme pero ha sucedido un par de veces. Disfruto mucho del café. No fumo pero de vez en cuando se me antoja un cigarro. Prefiero la cerveza a cualquier licor. No sé tomar vino. No me gusta el tequila, prefiero el vodka. Nunca he tenido una relación seria. Me cuesta mucho abrirme con la gente. Odio indiscriminadamente. Me saca de quicio la gente más joven que yo (hay excepciones). No me gustan los mariscos ni el pescado (hay excepciones). Me choca lavar trastes. No me gusta el rock progresivo, ni la literatura pretenciosa, aunque todo arte conlleva pretensión. Quiero morir en Nueva York. Aún guardo todos los ensayos que mis compañeros presentaron durante toda la carrera. No sé porque soy @thebleuvelvet. Me llevo bien con mis hermanos pero no me conocen mucho. No creo que mis padres me hayan conocido realmente. Soy muy crítica e intolerante. Dicen que contradigo todo lo que me dicen, pero no es cierto. Es muy fácil hacerme llorar. Suelo llorar más de coraje e impotencia que de tristeza. El año pasado internet me convenció de que estaba deprimida. Siempre he sentido cierta fascinación por la sangre. No me da asco la sangre menstrual. Me fascinan los procesos corporales como la digestión, y el cagar o la mierda no me incomodan, igual me fascinan todos fluidos corporales. La primera vez que vi sangre que no era mía me desmayé. Odio los hospitales. Me gusta la playa pero prefiero el frío. No podría sentirme atraída por alguien a quien no admire de alguna manera. Me callo muchas cosas para evitar el conflicto. Sé que si digo lo que pienso me pondré a llorar. Hay días en que pesa mucho estar sola, hay días que se disfruta enormemente.
Él me gusta mucho, se lo dije, pero no se lo he dicho de forma honesta y directa. Justo ahora lo extraño, espero se me pase. Justo ahora estoy aterrada.

lunes, 21 de agosto de 2017

Frases

“Voy camino a una boda” tengo esa frase atorada en la cabeza. La imagino revoloteando, cambiando, transformando y contorsionando una serie de subsecuentes frases: podrían ser versos, podría ser el comienzo de un poema. Pero nada continua… “voy camino a una boda/es un largo trayecto…” “me toca estar sentada sola/no llevo ningún obsequio/varios días viajando a una boda” “¿te hubiera gustado que fuera mi boda?/¿cómo hubiera sido?/¿un vestido blanco? ¿una enorme catedral?/la promesa, la esperanza de algo más”
¿De qué se puede tratar? De la soledad que es viajar sola, de la soledad que se saborea dulce-amarga. Tiene algo de añoranza, algo de dolor incrustado, ese dolor que ya casi no se siente, pero respiras y ahí está. Que bien se siente tener la casa sola, repleta de ecos y posibilidades, de tirarse bajo las sabanas, sabiendo que nada pasará, que el tiempo pasa lento pero no pesa.

Voy camino a una boda/quisiera no llegar/quisiera no regresar”.