Acabo de terminar Alta fidelidad de Nick Hornby; si bien el comienzo me agradó mucho, noté un patrón demasiado insoportable. Me obligué a terminarlo esperanzada de que al final habría un giro que le diera sentido a lo que exponía ¿Qué onda con el final cursi?
No puedo sentir compasión por el protagonista, no es más que un niño/hombre quejumbroso y amargado que siempre le echa la culpa a sus novias por haberlo dejado por otro. Si bien muchos de sus monólogos interiores y la forma en que analizaba su vida me parecieron interesantes, siento que jamás aprendió su lección, vivió su bucle de inmadurez y al final es recompensado quedándose con la chica ¿En qué cabeza cabe ? ¿Cómo pudo aguantarlo de regreso? Si bien la reflexión final que tiene el sujeto, es que no puede seguir aburriéndose de las morras sólo porque ya no son nuevas, que ya tiene treinta y tantos, tiene que sentar cabeza. Al final vino a conformarse con "alguien que lo quiere de verdad".
Este libro no es malo, es entretenido y divertido, sin embargo, ahora que me estoy embarcando en mis años cínicos-woke debo decir que este tipo de lecturas ya no son para mí. Ese romanticismo exacerbado del típico softboy que se la pasa "queriendo más", la constante necesidad de recordad con nostalgia no sólo relaciones y personas pasadas también está la mirada tan lapidante hacia la música; se supone que trata del amor a ésta, pero es la clásica persona que juzga a todos por sus gustos musicales y jamás se atreve a escuchar algo nuevo que lo saque de su zona de confort, (¡y además que forma de tratar a las mujeres!).
¿Soy muy injusta juzgando un libro desde la actualidad? Es justo por eso que abogo a este nuevo cinismo literario. Le exigí un poquito más a este libro y logró decepcionarme; al final mis pretensiones de puro y llano entretenimiento fueron superadas por la incomodidad de la situación. Mi experiencia lectora quedó arruinada por la persona que soy ahora, y es que le suplico a la gente que se aleje de hombres como Rob Fleming, yo misma me enredé con alguien parecido. ¿Mi experiencia de vida ha condicionando mi lectura? Definitivamente, es el gusto de no tener que hacer un estudio literario profundo ¿Le daremos una vuelta en el futuro? No. Si terminara regresando y revalorándolo significa que he caído en viejas costumbres que ahora trato de evitar, es una respuesta que no necesito.
En cambio hubo otros libros de música que si que me cautivaron y me dieron esperanza en eso de tocar en una banda. La edición de anagrama está preciosa y se ve bien junto a otros libros de música.
5 de
enero del 2019, sábado. No estoy esperando a los reyes magos, sino a él que
dijo que llamaría. Mientras me convenzo de que no llamará pongo un disco y leo
un libro. El disco: Bloom de Beach
House. No me lo esperaba, suena brillante, dulce y claro; es una experiencia
preciosa escucharlo help me to name it[1],cada que lo escuche recordaré este momento, encontré una canción para todo
el 2018. No he cenado pero sigo esperando.
El
libro: Los Desesperados de Joselo
Rangel. Tampoco lo esperaba. No soy fan de su música pero he disfrutado su
literatura. Es una historia de amor, rock y el fin del mundo, como debe de ser.
Lo acompaña una playlist pero sigo con un solo disco. Me he reído mucho con
este libro; tiene razón, tu instrumento te define ¿en verdad? Todos los
bajistas son raros, conozco varios, otros no. Creo que los bajistas son cool en general, llaman la atención porque no
sobresalen, pero una vez que escuchas el bajo no puedes dejar de escucharlo. Yo
entendía que uno escoge la guitarra como acto de ir a la tienda a comprarla,
pero es el bajo el que te escoge a ti.
No
publiqué una breve reflexión musical en Facebook, pero lancé una pregunta al
aire ¿No se cansan de los tributos? Hubo quien respondió sin responder, unos
cuantos me gusta, pero así, como abierta es la pregunta dos respondieron: no.
