Me
has llamado de regreso al barrio que abandonan los personajes oscuros cuando
sale el sol. Recuerdo todo eso porque lo anoté en mi cuaderno de viaje bajo el
nombre que te di cuando te conocí. Lo que me gusta de atar todos esos nombres y
lugares es que puedo volver a inventarme la escena una y otra vez, siempre
termino recordando cosas que no pasaron por retocar lo eventos y así mejorarlos
un poco. En el tiempo que hemos pasado recorriéndonos mutuamente he aprendido a
darte un espacio que no me pides cada vez que manejas desesperadamente
esperando encontrar el correcto camino de regreso a la casa que ya no llamas
hogar, pero que simplemente te recuerda momento más simples, yo también me he
sentido así. Que dulce es tu sabor por la mañana, te escribo en una nota
pequeña en el desayuno, lo hago porque en veinte años ya no seremos nada pero
amaré recordar que amaba tu sabor por la mañana. Sólo te permito hacer tres
preguntas al día, y yo sólo puedo hacer tres preguntas al día, después de eso
podemos volver a saborearnos como al principio para no decir nada más. No eres
un edulcorante, puedes parecérmelo pero sólo es la impresión que me deja tu
presencia por esta fascinación que tengo. Después seremos amargos bajo las
sábanas y finalmente nos llevaremos mucho mejor.
lunes, 24 de octubre de 2016
Crisis de identidad II
Ayer me sentía muy triste. Me senté a llorar
comiendo pasta mientras veía Antes de la
Medianoche, nada parecía ser lo suficiente, es uno de esos momentos en que
estas sola y todo se siente extrañamente pesado. Recién había terminado de leer
el libro y todo se volvió gloomy las
canciones con la que acompañaba la lectura me empujaban hacía ese profundo
abismo de soledad. Por supuesto que exagero la descripción, pero en verdad tuve
un pequeño empujón a la depresión. Quería seguir en ese mundo de fiestas, excesos
y rock and roll, quería volver a las anécdotas de pretensión artística en la música
urbana popular. Me sentía como si me hubieran abandonado en la estación de autobuses
y los hubiera visto marcharse sin mí.
Playlist:
The Stooges - T.V. Eye
New York Dolls - Personality Crisis
Iggy Pop - The Passenger
The Velvet Underground - I’m waiting for the men
The Velvet Underground - I’m waiting for the men
viernes, 21 de octubre de 2016
1:44
Pequeñas puertas me han dejado agotada
porque me serví de aquella mesa que decía:
pase por favor (y le creí).
A la entrada, el vino sabe a decepción,
nos invitaron y bebimos de él.
Hay personajes que están hambrientos de vida,
van y se ofrecen porque desesperadamente
desean arrancarse la piel,
atarse al cuero de los desconocidos,
y revolcarse por el cielo que fue mentira.
Adentro hubo quienes vomitaron,
adoraban unirse a los desechos.
Imagino que nos encontramos,
tendría a quién preguntar:
¿Puedo cagarme en tu boca?
La mejor promesa que el futuro puede hacer.
porque me serví de aquella mesa que decía:
pase por favor (y le creí).
A la entrada, el vino sabe a decepción,
nos invitaron y bebimos de él.
Hay personajes que están hambrientos de vida,
van y se ofrecen porque desesperadamente
desean arrancarse la piel,
atarse al cuero de los desconocidos,
y revolcarse por el cielo que fue mentira.
Adentro hubo quienes vomitaron,
adoraban unirse a los desechos.
Imagino que nos encontramos,
tendría a quién preguntar:
¿Puedo cagarme en tu boca?