No me molesta que la gente toque sus canciones favoritas y cobre por ello, si es
en verdad el caso, pero en general me preocupa que lo que el público quiera
escuchar es lo mismo de siempre. Aparecen bandas como Greta Von Fleet, que
suena vieja, literalmente, una copia más de Led Zeppelin. Ahí están los discos,
no tienen que ir a un tributo, a un bar a escuchar una banda de covers. La
experiencia de quedarse quieto un rato y escuchar un disco, verdaderamente
escucharlo es mucho mejor. Pero la gente paga por spotify, pone una lista en
youtube y se creen escuchas de una banda, ya no se tiene el esfuerzo de
levantarse a cambiar el lado del disco. Me di cuenta: la música no debe ser
infinita, parte de su esencia es comienza y termina, hay un silencio ahí, dónde
uno puede detenerse a escuchar de verdad.
Ayer
viernes, mientras esperábamos por el grupo de covers de mi hermano, en la
pantalla se veían videos de Los Enanitos Verdes viejitos tocando las canciones
que todos conocen, unos tales Matute tocando covers ochenteros mientras se visten
como reggetoneros, Los Hombres G tocando canciones de chavitos viéndose como
los papás rabo verde de alguna compañerita de primaria. Pueden parecer duras
mis sentencias, pero mi incomodidad fue esa ¿es lo que la gente viene a
escuchar? Me reclamaron en Facebook porque yo misma tocaba covers. No, ya no me
hacia feliz. Creía que mi banda merecia más, exigirse más; pero tocamos mucho
muy rápido, no dejó espacio para sopesar qué estábamos haciendo y qué
queríamos. Me frustré. No me gustaba esa actitud paternalista de todos a
nuestro alrededor consintiéndonos más de lo justo. Cuando estoy triste veo el
documental de las Ultrasónicas Todos
están muriendo aquí ¿es que he idealizado el fracaso? Tal vez fracaso es
una palabra fuerte. Todo fue más complejo para otras mujeres en la música, les
tomó mucho ser tomadas en serio ¿y quién dice que a nosotras nos tomaban en
serio? Parecía más bien una cosa rara que todos querían mirar y presumir, como
una tierna mascota a la que todos quieren acariciar. Más frustración. Tres de
la mañana. Ya vete a dormir.
"Women
aren’t interested in music. Women don’t make music. Women don’t buy music…”[1]
Los amplificadores se
callaron. Los murmullos del publico llenan el espacio con un ruido sordo y
amorfo. Llegó el momento de que otra agrupación suba al escenario, cinco chicas
armadas con nada más que sus instrumentos, se enredan entre cables, toman
posiciones, suben volúmenes, hay unos pocos golpes a la batería. De entre las
voces fusionadas del público, se distingue una que grita arrogante: “¡mucha
ropa!”.
Esa
ha sido la única falta de respeto que hemos experimentado. Nos unimos
nerviosas, imaginando toda clase de improperios por el hecho de ser mujeres,
por el hecho de atrevernos a tocar rock; meternos a cuevas repletas de
violencia y testosterona, exponiéndonos al escrutinio de los hombres que creen
que tienen el derecho de gritar lo que les de la gana, convertirnos en objetos
para su entretenimiento, nuestro lugar está entre sus piernas y no en un
escenario. Sin embargo nos encontramos con una situación muy diferente, el
público siempre nos ha tratado con respeto, siempre recibimos apoyo y una
agradable energía. Levantamos la cabeza, pues nos hemos atrevido a pararnos
frente a todos y hacernos sonar.
Desde
el primer momento, la banda recibió numerosas invitaciones y oportunidad para
presentarnos en distintos foros. Ganamos un poco de reconocimiento y
actualmente somos de las pocas banda de chicas activas en el estado. Parecía
que algunos habían encontrado una mascota que presumir frente a todos, la
novedad extraña que estuvo de moda ¿no es una forma también de represión? No
hay nada de malo con todo esto, siempre y cuando se pueda capitalizar en verdaderas
oportunidades, se pueda sacar provecho a toda esa visibilidad, porque contrario
a lo que la experiencia nos ha enseñado, la visibilidad es el principal
problema de las mujeres en el rock.
No
hay una forma correcta de nombrarlo ¿rock femenino? ¿rock de mujeres? Como si
hubiera una distinción entre lo que una banda convencional, formada por hombres
y una formada por mujeres es capaz de hacer. Es sólo música, no importa el
sexo. Nunca se sintió diferente, desde el principio no éramos más que cinco
personas reunidas para tocar canciones que les gustaban, no hay un esfera aparte,
ni un umbral indescifrable simplemente un gusto por la música.