La mejor promesa que el futuro puede hacer.
sábado, 17 de septiembre de 2016
TREINTA Y NUEVE
NO HAY NADA A QUÉ
ATENERSE CUANDO SÉ QUE NOS HEMOS SEPARADO DESPUÉS DE DESHACERNOS MÚLTIPLES VECES. TANTO QUE NOS HEMOS REPETIDO, CREANDO UN SIN FIN DE NOTAS SUICIDAS
ATADAS A LOS ÁRBOLES DE NITRATO DE PLATA: ESA COSA QUE EXPLOTA CUANDO LA MIRAS
COMO ME MIRAS A MÍ; SON LOS PLACERES QUE SE DESTROZAN EN MEDIO DE LA NADA CON
LOS ECOS DE MI CONCIENCIA EN LÁTIGOS AZULES Y AMARILLOS.
lunes, 29 de agosto de 2016
El agotamiento
Estoy al borde de las
escaleras pensando: “Soy una asesina y voy a ir al infierno”. Todo lo demás
parece irrelevante. Puedo encontrar una mirada hueca en esta pantalla negra,
sin lágrimas ni arrepentimiento. No me llamo a mí misma descuidada, más bien
desesperada, por saber de qué se trata en realidad. Una promesa para el futuro.
Realmente no lo comprendo
¿por qué se atan las personas a procrear? ¿cuál es la mística en eso? Es un
juego divino, un engaño vacío. La especie está preservada, no le hace falta un nuevo
ser para salvar al mundo; así como el resto de la gente juega con ello, la idea
de poder y responsabilidad sobre la existencia de alguien más ¿quién les da el
derecho?
Yo no pedí nacer, pero en
su arrogancia decidieron que querían una vida a su cargo, la alimentaron, la
cuidaron, pero cuando se volvió independiente no lo toleraron. No soportaron la
idea de que tomará mis propias decisiones sobre aquello que eligieron darme,
que creían de su propiedad. Tomé una decisión sobre mi vida, decidí que no quiero
darla, ni compartirla; sin embargo, me llamaron asesina y me condenaron al
infierno. Bajo sus condiciones y sus juicios he matado, cruelmente como quien arranca
un flor, sin conciencia, sin malicia y sin perdón. No van a ganar nada de mi
sacrificio, no puedo vivir bajo esa arrogancia, no hay un alma que vaya a
salvar esta noche.
“¿Y qué derecho tienes tú?”,
Me dice una voz detrás de la nuca. No tengo nada, estoy condenada.. No sé quién
soy, eso lo tengo claro. He sacrificado mi alma y no me reconozco en este
espejo. No me reconozco en estas manos, no las siento como mías, son una
ilusión, un invento de este sueño que no comprendo, del que nunca fui parte. Desde
que aprendí mi propio nombre lo siento como el de una extraña.
Me he arrastrado por
consultorios médicos, he recorrido las paredes manchadas de la ciudad y me encuentro
agotada en estas escaleras fingiendo que lo comprendo, porque tengo la
impresión de que todo sucede al mismo tiempo, me desmorono y me vuelvo a armar
con cada respiración; pero no soy más que una compilación de pretensiones, el
invento de una madre, la extensión de un nombre sin significado, un cuerpo sin
substancia. Yo no soy en realidad. No puedo dar vida yo misma, no puedo
intentar siquiera compartirla. Deseo dejar de existir, sin tristeza ni pena,
como si nunca hubiera estado aquí, porque este mundo no es real, cuando me vaya
se irá conmigo y no quedará recuerdo. Estas no son las palabras de un alma
arrepentida. Lo único que me queda es saber que no soy una asesina y no iré al
infierno.