No
son pocas las mujeres que han deseado dejar su mensaje, de hacerse escuchar;
liberar todas sus opiniones, frustraciones y experiencias con ayuda de
distorsiones y un volumen alto; sin embargo han tenido poca oportunidad de
darse a conocer puesto que la industria nunca se ha visto capaz de tomarlas en
serio. Mucho de esto se debe a la creencia de que el carácter masculino del
género musical es lo que le da identidad.
La
relación de las mujeres y el rock n’roll es complicada. Se trata de un medio
sexista dominado por hombres en que las mujeres no son más que objetos que se
desechan e intercambian fácilmente, y sin embargo son una presencia constante;
donde haya una banda, allí habrá una chica, tal vez más. Las groupies no nacieron
siendo las que se acuestan con los músicos, comenzaron queriendo estar ahí por
y para la música, buscar y entregarse completamente a una agrupación, y amar
tanto una pieza musical que vivían su vida en ello.
Nos
han inculcado que nosotras no nos paramos frente a una multitud a gritar
nuestras inquietudes, a expresar nuestras posturas. Pero ¿quién dice que las
mujeres no lo hacen? Van por el mundo expresando sus ideas, relegadas en los
espacios donde los hombres quieren verlas; y los hombres no las quieren ver en
bandas de Rock, no las quieren tomar en serio como músicos ni como interpretes,
sin embargo hay una lista (no tan larga como debería) de mujeres que se
impusieron ante ese pensamiento, que a pesar de lo adverso se pararon frente a
una multitud a gritar: ¡jódanse! Y vale la pena admirar a cada una de ellas, y
desear compartir con ellas ese valor, de tomar una guitarra o lo que les de la
gana, una pluma, un megáfono y decir lo que se tenga que decir. Ahora tenemos
la oportunidad de que nos tomen en serio, y por eso debemos aprovechar cada
espacio para hacer todo el ruido posible. Nosotras que nos atrevimos a tomar un
instrumento, a subirle al volumen, a buscar a otras como nosotras y hacer ese
dulce Rock n’ Roll.
La música, la verdadera música no sólo el Rock & Roll, te escoge.
Vive en tu auto, o vive sola, en audífonos con los vastos puentes escénicos y
coros angelicales en tu cerebro…
-Casi Famosos
El
arte se impone por una fuerza superior incomprendida, los mortales no lo
nombran. Nadie dice que está bien escuchar y que no, se convierte en una
convención. Aun así, hay personajes de
dudosa procedencia reclamando que ya no se debe escuchar a las bandas clásicas
del rock, que ya se ha hablado mucho al respecto y se ignoran las nuevas
propuestas, pero no es necesario sacrificar una opción por otra, se puede
aprender tanto del pasado como del presente; la universalidad radica en que le
dice algo válido y real tanto en su momento como todos estos años después.
No
podemos reclamarle la trayectoria o longevidad a la música. Dos álbumes son más
que suficientes para ganarse la inmortalidad si el trabajo lo merece, lo que
otros no pueden lograr en sesenta años; sin embargo actualmente los músicos
despilfarran sus ahorros y derrochan su habilidad tratando de ganar el tan
ansiado reconocimiento, porque se lo merecen, porque pasaron años estudiando o “matándose
de hambre” creando vigorosamente por obtener esos castillos que otros músicos
no tan sobresalientes sí tienen, aun así su arte no perdura ¿por qué esas
canciones tan simples inundan el gusto de la gente? ¿es que la gente no
entiende? Lo que pasa es que el público no lo entiende en cuestiones
matemáticas y cerebrales, sino viscerales y empáticas, en lo más insondable de
su ser y se funde con ello, es por eso que las grandes canciones de la música
popular son tan simples en su estructura, porque son fondo y no forma, hablan
de tristeza, dolor, indignación o de un hombre con una botella de whiskey
abandonado por su chica, tan simple y universal que nos hace cantar con ellos.
Viene desde las entrañas y le grita en su cara a quién no soporte o entienda su
dolor. No le reclames a la música si tú no estuviste dispuesto a venderle tu
alma.