domingo, 3 de julio de 2016
El verbo
Hay algo bello en los verbos, algo
hermoso en la acción, en lo que se mueve. Es fácil de entender, el arte está
hecho de dinámicas, no hay belleza en lo inmóvil, hasta las grandes y perfectas
esculturas dan la impresión de movimiento; las más grandes piezas
arquitectónicas están hechas a partir de la acción. No hay belleza más grande
que en el hacer. Aunque sea el movimiento de las vísceras y las contracciones
de los músculos, hay belleza. La maldición de la maquina es la artificialidad,
la maldición del hombre es no poder reproducir la belleza de la naturaleza en
movimiento, vive atado de sus impotencias, vive imitando eso está claro. La
maldición del ser humano consiste en ser siempre un producto a medias, pues su
albedrío lo empuja a crear, pero su creación es siempre imperfecta, una simple
emulación de la dinámica del universo, del orden mismo de la existencia. Son
esa clase de cuestiones las que nos empujan a la locura. La locura no es un
verbo es un sustantivo, posee un sustancia abstracta atada a una idea, un
referente en la realidad que nos permite a nosotros crear esa palabra, dotarla
de un significado y nos permite su uso. No es que los sustantivos no sean
bellos, su dinámica no está clara, los pensamientos abstractos son difíciles de
asir, están motivados siempre por las ideas y conviven en un mundo diferente al
nuestro. Las maravillas del lenguaje de los grandes poetas del mundo, el
dinamismo del lenguaje vive en la poesía, sólo la sintaxis de la poesía puede
unir la belleza del verbo, el movimiento con lo abstracto del sustantivo, crea
con las palabras imágenes y con las imágenes epifanías, nos explica el mundo.
La poesía es la manifestación del alma, esa necesidad apabullante que explota
en forma de verso, esa necesidad del alma de emerger fuera del cuerpo, como en
un beso perfecto, apasionado, destructor. La pasión es destrucción, la
revelación de la verdad es destructora, es sublime, casi horrorosa; la poesía
crea pero también destruye, desbarata, desvanece, mata en verdades; nos revela
más de lo que podemos soportar. Sólo la poesía que destruye es verdadera, todo
lo demás es imitación inevitable. Como la música que hacen los planetas al
moverse en el espacio, es verdaderamente incomprensible. Hay un vacío constante
en nuestra existencia, ese vacío es lo que nos mantiene con vida, nos obliga a
respirar a buscarnos a tientas entre nosotros temerosos a la muerte y al dolor.
La duda nos permite estar vivos, el fracaso nos permite movilizarnos. La vida
es bella, pues es movimiento, la vida es verbo, palabra, verso, poesía, es una
luz cegadora que nos lleva a la nada, a la inclemencia de lo sublime,
aterrador, inefable. No hay nada más hermoso que la muerte a la que estamos
condenados.
martes, 28 de junio de 2016
Así se siente la vida
Culpo a quién creo
al hombre. Yo lo digo: Con el tiempo, mis palabras se tornaron en ladrillos,
porque aprisionaron mi garganta en un grito ahogado de dolor y vergüenza.
Cuando te alcancé en el borde de mi conciencia, ya estaba rota, golpeada por
pedradas de alcohol y drogas, mis rodillas laceradas ardían, mis pulmones exhalaban humo de los hombres que escribieron notas de violencia en la
primavera. Yo escribo en la envoltura de un chicle, escribo con un corte en mi
dedo, abierta de sangre extraña y olvidada (estoy en busca de tierra para
macerarla) sólo tengo unos cuantos litros y me gusta gastarlos cada mes para
acordarme que no quiero ser madre. No tengo ni notas de voz para mandarte, ni
noches de aullidos como los de aquellos que conocimos en calles oscuras y
vacías cuando los perros nos seguían ¿te acuerdas? Nos gustaba el mismo camino
de regreso a casa y vagábamos en busca de hombres que nos amarraran a una cama.