Yo
no impongo el arte pero sí decido que escuchar, aunque haya sido la música la
que me eligió a mí, soy yo quien encumbra sobre las demás y es ese el orden de
importancia el que yo impongo –no frente al mundo sino frente a mí misma– y
escribo al respecto. Fue así que un terrible conflicto causo en mi hermano –un
asiduo melómano, entusiasta indiscutible del rock– escuchar mi decisión de
nombrar a Fun House (The Stooges,
1970) el mejor álbum de los setenta siendo que en esa década se editaron varios
de los mejores discos del rock. Fue en esos años que se maduró el género
propiamente y dio nacimiento a una línea de influencias y subgéneros que siguen
directamente hasta la actualidad. Tenemos una década con un Who’s Next?, un Led Zeppelin IV, un Dark Side
of the Moon, un A Night at The Opera,
un Black Sabbath y la lista continua
¿Cómo un álbum editado en 1970, por una banda que todo el mundo parece olvidar
puede ser el mejor de aquella excelente década?
Homero
Simpson lo dijo primero: “El Rock alcanzó la perfección en el ’74, es un hecho
científico”; sin embargo él estuvo ahí, fue sencillo para él afirmar que
aquella música, aquellas bandas fueran las definitivas. Respiró de esas olas de
genialidad apenas distorsionadas por la naciente industria masiva o el video
musical. Escuchar música entonces era un ritual: ir a la tienda de discos,
buscar desesperadamente por aquello de lo que sólo habías escuchado rumores,
escuchar un disco una y otra vez hasta que se moldeara con tu cuerpo, hasta que
fuera tan natural tenerlo presente en los pensamientos, hasta que se uniera a
ellos. Alguien de mi edad no puede entenderlo completamente. Yo lo vi primero
en Casi Famosos, una historia de
viajes y música, un sueño inalcanzable para tantos. El papel del crítico de
rock era importante en aquella época, establecía los patrones de impresión, si
escribieron sobre una banda, un álbum, es más fácil de conseguir, y principalmente es saber de su existencia.
Eso ya no pasa, las publicaciones de rock están prácticamente extintas, el
lugar del crítico ha sido usurpado por cualquiera en Facebook, con un espacio
en la red; sin embargo aún hay voces que vale la pena escuchar, sólo es cuestión
es escavar profundamente.
Es
muy fácil paralos jóvenes reclamar que
se siga hablando de las mismas bandas de hace cuarenta años, que se sigan
escuchando las mismas canciones, somos esa generación harta de las escalera al
cielo que Led Zeppelin prometió; es muy cómodo para algunos utilizar palabras
como ‘sobrevalorado’ con tanta ligereza, sin embargo, en verdad nosotros no
estuvimos ahí, no pasamos por esas experiencias, no fuimos rescatados de
rincones oscuros por una canción. Esta generación no es capaz de comprender
completamente, lo que la música significa para el alma. Claro que aún hay
quienes sienten esa empatía por la música, aunque no hayan pasado atropellos
para descubrirla; personas que a pesar de juventud todavía afirman que una
canción puede salvar una vida y que una gran banda puede salvar al mundo.
Estoy
siendo prejuiciosa, pero no me he salvado de esas opiniones cuando la gente se
autoproclama fan de tal o cual personaje porque vino a este país o porque murió
recientemente, desearía ver honestidad (seguramente debe haberla) en el amor
que profesan, pero ya no me quedo lo suficiente para averiguarlo. Compartir una
canción, elegir una portada de Facebook no es tan poderoso como escuchar a tu
hermana hablar de la misma banda por tres semanas –al menos esa es la reflexión
a la que espero llega mi hermano–. Pero no hay nada más poderoso, más
significativo que el descubrir música nueva, aunque lleve más de cuarenta años
existiendo, es un golpe de realidad hermoso por sí mismo, porque el mundo se ve
diferente, de eso se trata el arte. Una pieza tan maravillosa que cambia a la
persona que la enfrenta, esto puede hacerlo cualquier producto cultural, si se
le permite.
La
belleza de Fun House está en su
simplicidad, en su crudeza. No hay nada que se escuche así. No hay nada que te
engulla como lo hace este álbum. Ese ritmo desvergonzado, tan agresivo, tan
sexual, tan Rock & Roll, te escupe toda su repugnante belleza. Cambió el
sonido, cambió perspectivas, permitió que tantos otros tomaran una guitarra y
gritaran sus propias consignas, porque se puede, se puede ser honesto y brutal,
y cuasi poético al mismo tiempo. Una de esas creaciones que inspiró a todo
aquel que lo escucho, aunque haya sido un grupo reducido, nació una nueva oportunidad
en cada uno.