Yo le tenía miedo a la compañía, me arrimaba a las esquinas para esconderme de
la sombra de los hombres sobrios que hablaban de penas y miserias, mientras
escupían al piso los sueños e ilusiones de una generación perdida en programas
de televisión y canciones de un gran dinosaurio morado y verde. Escribían para
nosotros una biblia de muchedumbres y artículos plateados que escondíamos bajo
la almohada que nos regalaron en diciembre. Eternos llamados a las armas del
hastío, que exigía la vida de nuestro mejores juguetes. Desvestíamos muñecas
para saber cómo funcionaba el amor, lo entendimos hasta que los libros de texto
nos lo explicaron. Así se siente la vida, dijimos cuando respiramos la tierra
roja del patio de atrás, cuando nos poníamos de rodillas para darnos besos en
una acabada camioneta, nos arrastrábamos y bebíamos las luces de la noche con
refresco de toronja. Me moría por contarle al mundo, que yo también estuve ahí,
donde caminaron los astronautas, aquel día que repartían pastillas entre las
sábanas. Me caí siete veces y doble mis tobillos en tierras extranjeras porque
a los perros los llama el suelo y cuando yo camino no soy nada. Pienso pero no
porque sepa cómo hacerlo así como muevo los dedos entre teclas y no lo
entiendo. No sé vivir del miedo como aquellos que gritan, no sé ni recordar las
clases de lingüística por la mañana. Se acabaron mis planes, y pienso en el
suicidio por siete días a la semana. Sería mejor si me fuera, sería mejor si
mañana nadie me extrañara, porque los odio a todos: cuando saltan de alegría,
cuando besan sus cuerpos, cuando se cuelgan y el internet de va de mi casa a
las cuatro de la mañana. Así pasa. Odio cuando él dice hola. Odio cuando el
otro despierta y yo no le he dado una mamada. Odio cuando se mueve entre la
cuidad y no hay nadie que le diga que se quede en la cama. Odio cuando me llama
y yo lo oigo. Odio verlo repleto de sueños. Odio saber que vive. Me caigo mal
por odiarlo, me caigo mal por buscarlo. Me he cansado, he escrito y no he dicho
nada, temo decir que soy honesta, porque miento, miento cuando miento y miento
ahora que miento. Así se siente la vida con el vino en vasos blancos que
robábamos de la oficina, cuando nos sentábamos por horas en las escaleras para
hablar de los planes de los mayores y nos burlábamos de las ropas de los más
jóvenes. No tenemos nada más que decir, tenemos más de veinte años. Nada nos
pertenece, somos demasiado sabios para nosotros y demasiado ignorantes para el
mundo. Nos cansamos de escupirle al infinito nuestras opiniones. Pasamos
despiertos más de veinte horas y dormimos por seis días ¿qué sigue? Me regaña
mi reflejo: soy mi mayor error, mi tiempo inventado. He nacido en el siglo
equivocado. He nacido. Y me duele ser nacida, me duele ser vivida, me duele ser
hablada por los otros. Si fuera palabra sería preposición, él sería verbo y
ella el espacio en blanco que le permite ser palabra a una y otra. Éramos
ingratos con nuestro héroes de la infancia, los obligamos a marcharse cuando
supimos qué se escondía bajo el pantalón de los hombres y cómo encajaba con las
faldas que cortábamos cada vez más. Éramos ingratos con los triciclos que
dejamos olvidados en la calle, éramos ingratos con los autos que los
aplastaron, porque dolía crecer pero no lo sentíamos, descargábamos nuestra
pena en portazos y machacábamos nuestros ojos con las pieles desnudas que
veíamos a escondidas. Nos rascábamos con las uñas pintadas de negro y la
desesperación que se acumula en las muñecas cuando con furia nos masturbábamos
entre nosotros, todos juntos nos enseñábamos nuestro sexo porque no éramos
valientes para buscarlo, lo ofrecíamos. Ahora quisiéramos vendernos todos,
porque es mejor tener poco que no tener nada. Así se siente la vida cuando me
corto el cabello, cuando me muerdo la uñas, cuando me como los pellejos que se me separan los dedos, cuando me chupo la sangre, cuando me toco y no me comes y no
me la como. Así se siente la vida cuando es más de la una y no me callo, tengo
la necesidad y me pregunto ¿quién vino a crearme? ¿quién vino a decirme tú eres
tú y no ella? Así como sé que soy niña y nadie me dijo ¿y si quiero gritar que
soy lo que no me dijeron? Te juro que duele, cada palabra duele. Quiero ser
aire, no existir, no ser sentida, no ser vivida, no ser nacida.
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