Escuchar
Fun House de principio a fin y
dejarte fundir en aquellas líneas de bajo y los agresivos aullidos de la voz es
una experiencia nueva; tan nueva porque no hallas esa fuerza en la música
actual, que el algún punto se volvió tan complaciente, tan sosegada; algunas
veces encuentra energía y aprendizaje pero este puede diluirse por la
sobreexposición de alternativas, hay tanto con que callar tal o cual canción.
Sin embargo Fun House te obliga a
escuchar hasta el final, te atranca al sonido y no te suelta. Pretende que
vuelvas a entender el Rock & Roll como lo que siempre debió ser, nada
complaciente.
¿Por
qué no puede ser Fun House el mejor
álbum de aquella década? Es cierto que se hicieron tantas cosas, tan perfectas
como lo exigía la época, tan brillantes como debía crearse con ese rebosante
talento, pero si mi afirmación aleja un poco a los oídos acostumbrados de
aquellas ideas preconcebidas y permite enfrentarse a una nueva definición de lo
que etiquetan como Rock, de lo que llaman las mejores bandas de la historia; si
esos oídos están lo suficientemente dispuestos a escuchar de verdad, a
resignificar lo que lleva años en sus audífonos entonces vale la pena decir que
Fun House es el mejor álbum de la
mejor banda que existe, porque si es así para quien escucha entonces es verdad.
Ayer me sentía muy triste. Me senté a llorar
comiendo pasta mientras veía Antes de la
Medianoche, nada parecía ser lo suficiente, es uno de esos momentos en que
estas sola y todo se siente extrañamente pesado. Recién había terminado de leer
el libro y todo se volvió gloomy las
canciones con la que acompañaba la lectura me empujaban hacía ese profundo
abismo de soledad. Por supuesto que exagero la descripción, pero en verdad tuve
un pequeño empujón a la depresión. Quería seguir en ese mundo de fiestas, excesos
y rock and roll, quería volver a las anécdotas de pretensión artística en la música
urbana popular. Me sentía como si me hubieran abandonado en la estación de autobuses
y los hubiera visto marcharse sin mí.
Playlist:
The Stooges - T.V. Eye
New York Dolls - Personality Crisis
Iggy Pop - The Passenger The Velvet Underground - I’m waiting for the men
Parte del disco Sueño Stereo, último de la legendaria agrupación argentina Soda Stereo, Zoom tiene es hipnotismo, ese cadencioso ritmo que provoca toda clase de sensaciones y pensamientos, pero de ese disco no es la única, Disco Eterno desde las cuerdas de Gustavo Cerati puede poner en extrañas situaciones a cualquiera.
La connotación sexual en la música, y especialmente las letras de Soda Stereo siempre ha quedado clara para quien se tome un momento en pensarlo. Desde sus inicios con el doble sentido de Un Misil en mi Placard, las referencias orgásmicas -dicen- en Cuando Pase el Temblor, hasta la sugestiva Canción Animal.
Dicho con ese tono y con esa guitarra todo puede sonar sucio. Pero es su versatilidad lo que convirtió a Soda Stereo en una de mis bandas favoritas, lo demás lo descubrí después.
Para hablar de lo "extraño" en el cuento de Amparo Dávila primero tuve que investigar qué es la música concreta. En su conjunto es una perturbadora forma de arte que toma la estructura conocida de la música formal; toma sonidos concretos para formar esto:
Les recomiendo que escuchen mientras leen el cuento, o después, para que se den a la idea del temor de Marcela.
Sé que esperan una respuesta profunda y filosófica, cuando preguntan ¿Por qué el bajo? Pero no se las puedo dar... va más allá de mi entendimiento, tampoco es que solamente pasara. Yo crecí entre instrumentos, crecí entre ,músicos y música; es casi natural para mi. Mi casa esta redada por melodías a cierta hora del día y de cierta forma, por qué no habría de ser tan natural.
¿Sí no hubiera elegido el instrumento por gusto y convicción? Lo cargaría por tantos lugares y tanto tiempo... es sacrificio eso lo entiendo, pero es más mi gusto que la intención de dejarlo todo por la música, por qué sé que la música no me dejará a mi...
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